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lunes, 9 de marzo de 2015

Hombres

Este mes hizo dos años que me separé, es increíble cómo pasa el tiempo. 

Ahora tengo algo de perspectiva sobre cómo he vivido mi reinserción en este mundo de las relaciones personales. 

Supongo que el vacío que me dejó mi marido, me hizo reaccionar como un animal salvaje, al que le acaban de soltar de su cautiverio. Es para mí todo un reto aceptar esto, no lo veo natural ni lógico. 

Siempre había pensado que después de semejante trauma, querría estar un tiempo sola, apartada de la arena sentimental, pero como digo, salí cómo caballo desbocado en busca de alguien que me llenara ese vacío. Por supuesto, cometí muchos errores, es lo que tiene no respetar los tiempos necesarios.

He tenido contacto con algunos hombres, con algunos de ellos con un carácter más de relación duradera y con otros no tanto. Mi naturaleza me sigue llevando buscar a "ese hombre", pero poco a poco me he ido resignando y desencantando con la idea. 

Desde hace pocos meses me encuentro en una relación que me tiene algo desconcertada. Es un hombre absorbente, algo egoísta, deseoso de familia y por eso creo que acepta y participa de tan buen grado de mi vida familiar, lo cual es algo positivo también pero me siento inmersa, de repente, en una relación con ya años a sus espaldas. Como en todo, hay cosas buenas y cosas malas, pero yo siento que me falta la emoción, la pasión y esa atracción y necesidad de tenernos. Y eso me lleva a sentirme de lleno en un mar de contradicciones. Lo que si tengo claro es que si esta vez no funciona, me daré un tiempo de desconexión, tomaré distancia y recobraré fuerzas. Haré recuento de todas esas experiencias en los últimos dos años, tranquilamente, respirando profundamente y voy a sentar esos cimientos tan necesarios para mi propia estabilidad mental. Lo estoy haciendo ya de hecho, pero no con toda la concentración que ese proceso merece. Para eso, debería antes dejar lo que tengo con él...

La decisión no está tomada. 

lunes, 22 de julio de 2013

La noche de los fuegos

Ayer nos estábamos preparando para ir a ver los fuegos artificiales y con prisa porque teníamos que irnos. Yo estaba tendiendo la ropa y poniendo otra lavadora, dándoles de merendar a los niños y sin darme cuenta, pisé un clavo y qué clavo señores. Me atravesó el zapato y se me clavó en el pie, llamé a un servicio de consultas sanitarias para saber que tenía que hacer porque el clavo estaba oxidado y me dijeron que tendría que ir al centro de salud. ¡Fantástico! 

Me lavé bien el pie y limpié todo el rastro de sangre que había dejado, me acabé de preparar, vestí a los niños y puse rumbo al ambulatorio. 

Al llegar le expliqué a la de admisión y pasé a la sala de espera, al poco tiempo me llamaron y entré, era el médico de urgencias, me miró el pie y me dijo que no era nada pero que por precaución me pondrían la vacuna del tétanos, así que le enseñé mi mejor nalga entre bromas porque yo pensaba que me la pondría en el brazo y poco después charlando de cuatro tonterías nos dimos los teléfonos y quedamos que le llamaría.

Me fui para casa feliz como una perdiz pensando en a qué hora vendrían mis padres ese día de trabajar para poder liberarme de los niños e irme a tomar algo con el guapo médico majetón y al llegar a casa mi madre que se había preocupado por mi percance, dijo que volvió antes y que ya se quedaría en casa. Entonces vi la oportunidad y le dije si podría quedarse con los niños, que se habían dormido por el camino, para poder salir yo a tomar algo y me dijo que claro. 

Le mandé un mensaje al doctor y quedamos, todo fue genial. Bueno todo menos por el hecho de que en lugar de un guapo médico me atendió una señora de unos cincuenta años con el humor justo para acabar su turno. En realidad tampoco me pudieron poner la vacuna porque había una lista de espera de dos horas en urgencias, por lo que decidí irme sin vacuna ya que después de preguntarle mi hijo si tenía juguetes, la señora le contestó muy seca que no y vi claro que era un suicidio intentar esperar allí ese tiempo.

