Después de ver que este mes no sólo he tenido que hacer frente a los gastos del mes, sino a los atrasos desde que me fui (¡qué listo!), guarderías, suministros varios y otros gastos me doy cuenta que mis previsiones me empujan al acantilado económico.
Entre todo lo que tengo que hacer, entre toda la tediosa burocracia en la que me veo envuelta, entre cuidar de mis hijos, de la casa, de mí, tengo que hacer horas extras para mandar currículums con carta personalizada dazu como se estila en estas tierras, ir a empresas de trabajo temporal, maquearme y ponerme crema antiojeras para compensar las 5 horas que con suerte, alcanzo al cabo del día.
Dicho sea de paso, viendo que era contraproducente para mi salud, he dejado el Redbull (¡notición!) y procuro mantenerme con un café con leche por las mañanas, en lugar de los dos o tres cafés que me venía tomando (a parte del redbull).
Hoy precisamente tengo una entrevista, espero que sea fructífera y además comprando el pan he visto que buscaban gente, así que doble trabajo hoy. Prepararme para la entrevista y darlo todo y preparar currículum y carta de presentación para enviarla por correo a la franquicia que me suministra pan y cruasanes.
Esta mañana, en otra más de las administraciones a las que he acudido, me ha vencido el desánimo y he roto a llorar delante de la funcionaria que no daba crédito a lo que le contaba. Va a necesitar que le lleve una montaña de papeles para empezar a tramitar cualquier ayuda, así que he reservado la noche, cuando los niños se duerman, para tenerlo listo para esta semana.
En esos momentos he llegado a pensar "juro que te mataré", no lo toméis como nada literal, es una forma de decir que me pagará todo este desgaste, este dolor, este sufrimiento y lo que es peor, el sufrimiento que de forma directa o colateral les llega a mis pequeños.
Con la cabeza alta, con fuerza, con brío, con un aquí estoy yo, pongo a Dios por testigo :) que salgo de esta!
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martes, 1 de octubre de 2013
domingo, 29 de septiembre de 2013
Se acerca otra fecha crítica
En breve es el cumpleaños del pequeño y mucho me temo que aunque lleve todo el mes sin venir a ver a sus hijos, eso no se lo va a saltar.
Lo digo desde la más profunda de las preocupaciones porque no se cómo van a reaccionar los niños cuando le vean de nuevo. Me preocupa volver a tirar por tierra cierta estabilidad ¿O tal vez lo asuman con naturalidad?
Mi terapeuta recomienda visitas breves y a poder ser, conmigo presente. En casa no le quiero e irme con él al parque, me da yuyu.
Ya no sé qué es mejor, que le vean o que no. Porque lo cierto es que al principio fue duro ver la cara de pena con la que el pequeño llamaba a su padre, como queriendo decir quiero verle mamá. Y lo que me dice el mayor, mamá dile a papá que venga a buscarnos.
Por mi parte creo haber cumplido cuando le he repetido hasta en tres ocasiones que cuando quiera ver o hablar con los niños, que me lo diga. Hace dos semanas que no hablamos de nada y sinceramente no me apetece un pimiento verle, cuanto menos le veo, menos quiero verle e imagino que los niños se adaptan a su realidad y en mi esfuerzo de cubrir las carencias que les vayan apareciendo, ellos tienen una vida normal y feliz.
Aunque tal vez se líe la manta a la cabeza y ni si quiera haga intento alguno por verlos, ni en el día en que uno de ellos cumple añitos. Me sorprendería, pero llegados a este punto, me espero cualquier cosa...
sábado, 21 de septiembre de 2013
Informe Semanal
Ya sabía que la semana iba a ser dura pero aún y cuando me preparo, sigue habiendo cosas que hacen que me vea superada.
El lunes, se presenta el señor aporreando el timbre y mandando mensajes diciendo que sabe que estoy en casa y que le dé su router. No son pocos los que me decían dáselo y ya, pero es que resulta que ese día y con esas maneras me di cuenta de que no puedo someterme a sus "peticiones" sistemáticamente a cambio de la paz. El precio es demasiado alto y no va a hacer que su actitud cese, todo lo contrario. Sometiéndome a todo lo que pide sin rechistar por no discutir o exponer a mis hijos, alimento a la bestia y cada vez se siente con más fuerza para exigirme sin reparos.
Necesité ayuda, necesité que fueran a buscar a los niños a la guarde porque él estaba en la puerta esperando a que saliera, no para agredirme, pero sabiendo que tenía que salir, esperaba, imagino, presionarme hasta que le dejara entrar a por su maldito router. Que dicho sea de paso, ya que migraba su contrato a casa de su novia, al menos que me hubiese tratado con dignidad y no me corte los servicios con mala baba o si es así, acepta que vas a tener tu router cuando a mí me de la gana. A los tres días me lo volvió a pedir y se lo llevó. Fin de la historia (de ésta).
El martes llegaba una amiga a casa, se instala en la ciudad unos meses. Estuvimos para arriba y para abajo, y todo añadido a mi ritmo habitual. Lo sabía, lo predije pero no es nada que no haya hecho con gusto.
El miércoles me llamó una amiga porque una conocida tenía un puesto de trabajo disponible y conseguí una entrevista. Fue decepcionante aunque lo peor fue tener que rechazarla, ¡por Dios! con mi situación, rechazar una oferta de trabajo. La oferta consistía en 30 horas semanales, pagadas a unos 3,5€ la hora y 5€ la hora extra. Incluía trabajar sábados también y teniendo en cuenta que mi babysitter cobra 10€ la hora, por su trabajo durante los cuatro sábados del mes tendría que entregarle todo mi salario. No tenía sentido.
El viernes después de llamadas y mensajes conseguí una babysitter y después de mucho tiempo salí a divertirme y a reírme con un par de amigas, me vino tan bien, que hoy lo vamos a repetir. ¡Hay que aprovechar!
