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martes, 1 de octubre de 2013

Volcada en la búsqueda de empleo

Después de ver que este mes no sólo he tenido que hacer frente a los gastos del mes, sino a los atrasos desde que me fui (¡qué listo!), guarderías, suministros varios y otros gastos me doy cuenta que mis previsiones me empujan al acantilado económico.

Entre todo lo que tengo que hacer, entre toda la tediosa burocracia en la que me veo envuelta, entre cuidar de mis hijos, de la casa, de mí, tengo que hacer horas extras para mandar currículums con carta personalizada dazu como se estila en estas tierras, ir a empresas de trabajo temporal, maquearme y ponerme crema antiojeras para compensar las 5 horas que con suerte, alcanzo al cabo del día.

Dicho sea de paso, viendo que era contraproducente para mi salud, he dejado el Redbull (¡notición!) y procuro mantenerme con un café con leche por las mañanas, en lugar de los dos o tres cafés que me venía tomando (a parte del redbull).

Hoy precisamente tengo una entrevista, espero que sea fructífera y además comprando el pan he visto que buscaban gente, así que doble trabajo hoy. Prepararme para la entrevista y darlo todo y preparar currículum y carta  de presentación para enviarla por correo a la franquicia que me suministra pan y cruasanes.

Esta mañana, en otra más de las administraciones a las que he acudido, me ha vencido el desánimo y he roto a llorar delante de la funcionaria que no daba crédito a lo que le contaba. Va a necesitar que le lleve una montaña de papeles para empezar a tramitar cualquier ayuda, así que he reservado la noche, cuando los niños se duerman, para tenerlo listo para esta semana.

En esos momentos he llegado a pensar "juro que te mataré", no lo toméis como nada literal, es una forma de decir que me pagará todo este desgaste, este dolor, este sufrimiento y lo que es peor, el sufrimiento que de forma directa o colateral les llega a mis pequeños.

Con la cabeza alta, con fuerza, con brío, con un aquí estoy yo, pongo a Dios por testigo :) que salgo de esta!

sábado, 21 de septiembre de 2013

Informe Semanal

Ya sabía que la semana iba a ser dura pero aún y cuando me preparo, sigue habiendo cosas que hacen que me vea superada. 

El lunes, se presenta el señor aporreando el timbre y mandando mensajes diciendo que sabe que estoy en casa y que le dé su router. No son pocos los que me decían dáselo y ya, pero es que resulta que ese día y con esas maneras me di cuenta de que no puedo someterme a sus "peticiones" sistemáticamente a cambio de la paz. El precio es demasiado alto y no va a hacer que su actitud cese, todo lo contrario. Sometiéndome a todo lo que pide sin rechistar por no discutir o exponer a mis hijos, alimento a la bestia y cada vez se siente con más fuerza para exigirme sin reparos.

Necesité ayuda, necesité que fueran a buscar a los niños a la guarde porque él estaba en la puerta esperando a que saliera, no para agredirme, pero sabiendo que tenía que salir, esperaba, imagino, presionarme hasta que le dejara entrar a por su maldito router. Que dicho sea de paso, ya que migraba su contrato a casa de su novia, al menos que me hubiese tratado con dignidad y no me corte los servicios con mala baba o si es así, acepta que vas a tener tu router cuando a mí me de la gana. A los tres días me lo volvió a pedir y se lo llevó. Fin de la historia (de ésta).

El martes llegaba una amiga a casa, se instala en la ciudad unos meses. Estuvimos para arriba y para abajo, y todo añadido a mi ritmo habitual. Lo sabía, lo predije pero no es nada que no haya hecho con gusto.

El miércoles me llamó una amiga porque una conocida tenía un puesto de trabajo disponible y conseguí una entrevista. Fue decepcionante aunque lo peor fue tener que rechazarla, ¡por Dios! con mi situación, rechazar una oferta de trabajo. La oferta consistía en 30 horas semanales, pagadas a unos 3,5€ la hora y 5€ la hora extra. Incluía trabajar sábados también y teniendo en cuenta que mi babysitter cobra 10€ la hora, por su trabajo durante los cuatro sábados del mes tendría que entregarle todo mi salario. No tenía sentido.

El viernes después de llamadas y mensajes conseguí una babysitter y después de mucho tiempo salí a divertirme y a reírme con un par de amigas, me vino tan bien, que hoy lo vamos a repetir. ¡Hay que aprovechar!

Hoy he tenido un encontronazo con una señora en el tranvía y la señora ha pagado todo el estrés que no siempre consigo canalizar de forma saludable. No es que no se lo mereciera, pero yo no me siento orgullosa de mi actuación. 