Llegamos a tiempo a los fuegos, los vimos, nos fuimos a casa alrededor de las doce y mis padres no habían llegado todavía, acosté al pequeño y poco después al mayor y aquí se acaba la historia. ¡De sueños también se vive!

sábado, 20 de julio de 2013

Historia de un idiota (y otro)

Lo bueno de haber pasado ya por circunstancias similares, aunque el escenario cambie, es que lo detectas al vuelo y así ha sido.

Hace un par de semanas iba caminando por la calle y me encontré a un antiguo compañero de trabajo que hacía años que no veía. Me alegró verlo y bueno, ante la pregunta obvia de qué tal todo y que hacéis por aquí y después de decirle que pasábamos todo el verano en España, llegó la siguiente pregunta obvia que fue "Y tu marido?" Nada, yo le conté brevemente lo que había sucedido sin detalles y de forma muy aséptica. 

Como se trataba de un breve encuentro fortuito y además yo andaba con los dos niños trepándome mientras intentaba responder a sus preguntas, hablamos de quedar un día sin niños (ojo, que lo dijo él) y así poder ponernos al día. Él también se separó pero no tiene hijos.

Lo cierto es que yo soy la primera que necesita estar un rato aunque sea, sin niños, pero que a otra persona parezca que le estorban, eso ya me resulta molesto. No sé, sensaciones.

Intercambiamos teléfonos y de ahí a empezar a hablar por Whatsapp pasaron segundos, lo prometo.

Partamos de la base que yo no sentía ningún tipo de atracción por el muchacho, era simplemente nostalgia, aprecio por el tiempo que habíamos pasado juntos como colegas de trabajo y bueno, si se presentaba la ocasión de pasar un rato charlando mientras me tomaba algo tranquilamente pues fantástico. Res pus.

Yo ya empecé a notar cosas raras por Whatsapp pero no tardó en aclararlo mediante bromejas de las que posteriormente se retractaba atribuyéndolas a intentar hacerme reír para quitarle hierro al asunto. ¿Quitarle hierro al asunto? pensé, ¿de qué me está hablando?

Después de intercambiar alguna que otra broma más, concretamos un día y eso sí, previa aclaración de que pagábamos a escote, que yo pensé "obvio, ¿o éste no se ha quedado con la parte de que vengo de pasar cinco años en Alemania?" En España creo que está más instalado lo de -hoy te invito yo, ya me invitarás tú a la próxima- pero en Alemania mi experiencia es que se suele hacer sistematicamente getrennt.

Quedamos y aunque pudimos charlar amigablemente recordando al "lince" de nuestro antiguo jefe, hablando de nuestras batallitas y alguna que otra metedura de pata, también es cierto que de vez en cuando metía pullas como "ay, qué guapa te veo, después de años sin vernos, tener dos hijos te veo aún mejor que antes" o tras comentarios que pasarán a la historia como, "venga te invito a una copa pero yo sólo invito a copas si hay sexo después" a lo que se apresuraba después a rectificar atribuyéndolo a que era broma para que me riera un poco. Pues es que no me hacía ni puñetera gracia pero simplemente le dije, "oh, qué lástima, pero es que tengo que conducir a casa". 

Nada, poco después acabó nuestro encuentro y aunque hace unos días nos encontramos en la gasolinera repostando y me dijo que teníamos que volver a quedar, le dije que ya miraríamos de quedar y bueno, ahí quedó la cosa.

Siento que me he vuelto a meter en la boca del lobo otra vez, esta vez me he visto más ágil pero ¿cómo puede ser que pegue con semejantes personas aún sin tener ninguna pretensión de nada?. Al menos el primer idiota despertó en mí cierto interés, pero pasar por semejante bochorno sin que te interese un pimiento tu interlocutor, es de lo más innecesario. 