Hoy he tenido un encontronazo con una señora en el tranvía y la señora ha pagado todo el estrés que no siempre consigo canalizar de forma saludable. No es que no se lo mereciera, pero yo no me siento orgullosa de mi actuación.
Ir en el tranvía con dos niños tan pequeños implica en ocasiones que griten, que se quieran poner de pie en el asiento o cosas por el estilo. Normalmente y pese, en ocasiones, a algunas miradas desaprobadoras, lo solemos conseguir sin percances, pero la señora de hoy ha entrado a matar. Me ha dicho que consideraba inaceptable que los niños pusiesen los pies en el asiento y dicho así, parece que yo miraba desde la otra punta del vagón como mis hijos saltaban descaradamente encima del asiento. No, yo estaba de pie, a su vera, pidiéndoles que se sentaran bien, que no pusiesen los pies encima del asiento, que no gritasen pero ella obviamente no me entendía. Dio igual, insistió y la miré con mala cara, a lo que de repente cogió y les habló directamente a mis hijos diciéndoles que eso los alemanes no lo hacen que eso sólo lo hacen los españoles. No fue que hiriera mi sentir patrio, ni tampoco fue su insistencia, imagino que debía ser una persona triste y con alto grado de frustración que no encontraba forma de canalizarlo si no era de esta manera. Lo que realmente hizo que empezara a echar fuego por la boca, que le pidiese que se bajase del tren si tenía problemas y que le dijera de todo en mi idioma materno, fue que se dirigiera a dos niños pequeños, que los intimidara, que utilizase esa forma de expresar su indignación. Me oyó en el tren y cuando bajamos le pegué una voz con algo que la dejaba en evidencia delante de toda la parada.
Insisto, no me siento orgullosa, no lo volvería a hacer, fue todo fruto de mi nivel de estrés.
Y finalizada otra semana, me siento satisfecha pero aún no he cumplido el objetivo principal de encontrar un trabajo. Espero tener noticias esperanzadoras la semana que viene, mi tiempo se acaba.
lunes, 16 de septiembre de 2013
Presiones sumadas a los problemas
Resulta que a parte de dejarme sin suministros debo darle ¡A la voz de ya! cosas de la casa que parece que le pertenecen. Y las maneras no son adecuadas, me pide ayer que le entregue cosas y cuando le respondo que en cuanto pueda se lo prepararé sigue insistiendo para que le confirme lugar y hora y cuando le recuerdo que ya le he dicho que en cuanto pueda, que ya me parece mucho más de lo que él debería esperar, sigue insistiendo. Mi hijo de cuatro años no es tan insistente, y ya es decir.
Esta semana voy a estar ocupada prácticamente todo el día con gestiones e incluso auguro que los niños me tengan que acompañar en alguna ocasión, como para andar preparándole sus cosas. Mira, es que ya estoy llegando a un punto en el que el estrés me come, en el que vivo de redbulls para poder hacer (casi) todo lo que me propongo hacer. En el que tumbarme para relajarme un minuto me produce cargo de conciencia.
Limpiar, preparar la comida, poner al menos una lavadora, comprar un candado para la bici, ir a la farmacia a por algo para las crosteritas que le salen al mayor en la cabeza (un champú hipoalergénico?), el pequeño necesita unas zapatillas más pequeñas las que le compré se le salen, ducharme!!!!, llamar a la empresa suministradora de internet para que me confirmen hora para la instalación (aún no lo han hecho y no puedo pasarme el día esperando a que vengan, no puedo)...
Voy a empezar por el principio y a repetirme cada diez segundos que esto pasará, que hay que pasarlo porque algunos lo han querido así, que venirme a bajo sólo va a inutilizarme y hay mucho que hacer. Mis hijos, mis hijos, mis hijos...
Música para coger ritmo, una ducha y empecemos ¡vamos!
domingo, 15 de septiembre de 2013
Estoy perdida
Esto ya no hay por donde pillarlo. Mi exmarido ha perdido la cabeza y esto no va a acabar bien.
Llevamos más de dos semanas en Alemania y el padre todavía no me ha pedido venir a buscar a sus hijos y el contacto con sus hijos se reduce a dos interacciones (penosas) por Skype. Alucinada me tiene.
Estoy perdida, entre que llevo lo que va de mes apagando fuegos a golpe de transferencia para hacer frente a pagos básicos de la vida diaria (junto con los atrasos) como puedan ser guarderías, la comida de los niños en la guardería, las clases de natación de antes del verano, la luz que han gastado él y su novia este verano en nuestra casa y un largo etcétera; entre esto y su desvarío intentando por todos los medios hacerse con la mitad de nuestros bienes de la casa, sin pararse a pensar que se está perdiendo a sus hijos junto con el hecho de que está deteriorando ya no nuestra posible relación de amigos en un futuro, si no ya la relación que le va a tocar tener conmigo toda su vida por nuestros hijos en común.
Honestamente creo que está abanderando un despropósito tras otro. Creo que se ha subido a un tren del que ahora no puede bajarse, tal vez porque defraudaría expectativas de las personas de su entorno, porque piense que su única opción ahora es tirar para adelante porque venirse atrás le mostraría como un ser débil, o tal vez porque simplemente sea idiota.
Yo procuro no prestar demasiada atención a todo lo que no sea salvar mi situación, hacer frente, de momento con ayuda, a todas las deudas que afectan a mi día a día, a buscar trabajo, a mejorar en todo lo que pueda el idioma y por su puesto, en pensar en mis hijos y en mí, pero cada vez que giro la mirada a ver cómo está la situación lo cierto es que me asusto.
Supongo que habrá lugar para un post posterior que aclare tanta incertidumbre pero de momento, estoy perdida.
lunes, 9 de septiembre de 2013
Y el Oscar al mejor padre del año goes to...