Ir en el tranvía con dos niños tan pequeños implica en ocasiones que griten, que se quieran poner de pie en el asiento o cosas por el estilo. Normalmente y pese, en ocasiones, a algunas miradas desaprobadoras, lo solemos conseguir sin percances, pero la señora de hoy ha entrado a matar. Me ha dicho que consideraba inaceptable que los niños pusiesen los pies en el asiento y dicho así, parece que yo miraba desde la otra punta del vagón como mis hijos saltaban descaradamente encima del asiento. No, yo estaba de pie, a su vera, pidiéndoles que se sentaran bien, que no pusiesen los pies encima del asiento, que no gritasen pero ella obviamente no me entendía. Dio igual, insistió y la miré con mala cara, a lo que de repente cogió y les habló directamente a mis hijos diciéndoles que eso los alemanes no lo hacen que eso sólo lo hacen los españoles. No fue que hiriera mi sentir patrio, ni tampoco fue su insistencia, imagino que debía ser una persona triste y con alto grado de frustración que no encontraba forma de canalizarlo si no era de esta manera. Lo que realmente hizo que empezara a echar fuego por la boca, que le pidiese que se bajase del tren si tenía problemas y que le dijera de todo en mi idioma materno, fue que se dirigiera a dos niños pequeños, que los intimidara, que utilizase esa forma de expresar su indignación. Me oyó en el tren y cuando bajamos le pegué una voz con algo que la dejaba en evidencia delante de toda la parada. 

Insisto, no me siento orgullosa, no lo volvería a hacer, fue todo fruto de mi nivel de estrés.

Y finalizada otra semana, me siento satisfecha pero aún no he cumplido el objetivo principal de encontrar un trabajo. Espero tener noticias esperanzadoras la semana que viene, mi tiempo se acaba.






domingo, 8 de septiembre de 2013

Momentazos de la semana

Esta semana ha sido de aúpa, entre casa, niños, llamadas, facturas impagadas y demás pensé que no salía. Pero aquí estoy dando fe de que no sólo he sobrevivido a mi primera semana en pleno mogollón si no que la acabo con una sonrisa en la boca y con el orgullo de sentir que le he echado un par al asunto.

En el ranking de la semana tenemos varios momentos de esos que he venido a llamar momentazos y que me alegra darme cuenta cuando pienso en ello, de lo que he sido capaz. ¡Y esto es sólo el comienzo!

Uno de esos momentazos fue cuando al llamar a la compañía de teléfono móvil éstos me dicen que qué factura quiero pagar si mi marido ha cancelado el contrato. Mi cara era un poema porque hacía dos semanas que me había dicho que iba a pagar la factura en breve y resulta que hacía un mes que había cancelado el contrato.

Seguimos, llamada a la empresa suministradora de electricidad. Hola, quería informarme sobre la situación de pago del suministro. Si, claro, le informamos que en tres semanas procederemos al corte del suministro. No tengo palabras para describirlo. Con dos niños en casa, me imaginaba encendiendo velas y representando una obra teatral casera de Pocoyo en aras de ofrecer a mis hijos la cantidad diaria recomendada de su estimado Pocoyo. Resulta que mi marido había enviado un escrito informando de que solicitaba la cancelación del contrato, nuevamente. No, no ha perdido el tiempo este verano, desde luego que no. Entre novia y bajas de suministros no le debe haber quedado tiempo para tomar el sol al muy gañán.

La natación del mayor. No es que lo anterior no tenga que ver con los niños directamente, es decir, tener línea de teléfono para poder hacer una llamada en caso de necesidad y sí, estoy pensando en la anécdota del poni, pues no me parece que no afecte a sus hijos porque podría estar exponiéndolos a un riesgo. Lo de la luz ya cae por si solo, pero que no pague la natación de su hijo y que la mujerina de la natación, al parecer, se haya pasado el verano llamándole y mandándole cartas avisando del impago, no tiene nombre. Nada, la llamé, le pedí disculpas, le pagué y no me quedó más remedio que explicarle que yo soy una de esas mujeres que le ha tocado pegar con un marido que se ha ido con otra y se comporta como un descerebrado y un irresponsable, lo entendió a la primera.

Momentazo fue ese también en el que me manda un mensaje a las seis de la tarde diciendo que va a venir a las ocho de la tarde a ver a los niños y a recoger su correo. Así, tal cual, ni si te va bien, ni si a los niños les irá bien, nada. A los niños he cogido la costumbre de acostarlos precisamente a las ocho, caiga quien caiga, es la hora de dormir y aunque los primeros días el mayor se hacía el remolón, ahora ya lo hace a la primera y sin problemas. Es obvio que, por un lado, no iba a dejar caer mis logros por su capricho de ver a los niños cuando les diese la gana y eso sin tener en cuenta que no son horas para venir a visitar a tus hijos. Y luego está el hecho de que yo en mi casa no le quiero. ¿Estamos a caso en situación de hacernos visitas?. Lo que debería hacer ni lo menciono porque lo ve un ciego pero es obvio que un idiota obnubilado con su nueva novia, no.

Y por último, momentazo aquél en el que en un momento de bullicio en el tranvía y después de subirme a un vagón lleno de punkis cantando y gritando cerveza en mano, se me escabulle el mayor y pierdo contacto visual. Después de cinco angustiosos segundo gritando su nombre y apartando gente con el pequeño en el carrito, intentando hacer callar a la marabunta sin resultado alguno, saco a la madre leona que llevo dentro, lanzo un rujido que se calla hasta el conductor. "Ejem, pueden por favor decirme si ven a un niño pequeño. Gracias" y apareció mi ricitos de oro de entre los punkis asombrados de ver a una señorita con semejante vozarrón. Tardaron tres segundos en volverse a poner a cantar pero ver sus miradas de asombro e incredulidad fueron un subidón de adrenalina.

