Mostrando entradas con la etiqueta gastos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gastos. Mostrar todas las entradas

jueves, 13 de marzo de 2014

48 horas tras el embargo

Vivo en Alemania, país que se enorgullece de ser uno de los países más garantistas en cuanto a servicios y coberturas sociales. Ya desde un principio tengo yo mis "peros" pero por lo general, me gusta y adoro el país en el que vivo. Me trata con cariño y lo que es más importante estoy resurgiendo de mis cenizas gracias a este país por lo que siempre tendré palabras de agradecimiento.

Dicho lo cuál, prosigamos. Resulta que por una deuda que realmente no me correspondía pagar a mí o no al completo, tengo mi cuenta bancaria embargada. Sin notificación, ni previo aviso. Eso sí, ayer, una semana después, el acreedor tuvo a bien comunicarme la situación, que ya era un hecho. No damos con el deudor pues vamos a expoliar a todo aquél que tenga relación alguna con éste. Wunderbar! 

No os negaré que después de todo lo sucedido y de que en su momento mi exmarido se diera a la buena vida con su nueva novia como si no hubiera un mañana (ni un ayer), me esperaba situaciones complicadas, acreedores "molestos" e incluso requerimientos judiciales pero esto, esto me pone en jaque. Si es ya de por sí complicado sobrevivir con un mísero sueldo y una mísera manutención, imaginaos si de repente ya no tienes acceso a un céntimo de tus ridículos ingresos.

Ya no hay maravillas que hacer, ya no hay posibilidades de hacer malabarismos para poderles comprar actimel a tus hijos a costa de comprar esas compresas barateras odiosas que nunca me imaginé comprando.  No hay nada que hacer, cero por cero, es cero. Ni un chavo.

No me detengo en mi lucha, ¡eso jamás!. Estoy dialogando con el banco para que, dada mi situación vulnerable de estar sola con limitados recursos y dos niños pequeños me den acceso a parte de mi dinero para poder cubrir necesidades básicas como puedan ser comer o pagar la factura de la luz. Sinceramente me resulta insultante que esto no sea obvio para cualquiera. Mi abogado está intentando solucionar o negociar con la empresa acreedora al tiempo que también intenta obtener una cantidad mayor a la que acceder en mi cuenta para poder hacer frente a los pagos como son el alquiler, luz, agua, teléfono, guarderías, comida de la guardería... en definitiva esos gastos fijos. Sin ir más lejos, la empresa de catering que trae la comida a la guardería de mis hijos, no ha podido realizar el cargo este mes en la cuenta por estar embargada y ya me han avisado de que a partir del 15 del mes actual, no les dan más comida a mis hijos. 

¿HEMOS PERDIDO TODOS LA PUTA CABEZA?

¿Estamos hablando de ofrecer alimento a dos criaturas de dos y cuatro años, no? ¿No estamos hablando de mi suscripción al club de campo o de las clases de piano o de tenis de los niños, no es cierto?

Ya me he descontrolado.

Respira hondo querida.

Con la ayuda de mi madre y mis amigas estoy pagando lo imprescindible para que nada de todo esto afecte a mis hijos, pagar guarderías, tener comida en la nevera o pagar el recibo de la luz. Así que bueno, mi indignación es mayúscula y en los dos últimos días no he podido dormir, estoy con fiebre y con un catarrazo que se ha instalado en mis bronquios y pretende acompañarme hasta el verano, pero también gozo de apoyo y eso es lo más importante.

Permitidme la osadía de decir que muchas veces me sorprende ver cómo sigo luchando contra viento y marea con la misma fuerza o más que el primer día. 

Pese a todo, no hay que perder de vista que poco a poco lo estoy consiguiendo. No puedo dejar que el árbol, no me deje ver el bosque.

#gogogo

domingo, 9 de febrero de 2014

Sigo sobreviviendo

Sigo sobreviviendo, que nadie se asuste. Mi cuenta fue bloqueada y como mi intención era la de preservar el anonimato y no contenía dato personal alguno pues se lo han tenido que pensar largo y tendido.

Estos dos últimos dos meses han sido intensos, ha habido cambios, muchas emociones pero mucho, mucho optimismo. Si no, de qué estaría yo aquí todavía dando parte de mi vida.

Mantengo mi trabajo, que no es poco y no sólo eso si no que además he ido evolucionando hasta estar bien considerada por personalidades importantes de mi empresa. Eso es bueno.

Ahora mismo opto sin muchas opciones, también sea dicho, a un ascenso que podría ser el trampolín a la tranquilidad económica que necesito pero bueno, surgirán más posibilidades, lo sé. Lo presiento.

El padre sigue con sus idas y venidas. Ve a los niños en el mejor de los casos dos ratos cada quince días, un rato el sábado y otro el domingo y poco más. No participa en nada, ni llama, ni se preocupa de nada. Asumido lo tengo.