Bueno, supongo que un día de estos, aunque sólo sea por estadística, podré tener un encuentro con alguien que me parezca interesante y que me vaya a casa pensando, ¡ha estado bien!


jueves, 18 de julio de 2013

Adaptarse a la marea

Es ahora cuando me doy cuenta que el mundo en el que vivimos está pensado para la vida en pareja o en el caso de las familias, para familias bienavenidas y a poder ser, con dos hijos. Ese parece el estereotipo para el que la sociedad está predispuesta.

Como hasta ahora más o menos me encontraba dentro de dicho estereotipo pues lo vivía con naturalidad pero es ahora en el que parece que ciertas cosas no encajan a la hora de, por ejemplo,  hacer una reserva de hotel. También te das cuenta hablando con alguien, que siente lástima por ti por haberte separado y verte con dos hijos. La verdad es que a veces, es difícil estar sola con dos niños pequeños y como me decía una madre el otro día haciendo aspavientos, "me da ansiedad sólo de verte" :) Realmente no es para tanto y mis pequeños hombrecitos son el sueño de toda madre, menos cuando el mayor se declara en rebeldía y me dice que está mu mU MU enfadado conmigo y entonces hace justo lo opuesto de lo que le pido o el pequeño se empecina en hacer algo altamente peligroso y para demostrarme que no está de acuerdo con mi decisión unilateral de no dejarle trepar por escaleras de obras o similares, me pega un mordisco en el hombro que me deja un hematoma una semana. ¡Angelitos!

El tema también está en que de apetecerme reanudar cualquier relación personal con otro hombre, en la treintena es harto complicado, no por la edad en si, si no por el hecho de que a esta edad están todos sentando la cabeza con sus respectivas hermosísimas e inteligentísimas novias. Que bonito es el amor...

Leí un libro muy interesante del nada más y nada menos, Eduard Punset que se titulaba como este post y que yo hoy cojo prestado para hablar de mi marea particular. Me adapto, poco a poco me adapto y lo bueno de salir de esa burbuja de felicidad en la que me había instalado, es estar aprendiendo que hay muchas formas de ser feliz y que aunque yo no me sienta con argumentos para decirlo ahora plenamente, si puedo decir que me siento en el camino para conseguirlo.

viernes, 12 de julio de 2013

Historia de un idiota (otro)

Hace un par de meses estaba yo saltando de felicidad porque había conseguido meterme en mis vaqueros pre-embarazos y sentía que me iba a comer el mundo cuando de repente...


Tocan el timbre, era el transportista que había venido los tres últimos días a traer paquetes, principalmente para vecinos que no se encontraban en ese momento. Me parecía mono y poseída por esa sensación de comerme el mundo le dije que me iba a tener que compensar por estar haciendo parte de su trabajo, me dijo que qué quería a cambio y le dije que yo qué sabía, que al menos se le podía ocurrir a él, o algo por el estilo. Me dijo que le diese mi número de teléfono y pensaría algo. Así lo hice. 

Empezamos a hablar por WhatsApp y la cosa no empezó mal pero fue decayendo por momentos. Me dijo que a ver si quedábamos, hasta aquí bien y le dije que fuésemos a cenar algún día o a tomar algo y me pregunta si busco una relación seria, ¡Yo qué sé! le digo. ¿Es normal que después de pocas frases después de haber conocido a alguien, cuando ni si quiera sabes si vas a pasar a algo más que a tomar un café, te pregunten esto? Me responde que él sólo quiere sexo ¡Toma del frasco, carrasco! Pues es que el tema era obvio, pero el haberme pasado diez años fuera del mercado trae consigo la falta de práctica.

En fin, le digo que muy bien que yo no estaba buscando hombre casadero precisamente pero que si eso iba a pasar o no, ni lo sabía ni me lo quería plantear ahora mismo y que antes de pensar en nada más, si quería, nos tomábamos algo o no, y lo dejábamos estar porque no estábamos en la misma línea de acción.

Me dice que no, que no y que hablamos y lo que sea, que se siente muy atraído por mí y que quiere conocerme y que luego ya veremos y si no, amigos, me dice el muy sin vergüenza! ;)

La cuestión es que vuelve a la historia de que bueno que él quiere sexo y empieza a preguntar impertinencias y cosas íntimas. Pese a las ganas de relacionarme con alguien y tomarme una copa y reírme, llego a la conclusión de que no va a ser con éste y con buenas palabras le digo que Ciao bello!