Y con el subidón de adrenalina doy por concluidos los momentazos de la semana :)

lunes, 2 de septiembre de 2013

Primer día de batalla

Dejado atrás el fin de semana nos hemos puesto manos a la obra con la vuelta a la guardería y otros menesteres.

He puesto el despertador a las seis y media de la mañana en fase de prueba y hemos llegado a las nueve a la guardería, en rigor debería llegar sobre las ocho u ocho y media. Tomo nota y mañana pongo el despertador media hora antes. 

El mayor pese a resistirse un poco, muy poco, se ha ido con su profe para reencontrarse con sus amigos que le han hecho una fiestecita de bienvenida. Para el pequeño ha sido otra cosa, no quería irse de ninguna manera con su cuidadora y bueno, por lo que me han contado lo han dejado un rato con el mayor y ya se ha sentido más a gusto. Los he recogido antes de lo habitual y aunque el pequeño se le veía algo mosca conmigo por el abandono (¡mala marrrre!), me lo ha perdonado rápido y hemos celebrado nuestro reencuentro con unos poquitos de smarties.

Del padre no hemos sabido nada desde nuestra llegada hasta que ha dado señales de vida esta tarde diciendo que quería hablar con ellos por Skype, creo que no hace falta que recuerde lo que esto supone. El mayor me ha dicho que no quiere volver a hablar nunca más con su padre, supongo que, justificadamente, está molesto con su padre por toda esta pantomima que se gasta. Estando a cinco minutos de casa como está, querer hablar por Skype nos ha parecido a todos un chiste.

Por la tarde esto era la revolución y el pequeño después de otro cambio más se me resiste a hacer sus necesidades en el orinal. La experiencia me dice que con un poco de paciencia se volverá a estabilizar en cuanto recuperemos la rutina y cierta continuidad.

Por mi parte me he estado poniendo al día con el correo y contactando todos esos acreedores molestos por los impagos. Mi teléfono móvil cortado, el teléfono fijo de casa cortado y un largo etcétera. Las sorpresas amargas no se han hecho esperar, pero lo positivo de todo pese a las decepciones es sentir que estoy tomando el control y que a la vuelta de unos meses estará todo estabilizado y pagado. 

Sigo agotada físicamente pero me iré recuperando en cuanto todo vaya tomando forma, ahora hay que echar los restos para luego recoger los resultados. Me lo repito constantemente.

Como dice mi madre, "Hija la vida es corta y una, mientras tengas a esos niños a tu lado, tienes la suerte de tu parte". Me quedo con esto.

sábado, 31 de agosto de 2013

Nos volvemos a Alemania

Después de algunos meses en España debíamos volver a Alemania, sí, digo debíamos porque el padre me daba de plazo hasta el 31 de agosto para traer a sus hijos de vuelta. Tan absurdo como innecesario, pero bueno, eso mismo pienso yo ahora de él, que es absurdo e innecesario.

Mi hijo mayor que llevaba ya unos días con la mira puesta en su viaje en avión, era incapaz de dormirse la noche antes de la emoción. Sí, muy dulce pero cuando tienes que levantarte de madrugada para ir a coger un avión y enfrentarte sola a situaciones complicadas, se te ponen los pelos de punta cuando pasan las horas y no estás durmiendo.

El viaje, como le comentaba a un amigo que me preguntó, todo lo emocionante que se puede esperar cuando viajas sola con un bebé y un niño pequeño, o como me suelen decir en el mostrador de facturación, ¿Viaja usted con un Child y un Infant, correcto?. A lo que respondo, viajo con dos terremotos pero sí, llamémosles formalmente Child e Infant.

Sobrepeso

Esta palabra no suele significar nada bueno y si ya lleva una mal su propio sobrepeso imagínate cuando la que te lo dice es la DIOSA que está detrás del mostrador de facturación con cara de "oh, oh, alguien tiene un problema". El sobrepeso tampoco era para tanto pero reubiqué los tres kilos que sobraban y los coloqué en la maletita que mantenía oculta detrás del mostrador para que no me sentenciara a muerte al ver todo con lo que pretendíamos subir al avión, equipaje de mano JE JE JE. Todo finalizaba con relativo éxito, cuando de repente la moza de facturación le pregunta a mi hijo si esa maleta que está llena de pegatinas de Bob Esponja (no preguntéis) es suya, a lo que él responde, NO, la mía es ESTA y saca a la luz la maletita de equipaje de mano.

En ese momento casi prefería volver a casa y esperar a que la Polizei viniera, me pusiera los grilletes y me llevaran ante el juez por no haber sido capaz de llevar a los niños a Alemania en la fecha acordada. Teniendo en cuenta lo anterior, esperaba que tuviese piedad, ¿quién no teme al personal de facturación?. Estoy segura que el juez hubiera empatizado conmigo nada más decírselo mientras me hubiera explicado algunas de sus experiencias... Seguro.