Yo por mi parte siento que en los últimos tiempos estoy rozando el límite de mis capacidades y es por eso por lo que me puse en contacto con una agencia de Aupairs en internet para poder tener una Aupair. Si todo marcha, a finales de mes tendré la ayuda que necesito y podré trabajar algo más lo cual por el momento es genial porque podré ganar más dinero y ahora mismo, urge obtener más ingresos. Mantengo intacto mi calendario con mis hijos, es decir, este cambio permitirá que siga pudiendo levantarme con mis hijos, desayunar con ellos, darles la cena, achucharnos un poco después de cenar en el sofá y llevarlos a la cama. Los fines de semana compensarán el resto.

Sigo en marcha con gestiones y temas para obtener ayudas sociales pero no es fácil, NO ES FÁCIL. Me hacen perder mucho tiempo y energía pero es lamentablemente así.

Esto es una lucha constante pero no me preocupa. Yo soy una luchadora.


sábado, 21 de septiembre de 2013

Informe Semanal

Ya sabía que la semana iba a ser dura pero aún y cuando me preparo, sigue habiendo cosas que hacen que me vea superada. 

El lunes, se presenta el señor aporreando el timbre y mandando mensajes diciendo que sabe que estoy en casa y que le dé su router. No son pocos los que me decían dáselo y ya, pero es que resulta que ese día y con esas maneras me di cuenta de que no puedo someterme a sus "peticiones" sistemáticamente a cambio de la paz. El precio es demasiado alto y no va a hacer que su actitud cese, todo lo contrario. Sometiéndome a todo lo que pide sin rechistar por no discutir o exponer a mis hijos, alimento a la bestia y cada vez se siente con más fuerza para exigirme sin reparos.

Necesité ayuda, necesité que fueran a buscar a los niños a la guarde porque él estaba en la puerta esperando a que saliera, no para agredirme, pero sabiendo que tenía que salir, esperaba, imagino, presionarme hasta que le dejara entrar a por su maldito router. Que dicho sea de paso, ya que migraba su contrato a casa de su novia, al menos que me hubiese tratado con dignidad y no me corte los servicios con mala baba o si es así, acepta que vas a tener tu router cuando a mí me de la gana. A los tres días me lo volvió a pedir y se lo llevó. Fin de la historia (de ésta).

El martes llegaba una amiga a casa, se instala en la ciudad unos meses. Estuvimos para arriba y para abajo, y todo añadido a mi ritmo habitual. Lo sabía, lo predije pero no es nada que no haya hecho con gusto.

El miércoles me llamó una amiga porque una conocida tenía un puesto de trabajo disponible y conseguí una entrevista. Fue decepcionante aunque lo peor fue tener que rechazarla, ¡por Dios! con mi situación, rechazar una oferta de trabajo. La oferta consistía en 30 horas semanales, pagadas a unos 3,5€ la hora y 5€ la hora extra. Incluía trabajar sábados también y teniendo en cuenta que mi babysitter cobra 10€ la hora, por su trabajo durante los cuatro sábados del mes tendría que entregarle todo mi salario. No tenía sentido.

El viernes después de llamadas y mensajes conseguí una babysitter y después de mucho tiempo salí a divertirme y a reírme con un par de amigas, me vino tan bien, que hoy lo vamos a repetir. ¡Hay que aprovechar!

Hoy he tenido un encontronazo con una señora en el tranvía y la señora ha pagado todo el estrés que no siempre consigo canalizar de forma saludable. No es que no se lo mereciera, pero yo no me siento orgullosa de mi actuación. 

Ir en el tranvía con dos niños tan pequeños implica en ocasiones que griten, que se quieran poner de pie en el asiento o cosas por el estilo. Normalmente y pese, en ocasiones, a algunas miradas desaprobadoras, lo solemos conseguir sin percances, pero la señora de hoy ha entrado a matar. Me ha dicho que consideraba inaceptable que los niños pusiesen los pies en el asiento y dicho así, parece que yo miraba desde la otra punta del vagón como mis hijos saltaban descaradamente encima del asiento. No, yo estaba de pie, a su vera, pidiéndoles que se sentaran bien, que no pusiesen los pies encima del asiento, que no gritasen pero ella obviamente no me entendía. Dio igual, insistió y la miré con mala cara, a lo que de repente cogió y les habló directamente a mis hijos diciéndoles que eso los alemanes no lo hacen que eso sólo lo hacen los españoles. No fue que hiriera mi sentir patrio, ni tampoco fue su insistencia, imagino que debía ser una persona triste y con alto grado de frustración que no encontraba forma de canalizarlo si no era de esta manera. Lo que realmente hizo que empezara a echar fuego por la boca, que le pidiese que se bajase del tren si tenía problemas y que le dijera de todo en mi idioma materno, fue que se dirigiera a dos niños pequeños, que los intimidara, que utilizase esa forma de expresar su indignación. Me oyó en el tren y cuando bajamos le pegué una voz con algo que la dejaba en evidencia delante de toda la parada. 