¡¡¡El padre de mis hijos!!! Por "Como ser capaz de llevar diez días sin ver a mis hijos" y la secuela, "Seguir haciendo pasar a mi familia por el bochorno de hablar por Skype cuando nadie quiere y estando a cinco minutos de distancia".
Yo sigo pensando que hay algo oculto detrás de todo esto. Hombre, vergonzoso debe de ser para el padre mirar a la madre de sus hijos a la cara con toda la que le ha preparado a su vuelta pero te metes la vergüenza en un saco y vas a ver a tus hijos, que éstos aún no dan crédito a tu ausencia.
El merecido premio no se lo lleva sólo por no ver a sus hijos, si no por su insistencia de seguir hablando por Skype con ellos estando a cinco minutos de casa. Mi hijo mayor no da crédito, de verdad lo digo, porque cuando le digo que vamos a hablar con su padre por el ordenador me contesta, pero mamá si ya estamos en Alemania porque seguimos hablando con papá por el ordenador.
¿Y? ¿Qué le contestas a eso? Si hijo, tu padre es un imbécil que tiene el seso sorbido por su nueva novia y es incapaz de darse cuenta de que sus hijos necesitan verle y estar con él. No, claro que no, respiro hondo y ya no le pido nada a Dios, después de la faena del avión pero pienso en todo lo que he conseguido hasta ahora y muy tranquilamente le digo a mi hijo que tal vez papá tiene mucho trabajo ahora pero que estoy segura que en cuanto pueda, vendrá a verle. Sí mamá, me responde él todo inocente. No quiero mentirle y lo hago, pero lo hago pensando en que es lo mejor que le puedo decir.
Cada día cojo más valor y más coraje para no hablarles ni una palabra mal dicha de su padre, todo lo contrario. Cuando mi hijo en este mar de dudas y de incógnitas que despiertan su ausencia injustificada, me pregunta si papá le quiere, le respondo que sí, que mucho. Creo que su padre les quiere pero que ahora está viviendo un mar de sensaciones nuevas, como son esa fase incipiente de la pareja, del enamoramiento y tiene las neuronas atontadas.
Cuidado, no es justificable lo que está haciendo. No hay nada en el mundo que pueda justificar que un padre olvide a sus hijos de esta manera pero intento buscarle una explicación para canalizar la ira que se genera en mí cuando veo a mis hijos tristes, angustiados, decepcionados y de esta forma tan gratuita.
Cada día tengo más claro que mis hijos necesitan alguien que esté ahí, con ellos, que les diga lo que tienen que hacer, que les haga ver los límites y les dé una reprimenda cuando sea necesario. Creo que eso lo agradecen, les da seguridad, sienten que así es como tiene que ser.
Como en todo, cuando ves que lo que haces tiene resultados positivos, te animas a seguir haciéndolo aún mejor. Con lo que estos dos enanos están haciendo que saque lo mejor de mí y sea cada día mejor madre.
domingo, 8 de septiembre de 2013
Momentazos de la semana
Esta semana ha sido de aúpa, entre casa, niños, llamadas, facturas impagadas y demás pensé que no salía. Pero aquí estoy dando fe de que no sólo he sobrevivido a mi primera semana en pleno mogollón si no que la acabo con una sonrisa en la boca y con el orgullo de sentir que le he echado un par al asunto.
En el ranking de la semana tenemos varios momentos de esos que he venido a llamar momentazos y que me alegra darme cuenta cuando pienso en ello, de lo que he sido capaz. ¡Y esto es sólo el comienzo!
Uno de esos momentazos fue cuando al llamar a la compañía de teléfono móvil éstos me dicen que qué factura quiero pagar si mi marido ha cancelado el contrato. Mi cara era un poema porque hacía dos semanas que me había dicho que iba a pagar la factura en breve y resulta que hacía un mes que había cancelado el contrato.
Seguimos, llamada a la empresa suministradora de electricidad. Hola, quería informarme sobre la situación de pago del suministro. Si, claro, le informamos que en tres semanas procederemos al corte del suministro. No tengo palabras para describirlo. Con dos niños en casa, me imaginaba encendiendo velas y representando una obra teatral casera de Pocoyo en aras de ofrecer a mis hijos la cantidad diaria recomendada de su estimado Pocoyo. Resulta que mi marido había enviado un escrito informando de que solicitaba la cancelación del contrato, nuevamente. No, no ha perdido el tiempo este verano, desde luego que no. Entre novia y bajas de suministros no le debe haber quedado tiempo para tomar el sol al muy gañán.
La natación del mayor. No es que lo anterior no tenga que ver con los niños directamente, es decir, tener línea de teléfono para poder hacer una llamada en caso de necesidad y sí, estoy pensando en la anécdota del poni, pues no me parece que no afecte a sus hijos porque podría estar exponiéndolos a un riesgo. Lo de la luz ya cae por si solo, pero que no pague la natación de su hijo y que la mujerina de la natación, al parecer, se haya pasado el verano llamándole y mandándole cartas avisando del impago, no tiene nombre. Nada, la llamé, le pedí disculpas, le pagué y no me quedó más remedio que explicarle que yo soy una de esas mujeres que le ha tocado pegar con un marido que se ha ido con otra y se comporta como un descerebrado y un irresponsable, lo entendió a la primera.
Momentazo fue ese también en el que me manda un mensaje a las seis de la tarde diciendo que va a venir a las ocho de la tarde a ver a los niños y a recoger su correo. Así, tal cual, ni si te va bien, ni si a los niños les irá bien, nada. A los niños he cogido la costumbre de acostarlos precisamente a las ocho, caiga quien caiga, es la hora de dormir y aunque los primeros días el mayor se hacía el remolón, ahora ya lo hace a la primera y sin problemas. Es obvio que, por un lado, no iba a dejar caer mis logros por su capricho de ver a los niños cuando les diese la gana y eso sin tener en cuenta que no son horas para venir a visitar a tus hijos. Y luego está el hecho de que yo en mi casa no le quiero. ¿Estamos a caso en situación de hacernos visitas?. Lo que debería hacer ni lo menciono porque lo ve un ciego pero es obvio que un idiota obnubilado con su nueva novia, no.