Me dice que le disculpe y que le dé una oportunidad, a mí esto ya no me sonaba muy bien pero lo dicho, tenía ganas de no ser sólo madre a jornada completa, quería salir y tontear un poco con alguien. Le digo que venga, que vale, que quedemos pero que tenga claras mis aspiraciones y que paso de nada más que no sea charlar y pasar un buen rato. Esto no se debe tener que decir y si lo tienes que decir es porque es un idiota y no hay que prestarle más atención, pero de eso soy consciente ahora.

Quedamos y como era de esperar, lo único que le interesaba era tener sexo  y además, así en plan vamos ya a la cama. Yo alucino y pienso, más claro no le puedo haber hablado, qué coj... le pasa a este tío que no lo entiende. Y sin dejar que pase nada de nada, le digo que adiós y que ya hablaremos. 

Al rato me escribe y me dice que qué pasa ahora y le respondo NADA y le explico un poco el tema pero da igual porque no lo ha entendido y hace poco, estando ya en España, me escribió para decirme si cuando volviese íbamos a tener sexo (es que parece una broma) y le dije claramente que la regla de oro de la casa era no irse a la cama con idiotas. Tengo la sospecha, por sus mensajes posteriores, que a día de hoy sigue sin entenderlo pero una vez explicado el tema y bloqueado en Whatsapp, doy el tema por zanjado. 

Después de esta experiencia he sacado algo positivo y es que me he dado cuenta de que con el idiota de mi marido ya tengo suficiente y que por mínima que sea la posibilidad de que el tipo que tenga delante sea otro idiota, no merece la pena ni molestarse. Bastantes hombres habrá que aunque también acaben comportándose como unos idiotas, al menos al principio te seduzcan y merezca la pena que inviertas algo de tiempo y si no, me voy a tomar la copa sola, me voy al cine sola o me paseo sola, que mejor que yo, no me entiende nadie.

miércoles, 10 de julio de 2013

La vida vuelve a empezar

Cuando una ya creía que tenía su vida encaminada, cuando ya crees que tu futuro está más o menos escrito: has encontrado a tu príncipe azul, te has casado, estás creando tu familia, cuando has hablado  millones de veces del futuro próximo, del lejano, de envejecer juntos... Y lo que es peor, te lo has creído como una ingenua, comenzar de cero se vuelve más complicado.


Por lo pronto, cuando empieza a haber problemas y no entiendes que está pasando, sales a defenderte como puedes y a intentar hacer reaccionar a tu pareja con todas las armas que tienes a tu alcance. El problema en mi caso fue que mi príncipe azul ya había tomado una decisión. Entiendo que vivió en silencio, reprimido, la fase de duda y cuando tomó una decisión es cuando yo empecé a percibirlo y a intentar poner soluciones pero aunque yo no lo sabía, ya era tarde.



Cuando ves que nada de lo que puedas hacer va a surtir el efecto deseado, empiezas a aceptar que tu cuento de príncipes y princesas ya se ha terminado, que pasas al mercado de segunda mano y esto para mí fue especialmente duro. Vengo de una familia desestructurada que con los años ha tomado cierta estabilidad pero siempre pensé que costase lo que me costase yo elegiría al bueno, a uno que me respetase, me quisiese, que fuese un compañero, un apoyo y que sería la persona con la que construir mi proyecto definitivo. Pensar en ser una madre separada me aterraba, lo pensé fugazmente, no es que reflexionase mucho sobre ello pero cada vez que alguien me decía que se había separado se me ponía el vello de punta. Imagínate cuando te toca a ti.



Superas esta fase de soy un desecho social, porque entiendes la vida como fases lineales que se suceden las unas a las otras entrelazándose, y decides que pese a todo, que pese a ser una mujer separada eres una mujer y ya es hora de recuperarse a una misma. Empiezas la fase de recuperación, de intentar recuperar ese físico de antaño y a recuperar todas esas cosas que un día tuviste y fuiste apartando con el paso del tiempo. Esta fase te proporciona una falsa euforia, crees que ya está que tu camino hacia la recuperación ha llegado en tanto ya te estás centrando en ti pero luego empiezas a darte cuenta que este camino que estás siguiendo es como una montaña rusa.



