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sábado, 21 de septiembre de 2013

Informe Semanal

Ya sabía que la semana iba a ser dura pero aún y cuando me preparo, sigue habiendo cosas que hacen que me vea superada. 

El lunes, se presenta el señor aporreando el timbre y mandando mensajes diciendo que sabe que estoy en casa y que le dé su router. No son pocos los que me decían dáselo y ya, pero es que resulta que ese día y con esas maneras me di cuenta de que no puedo someterme a sus "peticiones" sistemáticamente a cambio de la paz. El precio es demasiado alto y no va a hacer que su actitud cese, todo lo contrario. Sometiéndome a todo lo que pide sin rechistar por no discutir o exponer a mis hijos, alimento a la bestia y cada vez se siente con más fuerza para exigirme sin reparos.

Necesité ayuda, necesité que fueran a buscar a los niños a la guarde porque él estaba en la puerta esperando a que saliera, no para agredirme, pero sabiendo que tenía que salir, esperaba, imagino, presionarme hasta que le dejara entrar a por su maldito router. Que dicho sea de paso, ya que migraba su contrato a casa de su novia, al menos que me hubiese tratado con dignidad y no me corte los servicios con mala baba o si es así, acepta que vas a tener tu router cuando a mí me de la gana. A los tres días me lo volvió a pedir y se lo llevó. Fin de la historia (de ésta).

El martes llegaba una amiga a casa, se instala en la ciudad unos meses. Estuvimos para arriba y para abajo, y todo añadido a mi ritmo habitual. Lo sabía, lo predije pero no es nada que no haya hecho con gusto.

El miércoles me llamó una amiga porque una conocida tenía un puesto de trabajo disponible y conseguí una entrevista. Fue decepcionante aunque lo peor fue tener que rechazarla, ¡por Dios! con mi situación, rechazar una oferta de trabajo. La oferta consistía en 30 horas semanales, pagadas a unos 3,5€ la hora y 5€ la hora extra. Incluía trabajar sábados también y teniendo en cuenta que mi babysitter cobra 10€ la hora, por su trabajo durante los cuatro sábados del mes tendría que entregarle todo mi salario. No tenía sentido.

El viernes después de llamadas y mensajes conseguí una babysitter y después de mucho tiempo salí a divertirme y a reírme con un par de amigas, me vino tan bien, que hoy lo vamos a repetir. ¡Hay que aprovechar!

Hoy he tenido un encontronazo con una señora en el tranvía y la señora ha pagado todo el estrés que no siempre consigo canalizar de forma saludable. No es que no se lo mereciera, pero yo no me siento orgullosa de mi actuación. 

Ir en el tranvía con dos niños tan pequeños implica en ocasiones que griten, que se quieran poner de pie en el asiento o cosas por el estilo. Normalmente y pese, en ocasiones, a algunas miradas desaprobadoras, lo solemos conseguir sin percances, pero la señora de hoy ha entrado a matar. Me ha dicho que consideraba inaceptable que los niños pusiesen los pies en el asiento y dicho así, parece que yo miraba desde la otra punta del vagón como mis hijos saltaban descaradamente encima del asiento. No, yo estaba de pie, a su vera, pidiéndoles que se sentaran bien, que no pusiesen los pies encima del asiento, que no gritasen pero ella obviamente no me entendía. Dio igual, insistió y la miré con mala cara, a lo que de repente cogió y les habló directamente a mis hijos diciéndoles que eso los alemanes no lo hacen que eso sólo lo hacen los españoles. No fue que hiriera mi sentir patrio, ni tampoco fue su insistencia, imagino que debía ser una persona triste y con alto grado de frustración que no encontraba forma de canalizarlo si no era de esta manera. Lo que realmente hizo que empezara a echar fuego por la boca, que le pidiese que se bajase del tren si tenía problemas y que le dijera de todo en mi idioma materno, fue que se dirigiera a dos niños pequeños, que los intimidara, que utilizase esa forma de expresar su indignación. Me oyó en el tren y cuando bajamos le pegué una voz con algo que la dejaba en evidencia delante de toda la parada. 

Insisto, no me siento orgullosa, no lo volvería a hacer, fue todo fruto de mi nivel de estrés.

Y finalizada otra semana, me siento satisfecha pero aún no he cumplido el objetivo principal de encontrar un trabajo. Espero tener noticias esperanzadoras la semana que viene, mi tiempo se acaba.






lunes, 16 de septiembre de 2013

Presiones sumadas a los problemas

Resulta que a parte de dejarme sin suministros debo darle ¡A la voz de ya! cosas de la casa que parece que le pertenecen. Y las maneras no son adecuadas, me pide ayer que le entregue cosas y cuando le respondo que en cuanto pueda se lo prepararé sigue insistiendo para que le confirme lugar y hora y cuando le recuerdo que ya le he dicho que en cuanto pueda, que ya me parece mucho más de lo que él debería esperar, sigue insistiendo. Mi hijo de cuatro años no es tan insistente, y ya es decir.