Y por último, momentazo aquél en el que en un momento de bullicio en el tranvía y después de subirme a un vagón lleno de punkis cantando y gritando cerveza en mano, se me escabulle el mayor y pierdo contacto visual. Después de cinco angustiosos segundo gritando su nombre y apartando gente con el pequeño en el carrito, intentando hacer callar a la marabunta sin resultado alguno, saco a la madre leona que llevo dentro, lanzo un rujido que se calla hasta el conductor. "Ejem, pueden por favor decirme si ven a un niño pequeño. Gracias" y apareció mi ricitos de oro de entre los punkis asombrados de ver a una señorita con semejante vozarrón. Tardaron tres segundos en volverse a poner a cantar pero ver sus miradas de asombro e incredulidad fueron un subidón de adrenalina.
Y con el subidón de adrenalina doy por concluidos los momentazos de la semana :)
lunes, 2 de septiembre de 2013
Primer día de batalla
Dejado atrás el fin de semana nos hemos puesto manos a la obra con la vuelta a la guardería y otros menesteres.
He puesto el despertador a las seis y media de la mañana en fase de prueba y hemos llegado a las nueve a la guardería, en rigor debería llegar sobre las ocho u ocho y media. Tomo nota y mañana pongo el despertador media hora antes.
El mayor pese a resistirse un poco, muy poco, se ha ido con su profe para reencontrarse con sus amigos que le han hecho una fiestecita de bienvenida. Para el pequeño ha sido otra cosa, no quería irse de ninguna manera con su cuidadora y bueno, por lo que me han contado lo han dejado un rato con el mayor y ya se ha sentido más a gusto. Los he recogido antes de lo habitual y aunque el pequeño se le veía algo mosca conmigo por el abandono (¡mala marrrre!), me lo ha perdonado rápido y hemos celebrado nuestro reencuentro con unos poquitos de smarties.
Del padre no hemos sabido nada desde nuestra llegada hasta que ha dado señales de vida esta tarde diciendo que quería hablar con ellos por Skype, creo que no hace falta que recuerde lo que esto supone. El mayor me ha dicho que no quiere volver a hablar nunca más con su padre, supongo que, justificadamente, está molesto con su padre por toda esta pantomima que se gasta. Estando a cinco minutos de casa como está, querer hablar por Skype nos ha parecido a todos un chiste.
Por la tarde esto era la revolución y el pequeño después de otro cambio más se me resiste a hacer sus necesidades en el orinal. La experiencia me dice que con un poco de paciencia se volverá a estabilizar en cuanto recuperemos la rutina y cierta continuidad.
Por mi parte me he estado poniendo al día con el correo y contactando todos esos acreedores molestos por los impagos. Mi teléfono móvil cortado, el teléfono fijo de casa cortado y un largo etcétera. Las sorpresas amargas no se han hecho esperar, pero lo positivo de todo pese a las decepciones es sentir que estoy tomando el control y que a la vuelta de unos meses estará todo estabilizado y pagado.
Sigo agotada físicamente pero me iré recuperando en cuanto todo vaya tomando forma, ahora hay que echar los restos para luego recoger los resultados. Me lo repito constantemente.
Como dice mi madre, "Hija la vida es corta y una, mientras tengas a esos niños a tu lado, tienes la suerte de tu parte". Me quedo con esto.
jueves, 29 de agosto de 2013
Una de vaqueros
Agotando ya las últimas horas en la tierra patria hemos ido hoy a un rancho que hay cerca de una playa dispuestos a que mis pequeños jinetes se subieran a un poni a trotar.
Cuando hemos llegado nos hemos cruzado con un señor con cara de pocos amigos pero como andaba atareado transportando cajas pensé que trabajaría de mozo de las cuadras o qué sé yo. Mirando los caballos de repente nos ha desaparecido y mirando por las diferentes casetas me he dado cuenta de que no había nadie. Al cabo de unos minutos ha aparecido y le he preguntado si era él el que se encargaba de entregar los equinos y sin ni si quiera mirarnos ha contestado que sí y me ha dicho el precio. Le he dicho que queríamos un poni y le he preguntado si sería posible subir a mis hijos juntos, me responde que no, sin más explicaciones e insisto, sin ni si quiera mirarnos. Mi hijo me pregunta que por qué (qué novedad) y le digo que supongo que es porque es demasiado peso para el caballo pequeñito, que es como llama mi hijo a los ponis. El hombre se gira, algo airado y nos dice que no, que nada que ver, que el problema es que las piernas de los niños golpean las del poni al caminar y lo lastiman. Le he contestado algo sorprendida porque hablamos de un niño de a penas 4 años y otro de 22 meses, a los que sus piernas ni si quiera superarían el contorno del lomo del animal. Se gira y con mal gesto me dice que adiós y buenas tardes. Me quedo perpleja, mi hijo mayor se asusta y por si no fuera poco, estalla de indignación y a gritos y esta vez dedicándome todos sus sentidos y su mirada, me dice que siempre tiene problemas con los padres, que los niños no hacen más que darle problemas y cuando me di cuenta que miraba a mis hijos con cara de ira, salí de mi asombro de golpe y urgí a los niños a irnos, como él nos seguía, cogí al pequeño en brazos y le dije al mayor que fuera más rápido, viendo nuestra reacción elevó el volumen y prosiguió detrás nuestra hasta que también cogí al mayor y empecé a caminar apresurada, o todo lo que pude. Cuando lo tuve a una distancia prudencial y agotada por el peso de los niños y la mochila, me detuve, cogí el teléfono y marqué el teléfono de la policía local. Fue genial añadir a este mágico momento el hecho de que mi marido no hubiera pagado la factura del teléfono y tenía la línea cortada. Pensé en llamar al 112 pero viendo que el hombre, aunque seguía a los gritos no se acercaba, los volví a cargar en brazos a los dos y corrí todo lo rápido que pude hasta el coche. Sol, calor, treinta grados, el polvo del rancho impregnándose por todo, cuando estaba a punto de ponerme a llorar vi que mis hijos se reían a causa de los saltos que iba dando mientras corría y cómo hacía que ellos se desmelenaran. En lugar de llorar, me puse a reír con ellos y acabamos a carcajadas cuando llegábamos al coche.