Insisto, no me siento orgullosa, no lo volvería a hacer, fue todo fruto de mi nivel de estrés.

Y finalizada otra semana, me siento satisfecha pero aún no he cumplido el objetivo principal de encontrar un trabajo. Espero tener noticias esperanzadoras la semana que viene, mi tiempo se acaba.






lunes, 16 de septiembre de 2013

Presiones sumadas a los problemas

Resulta que a parte de dejarme sin suministros debo darle ¡A la voz de ya! cosas de la casa que parece que le pertenecen. Y las maneras no son adecuadas, me pide ayer que le entregue cosas y cuando le respondo que en cuanto pueda se lo prepararé sigue insistiendo para que le confirme lugar y hora y cuando le recuerdo que ya le he dicho que en cuanto pueda, que ya me parece mucho más de lo que él debería esperar, sigue insistiendo. Mi hijo de cuatro años no es tan insistente, y ya es decir.

Esta semana voy a estar ocupada prácticamente todo el día con gestiones e incluso auguro que los niños me tengan que acompañar en alguna ocasión, como para andar preparándole sus cosas. Mira, es que ya estoy llegando a un punto en el que el estrés me come, en el que vivo de redbulls para poder hacer (casi) todo lo que me propongo hacer. En el que tumbarme para relajarme un minuto me produce cargo de conciencia. 

Limpiar, preparar la comida, poner al menos una lavadora, comprar un candado para la bici, ir a la farmacia a por algo para las crosteritas que le salen al mayor en la cabeza (un champú hipoalergénico?), el pequeño necesita unas zapatillas más pequeñas las que le compré se le salen, ducharme!!!!, llamar a la empresa suministradora de internet para que me confirmen hora para la instalación (aún no lo han hecho y no puedo pasarme el día esperando a que vengan, no puedo)...

Voy a empezar por el principio y a repetirme cada diez segundos que esto pasará, que hay que pasarlo porque algunos lo han querido así, que venirme a bajo sólo va a inutilizarme y hay mucho que hacer. Mis hijos, mis hijos, mis hijos... 

Música para coger ritmo, una ducha y empecemos ¡vamos!

domingo, 15 de septiembre de 2013

Estoy perdida

Esto ya no hay por donde pillarlo. Mi exmarido ha perdido la cabeza y esto no va a acabar bien.

Llevamos más de dos semanas en Alemania y el padre todavía no me ha pedido venir a buscar a sus hijos y el contacto con sus hijos se reduce a dos interacciones (penosas) por Skype. Alucinada me tiene.

Estoy perdida, entre que llevo lo que va de mes apagando fuegos a golpe de transferencia para hacer frente a pagos básicos de la vida diaria (junto con los atrasos) como puedan ser guarderías, la comida de los niños en la guardería, las clases de natación de antes del verano, la luz que han gastado él y su novia este verano en nuestra casa y un largo etcétera; entre esto y su desvarío intentando por todos los medios hacerse con la mitad de nuestros bienes de la casa, sin pararse a pensar que se está perdiendo a sus hijos junto con el hecho de que está deteriorando ya no nuestra posible relación de amigos en un futuro, si no ya la relación que le va a tocar tener conmigo toda su vida por nuestros hijos en común.

Honestamente creo que está abanderando un despropósito tras otro. Creo que se ha subido a un tren del que ahora no puede bajarse, tal vez porque defraudaría expectativas de las personas de su entorno, porque piense que su única opción ahora es tirar para adelante porque venirse atrás le mostraría como un ser débil, o tal vez porque simplemente sea idiota.

Yo procuro no prestar demasiada atención a todo lo que no sea salvar mi situación, hacer frente, de momento con ayuda, a todas las deudas que afectan a mi día a día, a buscar trabajo, a mejorar en todo lo que pueda el idioma y por su puesto, en pensar en mis hijos y en mí, pero cada vez que giro la mirada a ver cómo está la situación lo cierto es que me asusto.

Supongo que habrá lugar para un post posterior que aclare tanta incertidumbre pero de momento, estoy perdida.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Momentazos de la semana

Esta semana ha sido de aúpa, entre casa, niños, llamadas, facturas impagadas y demás pensé que no salía. Pero aquí estoy dando fe de que no sólo he sobrevivido a mi primera semana en pleno mogollón si no que la acabo con una sonrisa en la boca y con el orgullo de sentir que le he echado un par al asunto.

En el ranking de la semana tenemos varios momentos de esos que he venido a llamar momentazos y que me alegra darme cuenta cuando pienso en ello, de lo que he sido capaz. ¡Y esto es sólo el comienzo!

Uno de esos momentazos fue cuando al llamar a la compañía de teléfono móvil éstos me dicen que qué factura quiero pagar si mi marido ha cancelado el contrato. Mi cara era un poema porque hacía dos semanas que me había dicho que iba a pagar la factura en breve y resulta que hacía un mes que había cancelado el contrato.