Control de seguridad

Control de seguridad o cómo ponerte patas arriba todos los trastos que llevas a cuestas para luego tener que volverlos a organizar de nuevo. Eso si no te toca desvestirte, quitarte los zapatos y correr detrás del niño sin zapatos o cosas por el estilo. Fue todo bien, excepto por los cinco kilos de piedrecitas de playa (ejem) que hemos ido recolectando de todas las playas a las que hemos ido y que decidí poner en el equipaje de mano para no tener problemas en el mostrador de facturación con el sobrepeso (ingenua). Bueno, se apiadaron de mí al verme sola y cargada como una mula con maletas, niño en brazos y niño como loco corriendo. Por favor, no olvidéis que si cogéis un par de piedrecitas no pasa nada, pero si llevas cinco kilos de piedrecitas, no se lo toman a bien, no, definitivamente no.

Embarque

Es este momento en el que rezo todo lo que sé, pido a Dios que por favor no me toque algún alemán falto de humor por los alrededores de mis asientos y que la señora o señor que esté sentado delante de mi hijo mayor, se apiade de mi alma. Pues será que no soy creyente y Dios me castiga por molestarle sólo cuando me interesa, que me tocó un alemán corpulento con cara de pocos amigos delante del asiento del mayor, unos pasajeros faltos de sueño a mi alrededor que querían aprovechar el vuelo para dormir  pero un mozo de buen ver a mi lado y bueno, aunque sólo fuera por girar la mirada y llevarme una alegría, ya hubiera merecido la pena. Es igual porque el encanto y mi autoestima se fueron al garete cuando mi hijo pequeño, que viajaba sentado en mis piernas, se me meó encima y el muchacho aceptó la oferta de la amable azafata para que le ubicase en un lugar más tranquilo. Todo el viaje con el pantalón como si la que se hubiese meado hubiera sido yo aunque mi hijo sequito, que llevo muda de cambio. Tres mudas de hecho, la pena es no haber puesto una para mí (verdammt!).

La llegada fue buena, pude transportar todo el equipaje hasta la zona de espera y allí me recogió una amiga que nos llevó a casa. Una vez allí, empecé a deshacer equipaje mientras los niños se reencontraban con sus juguetes después de unos meses.

En el capítulo de hoy hemos aprendido que con el sobrepeso no se juega, que las piedras, en el mar, que es su sitio y que si tu hijo está dejando el pañal "ni te cases NI TE EMBARQUES", o lleva una muda de cambio, si es que tienes narices a sumarla a todos los trastos que llevas. 



martes, 27 de agosto de 2013

Ya toca

Ya toca hacer el equipaje de vuelta, disfrutar los últimos momentos en mi tierra e ir despidiéndome de la gente que quiero. 

En cuanto al equipaje, me pasa lo de siempre y es que durante mi estancia a parte de ir acumulando buenos recuerdos, voy acumulando equipaje. Cosas que nos regalan, sobre todo a los niños y cositas que compro que he ido echando de menos en mi día a día en Alemania. Aún quedan unos días para nuestro regreso pero como me conozco y sé lo que me pasa siempre, me pongo con tiempo y ganas.

También estoy aprovechando para hacer todas esas cosas que dije que haría o que le prometí a mis hijos que haríamos y hemos ido dejando. La verdad es que nos hemos recorrido el lugar de punta a punta, aquí y allí, yendo a calas y playas, hemos ido tanto al acuario que ya nos conocían al entrar, hemos visitado el safari, hemos ido en barco, en tren... Cuando echo la vista atrás me queda un buen sabor de boca. Eso es lo importante.

Este tiempo aquí también he podido disfrutar de esas personas a las que quiero, que me han ido demostrando que me quieren y que están aquí para lo que haga falta. La vida con gente que te quiere alrededor es indudablemente más bonita. No son muchos, podrían ser más, pero a los que han estado no me voy sin darles un achuchón y darles las gracias por ayudarme con los niños, por acompañarme en esta nueva etapa, por llevarme aquí y allí, por escucharme, por estar ahí.

Y a parte de ir finiquitando y cerrar capítulo después de tres meses en mi tierra, también toca ponerse manos a la obra con el plan a seguir una vez esté de vuelta en Alemania. Hay tantos flancos a cubrir que a veces se me amontonan las ideas y no saco nada en claro pero como la organización me gusta ya estoy haciendo esquemas, listas y hasta presentaciones powerpoint!  :) Todo con el fin de que la organización y la previsión me ayuden a ir capeando todos los inconvenientes, que los habrá y que se me irán presentando durante el camino.