Pasé miedo pero me río cuando lo recuerdo y no estoy tan segura de que mis hijos puedan decir que no montaran a caballo, ¡y juntos!
Nota mental: la próxima vez que me vaya de "Dora, la exploradora" por el mundo sola, con los niños, por favor, comprobar que tengo linea en el móvil!
miércoles, 28 de agosto de 2013
Sacando la artillería pesada
Según pasa el tiempo me voy desprendiendo de la dependencia emocional que he sentido hasta no hace mucho por el padre de mis hijos. Puede que parezca una tontería pero esas emociones me impedían plantearme según qué, bloqueaban pensamientos que por defender los míos, dañaban sus intereses (yo y mi eterno espíritu conciliador) pero visto lo visto y que el tiempo ha ido sanando heridas y cauterizando emociones, estoy aquí para darlo todo.
Ahora entiendo un poco (¡sólo un poco!) como no ha podido sentir remordimientos a la hora de querer dejarme sin un chavo, o cuando alarga cualquier acuerdo económico en aras de no pagar y posponerlo al máximo, o cuando nos expone a riesgo de inanición (art. 92.1 CC) por obviar cualquier responsabilidad económica o cuando encima de todo lo anterior, me reclama los humildes ingresos que produce un pequeño apartamento que hemos alquilado en dos ocasiones este verano a unos turistas. Es de locos, pero cuando no sientes nada por tu contrincante y pretendes salvaguardar tus intereses por encima de todo, avanzas por la vida como si con un lanzallamas en la mano lo hicieses.
Pero no hay de qué preocuparse porque aquí estoy yo, unos días más entera que otros, unos días llorando por los rincones por no saber como sacar a mis hijos adelante con toda la que se me viene encima y otros eufórica sintiéndome fuerte y lista para todo lo que me echen. No obstante lo cual, ya estoy empezando a recapacitar y como mínimo colocándome a su altura en la línea de acción, pero esto no es todo, hay más y poco a poco iré informando cual reportera de guerra.
Agárrate los machos querido, que vienen curvas.
Y desde primera línea de fuego, les informa Madre Separada dispuesta a lo que haga falta por sus hijos.
lunes, 26 de agosto de 2013
Carta de su abogado Vol. II
Hace unos días recibí un mail de mi abogado, me informaba que habían contestado a nuestra respuesta. Esto va así, es un toma y daca. Yo pido, tú dices que no, tú pides y así.
Está resultando ser aún más difícil de lo que me pude imaginar nunca así que cuando hay noticias del abogado me tiembla todo y me cuesta afrontarlo. Reúno fuerzas antes de leerlo pero no sin antes montarme películas, hago un intento de mirarlo, no me atrevo hasta que finalmente cojo valor abro el adjunto y leo el documento original que su abogado ha enviado al mío.
Realmente no había nada nuevo que añadir a la historia: que no me va a pagar ni un chavo, que a los niños les va a pagar una miseria y que me largue de la casa en la que él figura aún en el contrato como arrendatario, a la voz de YA!. Los detalles sólo acaban de hacerlo aún todo más perverso, pero me los ahorro.
El dinero ya es para mí una gran preocupación pero el que me ponga unos días de plazo para avisar al arrendador de que me voy de la casa, me perturba bastante. No estoy en situación de afrontar una mudanza, ni física, ni emocional, ni mucho menos, económicamente. Por momentos me siento en un callejón sin salida. Mudarme de casa ahora sin saber si voy a tener que venirme a España a la vuelta de unos meses me parece una locura, hacer pasar a los niños por todo ese trance teniendo en cuenta todo lo que ya llevan a las espaldas me parece inhumano y que él quiera echarnos de la casa sólo por evitar tener que hacerse cargo de la mitad de la renta me parece grotesco. Es que ya ni pretendo que se haga cargo de la mitad del alquiler pero al menos podría decírmelo y mirar la manera para que yo pueda seguir viviendo e ir viendo cuando es el mejor momento, tal vez cuando encuentre un trabajo, para poder inhibirse del contrato.
En breve vuelvo a casa y vuelvo dispuesta a luchar por lo que es mío y aún más por lo que es de mis hijos. Un par de cientos de euros pueden ser la diferencia entre poder vivir relajadamente y felices o que se me quiebren las ganas de vivir y viva en un infierno o todo lo que está entre medias.
viernes, 23 de agosto de 2013
Día 10
C'est fini...
Hoy es el último día que se lleva a los niños y ha vuelto a ser duro ver cómo los pequeños le esperaban y él volvía a permitirse llegar casi quince minutos tarde. Mis hijos por suerte no controlan los tiempos pero si yo procuro que a menos cinco ultimemos detalles, eso les da un punto de referencia a mis hijos, reconocen cuando están esperando y se les hace pesado, cosa que no me hace ninguna gracia que añadan a su cofre de recuerdos de su infancia. Este aspecto, la puntualidad, quiero que sea algo que quede claro en el acuerdo. Y no hablo de no permitir que llegue ni un minuto tarde, que dadas las circunstancias estaría justificado que así lo reclamase, pero a lo que me refiero es que puesto que no hay ningún interés común que nos una, a parte de nuestros hijos, y nuestras vidas siguen caminos separados, lo suyo es que nos tengamos respeto y dentro de este concepto respetemos el tiempo del otro. Si llega tarde, que nos puede pasar a cualquiera, que avise, al menos que lo comunique y que sea algo realmente excepcional.