Seguimos, llamada a la empresa suministradora de electricidad. Hola, quería informarme sobre la situación de pago del suministro. Si, claro, le informamos que en tres semanas procederemos al corte del suministro. No tengo palabras para describirlo. Con dos niños en casa, me imaginaba encendiendo velas y representando una obra teatral casera de Pocoyo en aras de ofrecer a mis hijos la cantidad diaria recomendada de su estimado Pocoyo. Resulta que mi marido había enviado un escrito informando de que solicitaba la cancelación del contrato, nuevamente. No, no ha perdido el tiempo este verano, desde luego que no. Entre novia y bajas de suministros no le debe haber quedado tiempo para tomar el sol al muy gañán.

La natación del mayor. No es que lo anterior no tenga que ver con los niños directamente, es decir, tener línea de teléfono para poder hacer una llamada en caso de necesidad y sí, estoy pensando en la anécdota del poni, pues no me parece que no afecte a sus hijos porque podría estar exponiéndolos a un riesgo. Lo de la luz ya cae por si solo, pero que no pague la natación de su hijo y que la mujerina de la natación, al parecer, se haya pasado el verano llamándole y mandándole cartas avisando del impago, no tiene nombre. Nada, la llamé, le pedí disculpas, le pagué y no me quedó más remedio que explicarle que yo soy una de esas mujeres que le ha tocado pegar con un marido que se ha ido con otra y se comporta como un descerebrado y un irresponsable, lo entendió a la primera.

Momentazo fue ese también en el que me manda un mensaje a las seis de la tarde diciendo que va a venir a las ocho de la tarde a ver a los niños y a recoger su correo. Así, tal cual, ni si te va bien, ni si a los niños les irá bien, nada. A los niños he cogido la costumbre de acostarlos precisamente a las ocho, caiga quien caiga, es la hora de dormir y aunque los primeros días el mayor se hacía el remolón, ahora ya lo hace a la primera y sin problemas. Es obvio que, por un lado, no iba a dejar caer mis logros por su capricho de ver a los niños cuando les diese la gana y eso sin tener en cuenta que no son horas para venir a visitar a tus hijos. Y luego está el hecho de que yo en mi casa no le quiero. ¿Estamos a caso en situación de hacernos visitas?. Lo que debería hacer ni lo menciono porque lo ve un ciego pero es obvio que un idiota obnubilado con su nueva novia, no.

Y por último, momentazo aquél en el que en un momento de bullicio en el tranvía y después de subirme a un vagón lleno de punkis cantando y gritando cerveza en mano, se me escabulle el mayor y pierdo contacto visual. Después de cinco angustiosos segundo gritando su nombre y apartando gente con el pequeño en el carrito, intentando hacer callar a la marabunta sin resultado alguno, saco a la madre leona que llevo dentro, lanzo un rujido que se calla hasta el conductor. "Ejem, pueden por favor decirme si ven a un niño pequeño. Gracias" y apareció mi ricitos de oro de entre los punkis asombrados de ver a una señorita con semejante vozarrón. Tardaron tres segundos en volverse a poner a cantar pero ver sus miradas de asombro e incredulidad fueron un subidón de adrenalina.

Y con el subidón de adrenalina doy por concluidos los momentazos de la semana :)

miércoles, 4 de septiembre de 2013

¿Siesta o RedBull?

Aún estoy en fase de adaptación como mis hijos en la guardería, que se vuelven a adaptar aunque ya les resulte todo  familiar.

La vuelta está siendo dura porque obviamente hay muchas cosas amargas, el hecho de que mi exmarido y su novia hayan estado viviendo en mi casa durante nuestra ausencia ha hecho que su impronta esté por toda la casa. Hasta corazoncitos pintados en la pizarra me he encontrado. A veces lo vivo como algo humillante, pero casi siempre me río.

La cuestión es que entre ubicarme y organizar la ropa de los niños, que a esta edad crecen tan rápido que todo lo que tenían en sus cajones les está pequeño. Luego tengo que ponerme al día con todos los pagos pendientes, acreedores que me llaman, a los que llamo... Vamos, que las horas de guardería se me quedan en nada para poder hacer todo lo que tengo que hacer. 

Uno de mis principios es, ya que aún no trabajo e igualmente van a la guardería cuando los voy a recoger tengo que haber hecho todo lo imprescindible y dedicarme a ellos por entero. Nos vamos al súper, que les encanta, nos vamos a la estación, cuando reúno valor, esperamos en la parada hasta que llega el tranvía que a mi hijo mayor le gusta más y todo lo que a ellos, dentro de lo razonable, se les antoje.

Por las noches, cuando se duermen, aprovecho para desquitarme por aquí escribiendo cuatro tonterías de vez en cuando ;) y continúo con mi labor de oficina, transferencias, mails y gestiones en general. Lo que a fin de cuentas supone que duermo unas cinco horas al día y cuando estoy despierta o estoy con los niños o enfollonada.