Y a parte de ir preparando el regreso y el aterrizaje en casa, también toca ir pasando página de todos estos acontecimientos que me han tenido tan tensa, toca mirar hacia adelante. Lo cierto es que ya me siento mucho más cerca de poder hacerlo, ya ni me molesta que mi marido tenga novia y familia feliz, ahora hasta pienso que si es feliz y está centrado en su vida, me dejará a mí rehacer la mía. De hecho, ya ni tengo ganas de echarle nada en cara, ni si quiera tengo ganas de hablarle. Ya toca de una vez por todas ser feliz conmigo misma, sin esperar a nadie para que me salve la vida, ni maridos que han perdido la cabeza, ni príncipes azules, ni nada. Ya toca.


lunes, 26 de agosto de 2013

Carta de su abogado Vol. II

Hace unos días recibí un mail de mi abogado, me informaba que habían contestado a nuestra respuesta. Esto va así, es un toma y daca. Yo pido, tú dices que no, tú pides y así. 

Está resultando ser aún más difícil de lo que me pude imaginar nunca así que cuando hay noticias del abogado me tiembla todo y me cuesta afrontarlo. Reúno fuerzas antes de leerlo pero no sin antes montarme películas, hago un intento de mirarlo, no me atrevo hasta que finalmente cojo valor abro el adjunto y leo el documento original que su abogado ha enviado al mío. 

Realmente no había nada nuevo que añadir a la historia: que no me va a pagar ni un chavo, que a los niños les va a pagar una miseria y que me largue de la casa en la que él figura aún en el contrato como arrendatario, a la voz de YA!. Los detalles sólo acaban de hacerlo aún todo más perverso, pero me los ahorro.

El dinero ya es para mí una gran preocupación pero el que me ponga unos días de plazo para avisar al arrendador de que me voy de la casa, me perturba bastante. No estoy en situación de afrontar una mudanza, ni física, ni emocional, ni mucho menos, económicamente. Por momentos me siento en un callejón sin salida. Mudarme de casa ahora sin saber si voy a tener que venirme a España a la vuelta de unos meses me parece una locura, hacer pasar a los niños por todo ese trance teniendo en cuenta todo lo que ya llevan a las espaldas me parece inhumano y que él quiera echarnos de la casa sólo por evitar tener que hacerse cargo de la mitad de la renta me parece grotesco. Es que ya ni pretendo que se haga cargo de la mitad del alquiler pero al menos podría decírmelo y mirar la manera para que yo pueda seguir viviendo e ir viendo cuando es el mejor momento, tal vez cuando encuentre un trabajo, para poder inhibirse del contrato. 

En breve vuelvo a casa y vuelvo dispuesta a luchar por lo que es mío y aún más por lo que es de mis hijos. Un par de cientos de euros pueden ser la diferencia entre poder vivir relajadamente y felices o que se me quiebren las ganas de vivir y viva en un infierno o todo lo que está entre medias.


viernes, 9 de agosto de 2013

A cuatro días...

Finalmente sí viene.

Supongo que mi preocupación por cómo estarán los niños con él durante su estancia después de pasarme dos meses y medio pegada a ellos día y noche me produce un nerviosismo y una ansiedad que me hacen parecer algo desquiciada. 

Creo que está justificado pero también creo que debería evitarlo, no es beneficioso para nadie, especialmente para mí.

Le he escrito pidiéndole algunas cosas concretas antes de poder llevarse a los niños "unas horas" cada día durante su visita. La primera y fundamental, qué tiene pensado hacer con los niños esos días y de qué dispone para atenderlos. Si viene en coche y de ser así, si dispone de sillas para el coche, ropa, pañales aunque le dije que le daría a los niños con sus cosas básicas en las mochilas. No importa porque igual que en el Mail anterior está ignorando mis cuestiones. 

Sigamos, mi segunda y tercera cuestión son que me diga dónde va a estar y con quién. Ya le he aclarado ante todo que su vida me importa un pimiento pero en la medida en la que expone a mis hijos a su vida, sí que quiero saber lo que hace para no repetir errores del pasado que sangré, sudor y lágrimas me ha costado subsanar (o al menos en parte).

Hoy, a escasos días de su llegada, le he dado un ultimátum, si no atiendes mis peticiones, me atendré a lo acordado previo a nuestro viaje y podrás ver a los niños a nuestra vuelta a Alemania.

Estoy intentando poner límites en todo este desorden de vidas que paseamos y hacerme respetar.

De momento no lo consigo. Poco a poco. 

viernes, 2 de agosto de 2013

¡Avante a toda!

Queda un mes escaso para mi regreso a tierras teutonas y ya he empezado la fase activa de búsqueda de empleo en Alemania. 

Tengo que acabar de pulir el currículo y hacer una buena plantilla de mi carta de presentación para después simplemente cambiar detalles para cada empleo. Para esto espero encontrar algún aliado que otro, por aquello de no meter mucho la pata con faltotas de ortografía o expresiones que dada la inercia, se traducen literalmente del idioma materno pero que se desvirtúan cuando las trasladas tal cual, a otro idioma. 

Voy a empezar siendo algo selectiva e iré reduciendo las exigencias hasta que encuentre una fuente de ingresos. 

Esto es un reto, lo sabía cuando me metía en este fregado pero ser capaz de conseguirlo me da fuerzas para darlo todo. 