En cualquier caso ya ni se disculpa. Y yo que pensaba que las patéticas excusas eran lo peor del mundo.
Los niños volvían a oponer resistencia a la idea de irse con el padre. Creo que el mayor piensa que algún día conseguirá que me vaya en el coche con ellos y que la amiga de papá y su hijo, como me dijo ayer, se queden en casa. Espero que pronto se desprenda de esa esperanza y todos aprendamos a ser felices con la situación que vivimos. Sólo deseo ver a mis hijos crecer felices.
Yo me he pasado otra mañana la mar de entretenida y emocionante con unos buenos amigos. Después de comer, a casa, que me traía a los niños y esta vez sí me ha avisado de que llegaba con retraso, supongo que estaba de buen humor o se habrían alineado Saturno y Uranio o quién sabe qué habría pasado para que haya caído en la cuenta de avisarme.
Hemos pasado una tarde en casa de una buena amiga y hemos disfrutado de una tarde de juegos y tranquilidad. Algo en mi interior sentía tristeza y desánimo pero no atino a adivinar el qué.
¿Tristeza a cuento de qué?
Supongo que aunque haya sido doloroso también tiene que ver con el hecho de que mañana ya no hay más recogidas, ni más retrasos, ni más exigencias estúpidas por mensaje, ni más ver pasar al que fue mi marido y su novia con el coche por delante de mis narices, ni muchas otras cosas; tiene que ver con el hecho de que se acaba algo otra vez. Y la cuestión es que también me ilusiona la idea de volver a nuestra pequeña rutina aunque sea por poco tiempo ya que en una semana volamos a casa de vuelta.
Supongo que la mezcla de emociones, de sensaciones es la que me tiene el cuerpo así.
jueves, 22 de agosto de 2013
Día 9
Hoy los recogía a la salida de la escuela de verano y el padre ha sido puntual, tanto que cuando he llegado ya estaba allí con mi hijo. Él no lo puede sacar porque no está autorizado pero ya estaba allí. Las educadoras me han preguntado si vendría el viernes y mi respuesta a falta de más información ha sido que sí, a lo que él se ha apresurado a decir que -como tenía que dejar el piso y resulta que...- le he interrumpido en seco y le he preguntado, ¿te vas a llevar a los niños?, Sí, ha contestado y se lo he confirmado a las profesoras de David. ¿Sería tan difícil poder tener las cosas algo organizadas y planificadas?
Los niños volvían a no querer irse con él y me he pasado veinte santos minutos convenciéndolos y no sé por qué lo hago sinceramente, supongo que porque ahora me siento vulnerable, nada respaldada, no hay acuerdo alguno y la ley en sí no me da mucho margen a tomar decisiones unilaterales aunque sean en pro del beneficio de mis hijos. Debo entregarle a los niños caiga quien caiga. ¡Fantástico!
He pasado una tarde maravillosa con unos amigos maravillosos en un entorno maravilloso. Puedo sentirme agradecida porque tratando con ellos todos estos temas he llegado a conclusiones muy interesantes y estoy trabajando mucho mi autoestima y mi yo para reforzarme y salir adelante airosa. Hoy ha sido una tarde muy productiva, además eso me ha llevado a estar de buen humor y de estar entregada a mis hijos cuando han llegado. Se han portado muy bien y se han dormido cuando he dicho sin oponer demasiada resistencia. Les adoro, aunque a veces sienta que me las hacen pasar canutas. Sólo por estas sensaciones como las de hoz, merece la pena todo lo demás.
¡Arriba Inés! ;)
miércoles, 21 de agosto de 2013
Día 8
Hoy ha venido a buscarlos para llevárselos todo el día y celebrar su cumpleaños, ha llegado con retraso pero esto ya empieza a ser lo normal. En principio no querían irse con él pero en cuanto ha empezado a decirles dónde iban a ir y los regalos que iban a recibir, mis hijos, sobre todo el mayor, no han podido negarse.
El padre y yo no nos comunicamos a penas nada, me he dado cuenta de las conversaciones que teníamos eran debidas a mi iniciativa de tratar algún tema. No me dice ni dónde van, ni qué hacen, ni qué han hecho ni nada. Siento que cuando mis hijos no están se crean agujeros de tiempo, es como si la vida no siguiese normalmente. Es una sensación extraña.
He pasado el día bien, o al menos hasta que una de las invitadas al cumple de David me ha enviado dos fotos de mis hijos, me he puesto a llorar y le he agradecido mucho que lo haya hecho. Los veía y estaban bien y bueno, me recordaba toda esta situación que estoy viviendo y me hacía pensar en que yo me perdía cosas continuamente pero me alegré de ver sus caritas y saber que estaban bien.
Han llegado algo más tarde porque los miércoles trabajo un rato por las tardes y ya venían dormidos, exhaustos imagino de tantas emociones. Han vuelto a pasar todos delante de mis narices para dejarla a ella y a su hijo a escasos veinte metros de donde yo estaba y traerme a los niños. Hoy no me ha resultado tan gracioso como el otro día, pero patético sigue siéndolo.
Estoy tristona.
lunes, 19 de agosto de 2013
Día 6
Hoy tenía que recogerlos a la salida del cole de verano del mayor y ha llegado con quince minutos de retraso. Estábamos esperándole y mi hijo mayor me ha dicho que no quería ir con su padre, el pequeño que se estaba despertando de su siesta en el coche tampoco quería despegarse de mí.