Hoy me arrastraba y me he decidido a dormir una siesta, me lo voy a permitir, he pensado. El problema es que siempre van surgiendo cosas que me impiden echarme y dormir un poco, hoy ha sido uno de esos días y llegado el momento me he preguntado, me acuesto y miro de relajarme o me tomo un redbull y echo los restos.

Adivinad.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Primer día de batalla

Dejado atrás el fin de semana nos hemos puesto manos a la obra con la vuelta a la guardería y otros menesteres.

He puesto el despertador a las seis y media de la mañana en fase de prueba y hemos llegado a las nueve a la guardería, en rigor debería llegar sobre las ocho u ocho y media. Tomo nota y mañana pongo el despertador media hora antes. 

El mayor pese a resistirse un poco, muy poco, se ha ido con su profe para reencontrarse con sus amigos que le han hecho una fiestecita de bienvenida. Para el pequeño ha sido otra cosa, no quería irse de ninguna manera con su cuidadora y bueno, por lo que me han contado lo han dejado un rato con el mayor y ya se ha sentido más a gusto. Los he recogido antes de lo habitual y aunque el pequeño se le veía algo mosca conmigo por el abandono (¡mala marrrre!), me lo ha perdonado rápido y hemos celebrado nuestro reencuentro con unos poquitos de smarties.

Del padre no hemos sabido nada desde nuestra llegada hasta que ha dado señales de vida esta tarde diciendo que quería hablar con ellos por Skype, creo que no hace falta que recuerde lo que esto supone. El mayor me ha dicho que no quiere volver a hablar nunca más con su padre, supongo que, justificadamente, está molesto con su padre por toda esta pantomima que se gasta. Estando a cinco minutos de casa como está, querer hablar por Skype nos ha parecido a todos un chiste.

Por la tarde esto era la revolución y el pequeño después de otro cambio más se me resiste a hacer sus necesidades en el orinal. La experiencia me dice que con un poco de paciencia se volverá a estabilizar en cuanto recuperemos la rutina y cierta continuidad.

Por mi parte me he estado poniendo al día con el correo y contactando todos esos acreedores molestos por los impagos. Mi teléfono móvil cortado, el teléfono fijo de casa cortado y un largo etcétera. Las sorpresas amargas no se han hecho esperar, pero lo positivo de todo pese a las decepciones es sentir que estoy tomando el control y que a la vuelta de unos meses estará todo estabilizado y pagado. 

Sigo agotada físicamente pero me iré recuperando en cuanto todo vaya tomando forma, ahora hay que echar los restos para luego recoger los resultados. Me lo repito constantemente.

Como dice mi madre, "Hija la vida es corta y una, mientras tengas a esos niños a tu lado, tienes la suerte de tu parte". Me quedo con esto.

jueves, 29 de agosto de 2013

Una de vaqueros

Agotando ya las últimas horas en la tierra patria hemos ido hoy a un rancho que hay cerca de una playa dispuestos a que mis pequeños jinetes se subieran a un poni a trotar

Cuando hemos llegado nos hemos cruzado con un señor con cara de pocos amigos pero como andaba atareado transportando cajas pensé que trabajaría de mozo de las cuadras o qué sé yo. Mirando los caballos de repente nos ha desaparecido y mirando por las diferentes casetas me he dado cuenta de que no había nadie. Al cabo de unos minutos ha aparecido y le he preguntado si era él el que se encargaba de entregar los equinos y sin ni si quiera mirarnos ha contestado que sí y me ha dicho el precio. Le he dicho que queríamos un poni y le he preguntado si sería posible subir a mis hijos juntos, me responde que no, sin más explicaciones e insisto, sin ni si quiera mirarnos. Mi hijo me pregunta que por qué (qué novedad) y le digo que supongo que es porque es demasiado peso para el caballo pequeñito, que es como llama mi hijo a los ponis. El hombre se gira, algo airado y nos dice que no, que nada que ver, que el problema es que las piernas de los niños golpean las del poni al caminar y lo lastiman. Le he contestado algo sorprendida porque hablamos de un niño de a penas 4 años y otro de 22 meses, a los que sus piernas ni si quiera superarían el contorno del lomo del animal. Se gira y con mal gesto me dice que adiós y buenas tardes. Me quedo perpleja, mi hijo mayor se asusta y por si no fuera poco, estalla de indignación y a gritos y esta vez dedicándome todos sus sentidos y su mirada, me dice que siempre tiene problemas con los padres, que los niños no hacen más que darle problemas y cuando me di cuenta que miraba a mis hijos con cara de ira, salí de mi asombro de golpe y urgí a los niños a irnos, como él nos seguía, cogí al pequeño en brazos y le dije al mayor que fuera más rápido, viendo nuestra reacción elevó el volumen y prosiguió detrás nuestra hasta que también cogí al mayor y empecé a caminar apresurada, o todo lo que pude. Cuando lo tuve a una distancia prudencial y agotada por el peso de los niños y la mochila, me detuve, cogí el teléfono y marqué el teléfono de la policía local. Fue genial añadir a este mágico momento el hecho de que mi marido no hubiera pagado la factura del teléfono y tenía la línea cortada. Pensé en llamar al 112 pero viendo que el hombre, aunque seguía a los gritos no se acercaba, los volví a cargar en brazos a los dos y corrí todo lo rápido que pude hasta el coche. Sol, calor, treinta grados, el polvo del rancho impregnándose por todo, cuando estaba a punto de ponerme a llorar vi que mis hijos se reían a causa de los saltos que iba dando mientras corría y cómo hacía que ellos se desmelenaran. En lugar de llorar, me puse a reír con ellos y acabamos a carcajadas cuando llegábamos al coche. 