Cuando te estás empezando a recuperar a ti misma y abres los ojos al exterior, te das cuenta de que hay un mar de posibilidades. Conocer gente, conocer a otras personas y de repente, se apodera de ti esa necesidad de estar con otros hombres. A mi me sucedió de una forma curiosa, me venía esa idea de tontear con otros hombres de una manera recurrente pero yo me pasé dos semanas sin prestarle atención y reprimiendo ese pensamiento. Después de unas semanas lo hablé con varias amigas, temía sus reacciones, tal vez temía que me juzgaran, que pensaran ¿Qué clase de persona que se acaba de separar involuntariamente está pensando tan precipitadamente en otros hombres?. Al contrario de todo esto y pese a la sorpresa, mis amigas me animaron a vivir, a entender mis necesidades en ese momento y bueno, a ser prudente también con todo este maremágnum de sensaciones.



Reconozco que me sentí liberada.



No pasaron muchos días hasta que conocí a un idiota que me devolvió a la senda. No pasó absolutamente nada relevante pero ya os contaré, yo me he reído mucho con esta historia.



Vuelta a la senda empiezas a pensar que el mundo está lleno de personas, de todo tipo, y piensas ¿Si he estado diez años casada con un idiota y no me he dado cuenta, cuántos idiotas más podré encontrarme?. Forma parte del proceso. Llegada a esta conclusión y superada esta primera fase de euforia creo que ahora me siento más tranquila, instalando mis prioridades de nuevo, queriéndome a mi y a mis hijos por encima de todo, disfrutando de todo lo bueno que me ha dado la vida, que es mucho y muy bonito y relegando a la nada esas cosas feas que aunque también forman parte de la vida, cuesta aceptar.



Y en este momento es cuando mi percepción lineal se va a la porra y después de todo lo vivido, sientes que la vida vuelve a empezar.


lunes, 8 de julio de 2013

Autonomía

El camino para conseguirla no es pacífico pero se puede lograr de muchas maneras, con pequeñas cosas y con heroicidades varias pero en definitiva la cuestión es seguir ese camino que nos lleve a recuperarla.

Yo estoy en ello.

Al principio de mi separación no podia concibir la vida sin mi marido, no era posible, en esta fase incipiente de nuestra separación no quería ni oír hablar de la posibilidad de no envejecer a su lado (¡Pues menuda tontería!).

Cuando acepté la idea de que no iba a volver, cuando la acepté realmente, empecé a considerar otras posibilidades (siguiente fase) pero si bien es cierto que fue placentero sentir que había dado un gran paso en ese sentido, es decir,  la aceptación de mi separación, vino otro inconveniente, empecé a sentir la necesidad de buscar sentirme deseada, querida, apreciada, de que le importaba a alguien. ¿Eso no es precisamente buscar autonomía, no? 

Por suerte (?) no he encontrado (tampoco he buscado activamente) nadie que merezca la pena. No sé qué me debía pensar, que los hombres interesantes pasan por tu lado y te dicen -Hola preciosa ¿quieres tomarte un café conmigo?-. De hecho, lo más cerca que he estado de algo así es que un mequetrefe me pidiera el teléfono y antes de que pudiéramos tomar un café, lo mandé a la porra. Ha habido otras experiencias que no han pasado de unas miradas de complicidad y poco más, esto ha sido divertido. Un día me gustaría contar cómo he vivido esto de estar otra vez en el mercado tras mi separación, toda una experiencia (que acaba de empezar).


La cuestión es que tras este impulso de relacionarme ha venido otro que me empuja más a no centrarme tanto en esto (¡bien!), voy a seguir mi camino a la autonomía o a intentarlo, y cuando me sienta entera o al menos un poco más ya aparecerá algo interesante que disfrutar.



En fin, alles mit der Ruhe...