Si lo consigo ¡ay madre, si lo consigo! De hacerlo, me habré demostrado muchas cosas a mí misma y si no, a plantearse el futuro de otra forma y confiar en que si el destino me lleva a otros puertos será porque algo bonito me espera allí.


viernes, 26 de julio de 2013

Pesadilla en Skype Street

Llevo ya casi dos meses en España y mis hijos hablan prácticamente a diario con su padre, lo cual para mí supone un suplicio, no por el hecho en si, si no por todo lo que trae consigo.

Al principio, cuando llegamos a España, el mayor le preguntaba cuando venía y cuando lo iban a ver y el padre que parece ser, tenía pensado venir en junio, les decía que en un par de semanas se verían. Pasaron las semanas y el padre finalmente no vino y eso resultó ser una decepción para el mayor. Normal. 

Después de lo sucedido y supongo que también debido a la falta de roce, a los niños ya nos les apetece hablar con su padre. El mayor directamente se niega, hay días en los que lo expresa más claramente que otros pero básicamente no quiere hablar con él. El pequeño que vivió enamorado de su padre desde que nació y para el que fue un shock no verlo con la frecuencia que le gustaría en todo este proceso de separación, ha decidido recientemente apuntarse a la moda de su hermano y negarse a hablar con él. Tiene a penas veintiún meses pero si algo he aprendido yo con todo esto es que los niños perciben mucho, muuuuucho más de lo que nos pensamos. Por contra también aceptan muchos de los cambios que una separación supone con mayor naturalidad de la que nos esperamos los adultos.

Suelen hablar por Skype ya que las llamadas a mi móvil alemán fuera del territorio alemán me cuestan un ojo de la cara aunque al principio lo asumía como parte de la situación entendiendo que ya que esas llamadas redundan en beneficio del padre, éste se haría cargo de esas facturas. Qué ingenua. A principios de julio me llegó un mensaje que decía que me cortaban la línea móvil por impago y tuve que hacerle ver al lince del padre que o pagaba la factura o lamentablemente no sería posible continuar con el contacto telefónico con sus hijos. Qué bochornoso tener que recurrir a este tipo de ultimátums porque parece que su sentido común no llega a tanto.

Aunque pagó la factura decidí no hipotecarme el futuro a la espera de que él se hiciera cargo o no de las facturas de móvil. Ni hablar. Le dije que hablaríamos por Skype siempre y cuando yo tuviera cobertura wifi en mi teléfono o si no en el ordenador en casa de mis padres. Así lo hemos venido haciendo este último mes.

Cada vez que recibo un mensaje en el que me pregunta si puede hablar con los niños se me cae el alma a los pies porque sé que me toca media hora desesperante. Es una pesadilla.

Consecución de los hechos de forma resumida:

1.- Llega mensaje del padre.
2.- Niños, papá va a llamar. 
3.- El mayor grita que no y el pequeño se escabulle.
4.- Ignoro sus reacciones porque es algo por lo que hay que pasar, queramos o no -hijos, asumámoslo-. Pongo en marcha el programa y espero la llamada. Mientras, los voy animando a que se acerquen a decirle algo a su padre.
5.- Mi hijo mayor me explica que quiere jugar, que se lo está pasando muy bien y que NO QUIERE hablar con su padre.
6.- Su padre llama, descuelgo, nos vemos las caras (qué suplicio), no nos decimos nada y llamo a los niños, les urjo a que vengan que papá les espera. 
7.- Mi hijo mayor ignora mis llamadas y el pequeño ya está a punto de atravesar la frontera con una identidad falsa.
8.- Yo me pregunto por qué tengo que asumir ese rol cuando yo soy la primera que entiendo porqué los niños no quieren hablar con su padre aunque siguiendo las recomendaciones de mi abogado y pisoteando mis principios y mi autoestima continúo, ya con un tono más serio pidiéndoles a los niños que se acerquen al ordenador.
9.- Llamo a la interpol y consigo dar con el pequeño, le pongo los grilletes y lo poso delante del ordenador, su padre le dice cuatro tonterías, él parece que reacciona a alguna y después de como mucho unos minutos se ha largado y me vuelvo a quedar sola con el padre. ¡Yupi!
10.- Le digo al mayor que si no quiere hablar con papá que no pasa nada pero que al menos venga a decirle hola, le explique que está jugando y que después podrá seguir con lo que está haciendo. Después de repetirlo varias veces lo hace pero se niega a hablar en alemán con su padre y hace tonterías que me ponen nerviosa.
11.- El mayor continúa con su teatrillo, ese que si pudiésemos traducir en nuestro idioma de adultos diría algo así como "papá no me gusta nada de todo esto, no quiero hablar contigo porque has hecho cosas que aunque no consigo entender muy bien, no me gustan y además gritas y hablas mal a mi mamá cuando te enfadas y que sepas que cuando me despierto por las noches quien está a mi lado es mi mamá y cuando mi hermano me engancha del pelo es mi mamá quien corre a rescatarme y cada vez que me caigo es mi mamá quien viene corriendo y me canta "sana, sana". Papá, es que hace tanto tiempo que no acumulo un recuerdo agradable contigo que no me apetece decirte nada como si nada de lo anterior fuese importante"
12.- Decido que ya basta y vuelvo a intentar acercar los niños al ordenador para que se despidan y podamos acabar con toda esta pantomima, volvamos al punto número 7. 
13.-Finalmente se despiden y colgamos.