Pasé miedo pero me río cuando lo recuerdo y no estoy tan segura de que mis hijos puedan decir que no montaran a caballo, ¡y juntos! 

Nota mental: la próxima vez que me vaya de "Dora, la exploradora" por el mundo sola, con los niños, por favor, comprobar que tengo linea en el móvil!

lunes, 26 de agosto de 2013

Carta de su abogado Vol. II

Hace unos días recibí un mail de mi abogado, me informaba que habían contestado a nuestra respuesta. Esto va así, es un toma y daca. Yo pido, tú dices que no, tú pides y así. 

Está resultando ser aún más difícil de lo que me pude imaginar nunca así que cuando hay noticias del abogado me tiembla todo y me cuesta afrontarlo. Reúno fuerzas antes de leerlo pero no sin antes montarme películas, hago un intento de mirarlo, no me atrevo hasta que finalmente cojo valor abro el adjunto y leo el documento original que su abogado ha enviado al mío. 

Realmente no había nada nuevo que añadir a la historia: que no me va a pagar ni un chavo, que a los niños les va a pagar una miseria y que me largue de la casa en la que él figura aún en el contrato como arrendatario, a la voz de YA!. Los detalles sólo acaban de hacerlo aún todo más perverso, pero me los ahorro.

El dinero ya es para mí una gran preocupación pero el que me ponga unos días de plazo para avisar al arrendador de que me voy de la casa, me perturba bastante. No estoy en situación de afrontar una mudanza, ni física, ni emocional, ni mucho menos, económicamente. Por momentos me siento en un callejón sin salida. Mudarme de casa ahora sin saber si voy a tener que venirme a España a la vuelta de unos meses me parece una locura, hacer pasar a los niños por todo ese trance teniendo en cuenta todo lo que ya llevan a las espaldas me parece inhumano y que él quiera echarnos de la casa sólo por evitar tener que hacerse cargo de la mitad de la renta me parece grotesco. Es que ya ni pretendo que se haga cargo de la mitad del alquiler pero al menos podría decírmelo y mirar la manera para que yo pueda seguir viviendo e ir viendo cuando es el mejor momento, tal vez cuando encuentre un trabajo, para poder inhibirse del contrato. 

En breve vuelvo a casa y vuelvo dispuesta a luchar por lo que es mío y aún más por lo que es de mis hijos. Un par de cientos de euros pueden ser la diferencia entre poder vivir relajadamente y felices o que se me quiebren las ganas de vivir y viva en un infierno o todo lo que está entre medias.


sábado, 27 de julio de 2013

A perro flaco todo son pulgas

A pesar de ser consciente que mi penosa vida social se va a ver aún más perjudicada debo reconocerlo, tenemos piojos. Si, es un hecho.

El mayor llevaba todo el día de ayer rascándose la cabeza y algo me olía mal, y por si mi estado de ansiedad y estrés no estuviese ya suficientemente perjudicado, hoy me ha empezado a picar a mí.

Hemos ido a la farmacia y por el módico precio de 36,94€ hemos salido de allí con lociones anti piojos, champús anti piojos y "liendrera", un cepillito con púas de acero muy juntas que sirve para extraer los cuerpos de los parásitos una vez idiotizados por el champú y la loción. Idiota he acabado yo intentando quitarle los piojos al mayor y hacer todo lo que hago normalmente. 

Por un momento pensé que arderíamos como en Troya. La cena en el fuego, el pequeño en la bañera, el mayor en la fase dos del despiojamiento con la loción puesta y yo cepillito en mano quitándole todos los parásitos. Mientras a mi parecía que me iban a comer del picor que tenía, pero todo a su debido tiempo, me decía a mí misma: Primero baña a los niños, champú, loción, purga con el cepillito, los sientas a cenar y mientras ven Bob Esponja y comen patatas, tú te duchas y te despiojas. 