Entre tanto ha llegado su padre y ante la negativa de los niños, su solución ha sido hacerles más presión e intentar encandilarlos con cosas materiales, presión que no surtía efecto. Después de varios minutos dejando que fuera él el que les convenciese, le he pedido que me dejase a mí hablar con ellos, pero no me escuchaba por lo que yo intentaba tranquilizar al pequeño mientras el mayor se veía atosigado por la presión de su padre. Finalmente he conseguido coger el timón de la situación y después de hablar con mis pequeños y decirles que se lo iban a pasar muy bien y que mamá se iba a esperarlos a casa, se han quedado con morritos pero sin llorar.
Ha sido realmente difícil, me alegro de que me tengan tan presente y de que todo lo material no sea más que eso, cosas que impresionan los primeros días pero que transcurridos los cuales adoran volver a su rutina, sus normas y su mamá.
He pasado la tarde en la peluquería con el teléfono en la mano y pensando en que se lo estarían pasando bien, me lo repetía una y otra vez. También me preguntaba por qué si él hace todo tan a la tremenda, no nos da dinero ni si quiera apoyo real, yo tengo que estar a la altura y no poder decirle, los niños se quieren quedar intentémoslo mañana otra vez o en otro momento. Me resulta todo muy injusto.
A la vuelta les esperaba ya desde menos cinco en la puerta de la calle para darles la bienvenida y decirles que mamá había hecho hamburguesas con patatas para cenar. No de esas que se compran en restaurantes fastfood, no, de esas que se hacen en casa, con diferentes ingredientes y con mucho amor.
Cuando han llegado a la puerta de la finca han pasado todos de largo, todos, incluida ella con su hijo, que miraba hacia la entrada de mi casa y cuando me ha visto ha girado la mirada. Han parado en un camino vecinal que hay a escasos veinte metros de la entrada donde yo esperaba y se han bajado del coche para después traerme el padre a los niños sin el resto de la familia dentro. Cuando ha llegado, no me ha comentado nada y cuando se ha ido, mi hijo me invitaba a ir a saludar a la amiga de papá, están aquí alado me decía, cuando le he dicho que mejor que no y le he instado a volver a casa a comer ricas hamburguesas me ha dicho que esperásemos un momento para decirles adiós por lo que al cabo de dos minutos, pasaban nuevamente por la entrada de la finca y les hemos dicho adiós. Vergonzoso. Siento vergüenza ajena.
Mis hijos han vuelto contentos, se lo han pasado bien pero como ya le pregunté ayer si quería quedarse alguna vez a dormir con papá hoy me ha dicho que se lo ha pasado bien pero que a dormir con mamá. ¿Qué estoy haciendo? Debería mantenerme recta como un palo y no dejar que sus sinsentidos asolen nuestra tranquilidad sometiendo a mi hijo a la presión de decidir si quiere o no, ir a dormir con su padre.
Por mi parte, he decidido no pedirle nada más, no discutir nada más. Pedirle algo es darle una invitación a que me hiera, a que me humille, a que me haga discutir delante de los niños y no se lo voy a permitir. Ahora son tiempos de tensión y espero que a la vuelta de unos meses todo esté más tranquilo y podamos normalizar algo la situación.
Estos días también me están haciendo recapacitar mucho y darme cuenta de muchas cosas. Confío en que me ayudará en el futuro.
Permanezco positiva.
viernes, 16 de agosto de 2013
Día 3
Ha llegado a recogerlos y los niños se han ido felices y contentos, lo llevaban deseando desde que se han despertado.
Mi día ha sido algo ajetreado pero he disfrutado de unas horitas de buena compañía y buena conversación en la playa y me he vuelto a casa contenta.
Ha traído a los niños algo más tarde pero me había avisado y todo bien. Lo malo es que vuelven muy alterados, fuera de sí, no atienden a mis indicaciones, lo que hasta ahora eran normas y reglas que cumplían sin problema ahora no sólo no lo hacen, si no que hacen todo lo contrario. Ayer el pequeño lanzó el vaso por los aires mientras comía, el mayor tiró una estantería pequeña que tiene en su cuarto y se ha dormido a regañadientes cuando eran ya pasadas las once y media de la noche. Me he tenido que enfadar con ellos y llamarles al orden más de una vez, incluso con amenaza de inminente castigo, pero nada.
Sólo me preguntan cuando va a volver papá y si va a volver pronto por lo que le he pedido al padre que por las mañanas venga una hora antes y no ha habido suerte, me ha dicho que está muy lejos y que si viene una hora antes, también los trae una hora antes. No entiendo nada.
Voy a ver si recojo un poco este desastre de casa que han dejado en un par de horas para que al menos si me tengo que levantar en mitad de la noche, no me pegue un topetazo, que ya sería lo que me faltaba.
Queda una semana, pese a lo positivo de que los niños estén tan ilusionados con él, yo noto que no estoy recuperando muchas fuerzas aunque estoy decidida a aprovechar cada minuto y poner la mente en blanco.
Sobreviviré.
miércoles, 14 de agosto de 2013
Día 1
Me he pasado la mañana muy nerviosa, casi tres meses sin verle personalmente y además con el aliciente de mirarle y saber que lleva un año engañándome y que mis sospechas han sido finalmente confirmadas.
Al recoger a los niños me he percatado de que a parte de las sillas para el coche de los niños, llevaba otra silla más. Cuando mi hijo se ha apresurado a preguntar le he contestado que era para el hijo de la amiga de papá. Mi indignación era mayúscula, venía con su otra familia a visitar a sus hijos y a parte de pensar que, es posible aunque espero que improbable que les afecte a mis hijos, para mí, que aún siento y padezco, ha resultado ser demoledor.