Así todos los días. Días mejores y días peores pero básicamente nos pasamos media hora de esta guisa. Insisto, ¡qué pesadilla!



lunes, 15 de julio de 2013

Tomando decisiones

Se cuece un jaleo interesante debido a toda la situación generada con mi separación y con el hecho de estar viviendo fuera de mi país. Resulta que aunque tengo un permiso para salir de Alemania con los niños debo estar de vuelta a más tardar en el 31 de Agosto y así me lo ha recordado un par de veces ya mi abogado. Le preocupa, es obvio que este tema es serio.

No obstante lo cual, la realidad que me espera no es un camino de rosas, no tengo capacidad económica para financiar mi supervivencia y la de mis hijos de forma autónoma y parece que mi príncipe azul lucha por dejarme sin un chavo

Hasta aquí nada nuevo. 

Ahora el asunto es si personas de mi entorno, de mi familia, mis padres me podrían echar una mano hasta que encontrase forma autosuficiente para salir adelante y luego ya poder ir devolviendo según pueda esa ayuda prestada. Los únicos con capacidad económica para ayudarme son mis padres y la cuestión es que mi padre no entiende cómo no he iniciado ya los trámites para mudarme a España y mi madre en cierta manera, le apoya. Y bueno, hasta cierto punto es su opinión aunque el problema es cuando condicionan su ayuda, económica o de cualquier tipo al hecho de que me mude ab sofort a España. 

Y yo me pregunto, ¿a alguna de estas personas que se supone que me quieren y me apoyan, les importa qué siento yo? ¿Tal vez no es demasiado pedir que deje toda mi vida, porque mi marido no es lo único que tengo en Alemania, y me venga con lo puesto a casa

Mi vida está allí y se me ocurren mucho y variados motivos por los que volver. También es cierto, que haber pasado aquí ya mes y medio confirma lo que ya me esperaba y es que si allí no va a ser fácil, aquí tampoco sería mejor. 

Quiero ver de lo que soy capaz, si me voy o no de Alemania quiero hacerlo por convicción propia y no escapando de una situación, hecho que me frustraría aún más. Quiero ser feliz y eso se consigue tomando tus propias decisiones y siendo consecuente con ellas. Y es por este motivo que YO, mujer separada y con dos hijos, mayor de edad y en pleno uso de mis facultades, decido quedarme sola en Alemania y sin ayuda de mis padres. 

Que así sea.

jueves, 4 de julio de 2013

Desesperada



desesperado, da.

1. adj. Dominado por la desesperación. U. t. c. s.

2. adj. Extremo, forzoso, causado por la desesperación. Una decisión desesperada.

3. adj. Que no tiene remedio o no permite concebir esperanzas. Un caso desesperado.



Las tres acepciones casan con mi situación. Mi querido príncipe azul ha decidido crujirme mediante su abogado. Ha decidido que aunque haya dedicado los últimos casi cinco años de mi vida al proyecto de familia que teníamos en común, dejando con ello de lado mi propia vida, relegando mis estudios en la universidad a un segundo plano y muchas otras cosas mientras él desarrollaba una próspera carrera profesional que ahora le brinda unas condiciones y un salario más que satisfactorios, pese a todo esto, yo me quedo sin nada. Y no es que quiera quedarme con el coche, o con la casa o con cosas que ni si quiera tenemos, a mí lo único que me gustaría es tener la oportunidad de empezar de cero sola, un apoyo económico que me permita pagar el alquiler, la comida, aunque sea un mes para poder encontrar un trabajo. Mis hijos pueden estar en la guardería desde las 8:00 hasta las 16:30 por lo que espero poder encontrar algo, LO QUE SEA, que al menos me permita pagar el alquiler, que no es poco, pero una mudanza trae consigo más problemas que ventajas (éste es otro interesante capítulo de toda esta pesadilla).



Llevo más de un mes en España y me quedo otro tanto más, sería también interesante conseguir un trabajo aquí de LO QUE SEA, algo que me permitiera llevarme algún dinero a Alemania porque el 1 de Septiembre debo pagar mil euros de alquiler y poder comprar comida. Al menos lo básico.



Espero conseguirlo...

lunes, 1 de julio de 2013

Nuevo concepto de puntualidad alemana

La puntualidad alemana es una de esas cosas que se van asimilando sin darse mucha cuenta y que cuando realmente la notas es cuando vienes a España de visita, tu tía te dice ven a las cinco a casa a tomar café y llegas a las 16:59, tocas el timbre y no hay nadie en casa todavía o cuando tu madre te dice ahora vengo y tarda más de una hora en llegar. Después de unas semanas ya cuento con eso y me relajo con lo de la puntualidad, eso sí, unos días antes de regresar a Alemania me tendré que poner a entrenar, lo de ser puntual va asociado con el honor y la palabra de una persona, ¡no son bromas! :)

Mi marido era una de esas personas que como buen alemán era fiel a esta tradición y se sentía muy orgulloso de que esto formara parte de su cultura. Si bien es cierto que igual que evolucionó de principe azul al mismísimo diablo, cual Pokémon, empezó a aplicar la que supongo es su nueva idea de puntualidad alemana.