Tengo que dejar de idear planes perfectos

Se me han quemado las patatas, al pequeño el champú antiparasitario le ha entrado en los ojos y se ha puesto a los gritos mientras el mayor aprovechaba el despiste para largarse. En un momento he puesto orden, he aclarado al pequeño, pañal y lo he inmovilizado en su silla de la mesa, he localizado al mayor y lo he paralizado frente a Bob Esponja mientras acababa de quitarle los piojos, liendres y todo lo que no fuera pelo de esa cabecita. Mientras se acaban de hacer la segunda tanda de patatas, las he sacado, chorro de tomate frito al canto -para garantizar el éxito de la operación- y me he largado a la ducha. En cinco minutos estaba limpita y despiojada, lista para servir el yogur a mis exigentes comensales.

En la fase del yogur he pasado a hacer todas esas tareas que poco a poco mis padres me han ido encargando. Darle de comer a los perros, los pequeños y los grandes, las gallinas, poner lavadoras, encender el alumbrado cuando oscurece y finalmente limpiar la cocina. Cuando acabo -niños a la cama- suele pasarme como cuando llama su padre, una pesadilla, pero me los camelo con un cuento, leche, musiquita y en una media hora (a veces más) están durmiendo. 

Y una vez que he acabado tengo la sensación de que me ha caído un rayo encima y sólo alcanzo a buscar lugar donde dejarme caer y ya.

viernes, 19 de julio de 2013

Mudarme o no mudarme. Ésta si que es la cuestión.

Ahora este tema ronda mi cabeza y la verdad es que aunque tengo claro que quiero hacer, lo habido y por haber, por no tener que mudarme, hay que tener muy claro a que me enfrento. Llevo un par de días hablando con una buena amiga que, en un acto de responsabilidad, me invita a la reflexión.

Hagamos recuento de gastos:

Vamos a ver, por un lado tenemos que si me quedo, tendré que asumir mil euros de alquiler, más internet y luz: 1150€. A esto hay que sumarle la comida y haciendo cálculos creo que con cincuenta euros a la semana podríamos sobrevivir, sin comprar caprichos. Yendo a comprar a un hipermercado económico, lo consigo: 250€ más. En transporte también necesito invertir dinero, bien sea en gasolina para el coche o en una tarjeta de transportes. He pensado en trasladarme a la guardería, como al trabajo (que aún no tengo), en bicicleta pero hay que disponer de un plan B. Creo que con cincuenta euros de gasolina al mes o cincuenta euros en tarjeta de transportes cubriría esta parte: 50€ más. Aunque la ley alemana establece que los gastos de guarderías no están incluidos en el dinero que me pasa por los niños, según el abogado de mi marido no se va a hacer cargo. También es verdad que bajo la condición de padres separados el precio por la guardería disminuye, por lo que después de mirar un poco en internet, calculo que pagaré unos 250€ por la guardería de ambos y la comida. Después ya veremos si se hace cargo de la mitad o no, ahora pongámonos en lo peor. El sofá, la tele y la cocina se están pagando en cómodos plazos mensuales, 270€ más. Por último mi smartphone que va a dejar de ser smart ¡a la voz de ya! como no consiga rebajar la cuota a unos 30€ en total. Negociaré con mis amigos de la Telekom. Y con esto llegamos a la módica suma de 2000€. Hay más deudas, créditos e historias que una vez que consiga trabajo y forma de pagarlos, los pagaré, como jurista conozco mis obligaciones y aún mejor, las consecuencias de no cumplirlas.

Y ahora hablemos de los ingresos:

Como ingresos dispongo del Kindergeld que si mi marido viene a buenas a cambiarlo a mi nombre, suponen un ingreso de 368€ al mes y por otro lado, lo que el padre está obligado a pagarles quiera o no quiera, a esto no se puede oponer bajo ningún concepto, es la pensión alimenticia o Kindesunterhalt. Esta cifra puede variar mucho, va en relación a su salario y a grosso modo y haciendo una media podrían suponer unos 600€ al mes. Por lo que andamos cerca de la mitad de lo que necesito ingresar mensualmente.

Debo encontrar un trabajo donde ingrese alrededor de unos 1200€ netos al mes. Lo cual no es fácil pero a mi favor están las fervientes ganas de salir adelante y un empuje increíble para demostrarme a mí misma que no es verdad eso de "Sin ti no soy nada". 

Pero bueno, al lío:

Pros de mudarse a una vivienda que suponga la mitad, es decir, de unos mil euros a unos quinientos euros. Por menos no encuentro nada que cubra nuestras necesidades mínimas de espacio y ubicación:

1.- El gran beneficio de mudarse sería que las exigencias económicas serían mucho menores y eso entre otros, me relajaría a la hora de tener que buscar empleo no siendo necesario tal vez, ni una jornada completa. En caso también de necesitar apoyo económico externo, la ayuda no tendría porqué ser tan abultada.