Me he pasado horas llorando. Llorando por la realidad que vivo, por la soledad que produce no tener a mis hijos cerca y la frustración de no poder disfrutarlos al tiempo que el padre como la familia que fuimos alguna vez.
La tendencia es siempre a pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, me hago cargo y me embarco con los ojos cerrados en imaginar que el futuro que me espera me traerá cosas bonitas.
Los niños han vuelto contentos y diciéndole hasta mañana a su padre. Aunque el dolor que siento es importante, me reconforta ver a mis hijos contentos y felices.
martes, 13 de agosto de 2013
Día 0
Hoy llega el padre con su novia a España, dejó en el aire si vendría a verlos o no pero dijo que llamaría, no ha llamado y al decirle que era tarde y si pensaba llamar debía hacerlo antes de que los niños se preparasen para ir dormir me ha dicho que ha sido un día largo y complicado y que ya nos veríamos mañana.
Debería haber visto alguno de mis días para saber realmente lo que es un día largo y complicado.
lunes, 12 de agosto de 2013
A un día...
No llamaba a la hora acordada y parece ser que no lo había entendido bien. El que no llamase junto con mi preocupación por no acordar detalles o explicarle ciertas cosas importantes sobre los niños me preocupaba y me enfadaba al mismo tiempo así que decidí llamarle.
Estuvimos una hora hablando y supongo que todo lo hablado me llevó al subsuelo. Después de hablar con su abogado aceptó que ya NO es sólo una amiga y cuando le dije lo mal que me parecía que la trajera a ella a su visita a los niños me contestó que las vacaciones las disfrutaban juntos. Por un momento me sentí como la amante que le exige a su pareja casada y con hijos tiempo para ella misma. Sigo pensando que ha perdido la cabeza aunque en su esfuerzo de justificar el patético comportamiento que ha manifestado este último año dijo que llevábamos desde hacía tiempo discutiendo mucho pero que lo íbamos sobrellevando porque él cedía en todo. Sigue con su actitud cobarde y sigue haciéndome daño.
He pasado una tarde muy mala, muy muy mala, el peso de los niños cuando vas llorando por los rincones es aún mayor y por si eso fuera poco, los niños que se percatan de todo estaban aún más nerviosos y alterados.
He puesto horarios y condiciones que bajo ligeras modificaciones ha aceptado. Ahora ya sé que los niños estarán con su novia y a más de una hora de distancia cuando estén donde se aloja el padre.
Hoy por primera vez he sentido que se ha ido y que no volverá jamás. Supongo que aunque estaba claro, un resquicio de mí esperaba que un día despertara siendo consciente de todo el dolor producido y se esforzase en enmendar los daños, que no le sería fácil pero hubiera sido reconfortante el esfuerzo y el reconocimiento.
domingo, 11 de agosto de 2013
A dos días...
La situación en sí misma lejos de mejorar ha empeorado, la comunicación es mala o nula si tenemos en cuenta que o me responde que lo hablará con su abogado o sencillamente no me responde.
Más allá de exigencias que considero justas, como qué va a hacer con los niños, dónde va a estar con los niños o quién va a estar con los niños ahora lo que me produce cierta ansiedad es el hecho de que necesitaría contarle cómo son sus hijos a día de hoy.
Digamos que todo se desmoronó a finales de febrero, entonces empezó a evadirse de sus responsabilidades en casa y a evadirse más concretamente de sus responsabilidades como padre justificándolo en el volumen de trabajo. Más allá de que fuese cierto o no, la cuestión es que lleva seis meses sin tratar mucho con sus hijos.
Cuando la separación fue un hecho, recogía a los niños una tarde de la guardería y pasaba unas horas los fines de semana con ellos. A eso sumémosle que llevamos dos meses y medio en España y las comunicaciones por Skype no son del todo fructíferas.
En todo este tiempo mi hijo pequeño ha hecho el cambio de bebé a niño, ya no utiliza pañal, come él sólo y además detesta que quieras robarle esa autonomía, por no hablar de la cantidad de vocabulario que ha adquirido, principalmente en español y versionado, claro. Su hermano mayor también ha hecho cambios y no sólo físicos.
Son cosas, algunas tal vez sin importancia pero que los convierten poco menos que en desconocidos. Hasta ahora yo estaba pataleando en la lucha de amortiguar ese choque que tal vez se pudiese llegar a producir cuando estos tres desconocidos se hallen solos.
Lo positivo es que he llegado a la conclusión de que es algo de lo que aunque quiera, no me puedo hacer cargo. Amortiguar ese choque es algo que no me pertenece y que lamentablemente tampoco puedo evitarle a mis hijos a los que espero que les afecte tan poco como otras cosas que pensé importantes y al final resultó no serlo tanto para ellos.
Recuerdo algo que me contaba una amiga de Alemania que se estaba separando al tiempo que yo, que me explicaba que su terapeuta le decía que cuando dejase al niño con su padre, dejase que fuese él el que tomase las riendas y no le dejase la comida preparada para el niño, a lo que ella me dijo "es que no puedo soportar pensar que le va a dar patatas fritas con ketchup para comer". He pensado en esto muchas veces y ahora le contestaría a mi amiga que deje que le haga lo que quiera, es su padre y pronto ya no tendrá que ser la madre la que le diga que eso es una porquería, si no que será su hija la que le diga, "papá no quiero esa porquería" y ahí sí que se darán reacciones. O no, pero eso sigue siendo una responsabilidad que seguimos sin poder asumir.
En definitiva, dejo que llegue el día y que se lleve a los niños sin mirar atrás. Tal vez el choque que imagino no sea tal y de haberlo, que cada uno saque sus propias conclusiones, incluidos mis hijos que son fuertes y listos y lo que es aún más importante, tienen a una madre que los espera para cubrir cualquier carencia que manifiesten.
Y dicho lo cuál toca hacerse cargo de esta propaganda libertadora y ponerla en práctica.
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