Después de semanas de puro desgaste, de maltrato psicológico, de dejarme colgada con los niños hasta las tantas porque tenía trabajo o porque me decía claramente que se iba de juerga con sus colegas, después de mucho discutir y a punto de venirme de visita a España, dos días antes, un buen viernes, después de una de sus juergas épicas tuvimos una discusión de buena mañana que ríete tú de las broncas de Gran Hermano. Ese día decidí que no podía más y que pasaba los dos días que me quedaban en casa de alguna amiga. El tiro me salió por la culata y si tengo oportunidad rendiré cuentas de lo sucedido. La cuestión es que pocas horas después, cuando él ya había vuelto del trabajo, volví, pero él lejos de tomarlo como una corrección de un "error" y después de mucho Whatsapp decidió que no era merecedora de su presencia y al margen de las necesidades de los niños o mías, cogió sus cosas y se fue como castigo. "No te ibas?" me dijo, "Pues ahora el que se va soy yo".

Fue un duro golpe porque lo que yo pretendía era hacerle reaccionar, ver que su comportamiento egoísta y excéntrico iba a hacerle perder eso tan bonito que habíamos construído juntos y que  -por el amor de Dios!- no podíamos perder de la noche a la mañana por una supuesta crisis. Ahora veo que él simplemente quería escapar de mí y no sabía cómo hacerlo y aprovechaba cualquier movimiento en falso por mi parte, por muy justificado que estuviese, para hacerme sangrar y pagar por ello. Siempre es mejor (!) que asumir las propias decisiones y afrontarlas valientemente o eso supongo que debe pensar (aún).

Me quedé sola con los niños, destrozada física y emocionalmente. Físicamente por llevar días y días con los niños a las espaldas, noches, idas y venidas a la guardería, la casa, la comida, la compra...  Y emocionalmente por estar viviendo una pesadilla que lejos de mejorar iba empeorando por momentos.

Pese a todo me pidió ver a los niños al día siguiente, que los vendría a recoger a las 10 de la mañana me dijo y aquí empieza lo divertido de la historia:

Sábado a las 9:40

Niños!!! Vamos a vestirnos que viene papá y vais a ir a dar un paseo.

Llovía y hacía algo de frío por lo que empezamos a vestirnos con los trajes de lluvia, calcetines gruesos, botas...

10:10 Ni rastro de papá

10:45 Los niños sudan como pollos y decido quitarles las chaquetas. Sigo sin noticias del padre.

11:00 Recibo un mensaje "Mierda, me he dormido, ahora vengo!".

12:45 Sin rastro del padre.

13:15 Recibo otro mensaje: "Mierda, me he vuelto a dormir, voy!".

14:30 Se presenta en casa.

Decidí previamente no discutir con él y aunque cuando llegó hizo un intento (pésimo) de disculpa le respondí "Sin comentarios".

17:30 Viene de vuelta y me pide llevarse el coche sin mayores explicaciones, le digo que mejor no, que si me pasa algo con los niños o se ponen malos en mitad de la noche quiero poder disponer del coche para ir al hospital o algo así.

Antes le había pedido que en lugar de venir a las 15:00 para llevarnos al aeropuerto, que por favor viniera a estar con los niños de las 10:00 a las 12:00 para poder ultimar el equipaje. Bueno pues me dijo que si quería que viniese a las 10:00 al día siguiente se tenía que llevar el coche. Bueno, pensé, que se lo lleve y acabemos esta historia en paz.

Domingo a las 10:00 del día que viajábamos

No se ha presentado ni tengo noticias.

10:45 Me manda un mensaje "FUCK me he dormido, necesito una hora para venir"

Decido que es el colmo, me supera, me tiembla todo, siento que ya no respeta nada. Siento miedo por no tener coche para ir al aeropuerto, perderé el avión y una tormenta de ideas a cuál más desproporcionada. Me dejo llevar por el estrés y llamo a varias amigas hasta que una buena amiga, en pleno domingo familiar lo suelta todo y viene con su coche a buscarme, a mí y a los niños y nos lleva al aeropuerto.

15:00 Primera llamada, después de una docena de ellas y de no cogerle el teléfono nos desea un buen viaje por SMS y que por favor le dé besos a los niños de su parte.

Aquí me di cuenta cuán efímeros pueden ser nuestros principios cuando nuestros intereses cambian y fue una terrible decepción pero no fue la definitiva para llevarme a la aceptación de nuestra nueva realidad, de darme cuenta que ni me quería ni me iba a querer. Ha habido desastres posteriores que me han ayudado a comprenderlo.


Y aquí y a pelo, tragando pero superando.