Y aquí acaban los beneficios de mudarse a otra vivienda, el único beneficio, que ahí es nada, es el económico. Vamos a ver los problemas de mudarse:

1.- La mudanza supondría un coste entre empresa de mudanza, desmontaje y montaje de muebles, de la cocina y pintar toda la casa y dejarla en orden para entregarla, de unos tres a unos cuatro mil euros calculo a bote pronto (sin contar que deba invertir algún dinero en la nueva casa). Estoy informándome con diferentes empresas de mudanzas para que me den precios pero la primera con la que lo he intentado no quiere dar precios, ni aproximados, si no ve la casa antes. Por cierto, este dinero por supuesto, no lo tengo.

2.- En segundo lugar y para mí, el problema más importante, el cambio que supone para mis hijos. Ya han sufrido muchos cambios y cuando tanteo a mi hijo diciéndole que si buscamos otra casa más chuli, me dice que si Lorenz se va a venir con nosotros, el hijo de unos vecinos con el que suele jugar. Y que si el trampolín, que hay instalado en el jardín comunitario, nos lo llevaríamos. Cuando me dice estas cosas, creo que representan el apego que le tiene a ese ambiente. Le hace feliz volver a casa cuando los recojo en la guarde y parece que corretear de aquí para allá por nuestro jardín o el comunitario con su bici, le encantan.

3.- Y por último, esta casa es para mí la culminación de muchos esfuerzos, de sueños, en esta casa y a pesar del poco tiempo que llevo en ella, no sólo he invertido tiempo, he invertido ilusiones y no me encuentro con fuerzas ni físicas ni emocionales para, no sólo afrontar una mudanza, si no para mandar a la porra todos esos sueños e ilusiones porque mi príncipe azul haya decidido salirse del cuento. No será fácil, lo sé, pero quiero intentar ver si soy capaz de sacarlo todo adelante.

La conclusión a la que llego es clara, tengo que ponerme manos a la obra y pasar a la acción y creo que ahí me encuentro ya, cualquier idea o ayuda será bienvenida. 

¡Vamos!

lunes, 8 de julio de 2013

Sin un chavo

Ésta sí que es buena. Ahora resulta que con todo este jaleo, el mozo se ha crujido todos los ingresos habidos y por haber. No paga las facturas, las mías por supuesto, y aquí estoy sin poder usar mis tarjetas, con avisos en el móvil de que me van a cortar el teléfono y viviendo de la caridad de mis padres.

Mientras él pasea modelitos nuevos cada vez que tengo oportunidad de verle a través de Skype (habla por videoconferencia con los niños). Se corre juergas y va de aquí para allá. Lo digo por lo que me cuenta, que maldita sea la gana que tengo yo de que me cuente nada. En conclusión, se subió a un tren de vida que le hipnotizó y lejos de hacer las cosas bien, empezó a hipotecar aún más nuestro futuro y lo que es peor, a comprometer el futuro próximo de sus hijos. 

Esta noche quiere que hablemos del tema por Skype. Malditas las ganas (otra vez). Le dije que de estos temas hablase con mi abogado, pero él insiste. Le escucharé, quiero saber que tiene que decirme y después, que sea mi abogado el que actúe.

No puedo más. ¿Cuándo va a acabar esta pesadilla?

jueves, 4 de julio de 2013

Desesperada



desesperado, da.

1. adj. Dominado por la desesperación. U. t. c. s.

2. adj. Extremo, forzoso, causado por la desesperación. Una decisión desesperada.

3. adj. Que no tiene remedio o no permite concebir esperanzas. Un caso desesperado.



Las tres acepciones casan con mi situación. Mi querido príncipe azul ha decidido crujirme mediante su abogado. Ha decidido que aunque haya dedicado los últimos casi cinco años de mi vida al proyecto de familia que teníamos en común, dejando con ello de lado mi propia vida, relegando mis estudios en la universidad a un segundo plano y muchas otras cosas mientras él desarrollaba una próspera carrera profesional que ahora le brinda unas condiciones y un salario más que satisfactorios, pese a todo esto, yo me quedo sin nada. Y no es que quiera quedarme con el coche, o con la casa o con cosas que ni si quiera tenemos, a mí lo único que me gustaría es tener la oportunidad de empezar de cero sola, un apoyo económico que me permita pagar el alquiler, la comida, aunque sea un mes para poder encontrar un trabajo. Mis hijos pueden estar en la guardería desde las 8:00 hasta las 16:30 por lo que espero poder encontrar algo, LO QUE SEA, que al menos me permita pagar el alquiler, que no es poco, pero una mudanza trae consigo más problemas que ventajas (éste es otro interesante capítulo de toda esta pesadilla).



Llevo más de un mes en España y me quedo otro tanto más, sería también interesante conseguir un trabajo aquí de LO QUE SEA, algo que me permitiera llevarme algún dinero a Alemania porque el 1 de Septiembre debo pagar mil euros de alquiler y poder comprar comida. Al menos lo básico.



Espero conseguirlo...