Esta semana voy a estar ocupada prácticamente todo el día con gestiones e incluso auguro que los niños me tengan que acompañar en alguna ocasión, como para andar preparándole sus cosas. Mira, es que ya estoy llegando a un punto en el que el estrés me come, en el que vivo de redbulls para poder hacer (casi) todo lo que me propongo hacer. En el que tumbarme para relajarme un minuto me produce cargo de conciencia. 

Limpiar, preparar la comida, poner al menos una lavadora, comprar un candado para la bici, ir a la farmacia a por algo para las crosteritas que le salen al mayor en la cabeza (un champú hipoalergénico?), el pequeño necesita unas zapatillas más pequeñas las que le compré se le salen, ducharme!!!!, llamar a la empresa suministradora de internet para que me confirmen hora para la instalación (aún no lo han hecho y no puedo pasarme el día esperando a que vengan, no puedo)...

Voy a empezar por el principio y a repetirme cada diez segundos que esto pasará, que hay que pasarlo porque algunos lo han querido así, que venirme a bajo sólo va a inutilizarme y hay mucho que hacer. Mis hijos, mis hijos, mis hijos... 

Música para coger ritmo, una ducha y empecemos ¡vamos!

domingo, 15 de septiembre de 2013

Estoy perdida

Esto ya no hay por donde pillarlo. Mi exmarido ha perdido la cabeza y esto no va a acabar bien.

Llevamos más de dos semanas en Alemania y el padre todavía no me ha pedido venir a buscar a sus hijos y el contacto con sus hijos se reduce a dos interacciones (penosas) por Skype. Alucinada me tiene.

Estoy perdida, entre que llevo lo que va de mes apagando fuegos a golpe de transferencia para hacer frente a pagos básicos de la vida diaria (junto con los atrasos) como puedan ser guarderías, la comida de los niños en la guardería, las clases de natación de antes del verano, la luz que han gastado él y su novia este verano en nuestra casa y un largo etcétera; entre esto y su desvarío intentando por todos los medios hacerse con la mitad de nuestros bienes de la casa, sin pararse a pensar que se está perdiendo a sus hijos junto con el hecho de que está deteriorando ya no nuestra posible relación de amigos en un futuro, si no ya la relación que le va a tocar tener conmigo toda su vida por nuestros hijos en común.

Honestamente creo que está abanderando un despropósito tras otro. Creo que se ha subido a un tren del que ahora no puede bajarse, tal vez porque defraudaría expectativas de las personas de su entorno, porque piense que su única opción ahora es tirar para adelante porque venirse atrás le mostraría como un ser débil, o tal vez porque simplemente sea idiota.

Yo procuro no prestar demasiada atención a todo lo que no sea salvar mi situación, hacer frente, de momento con ayuda, a todas las deudas que afectan a mi día a día, a buscar trabajo, a mejorar en todo lo que pueda el idioma y por su puesto, en pensar en mis hijos y en mí, pero cada vez que giro la mirada a ver cómo está la situación lo cierto es que me asusto.

Supongo que habrá lugar para un post posterior que aclare tanta incertidumbre pero de momento, estoy perdida.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Y el Oscar al mejor padre del año goes to...

¡¡¡El padre de mis hijos!!! Por "Como ser capaz de llevar diez días sin ver a mis hijos" y la secuela, "Seguir haciendo pasar a mi familia por el bochorno de hablar por Skype cuando nadie quiere y estando a cinco minutos de distancia".

Yo sigo pensando que hay algo oculto detrás de todo esto. Hombre, vergonzoso debe de ser para el padre mirar a la madre de sus hijos a la cara con toda la que le ha preparado a su vuelta pero te metes la vergüenza en un saco y vas a ver a tus hijos, que éstos aún no dan crédito a tu ausencia.

El merecido premio no se lo lleva sólo por no ver a sus hijos, si no por su insistencia de seguir hablando por Skype con ellos estando a cinco minutos de casa. Mi hijo mayor no da crédito, de verdad lo digo, porque cuando le digo que vamos a hablar con su padre por el ordenador me contesta, pero mamá si ya estamos en Alemania porque seguimos hablando con papá por el ordenador. 

¿Y? ¿Qué le contestas a eso? Si hijo, tu padre es un imbécil que tiene el seso sorbido por su nueva novia y es incapaz de darse cuenta de que sus hijos necesitan verle y estar con él. No, claro que no, respiro hondo y ya no le pido nada a Dios, después de la faena del avión pero pienso en todo lo que he conseguido hasta ahora y muy tranquilamente le digo a mi hijo que tal vez papá tiene mucho trabajo ahora pero que estoy segura que en cuanto pueda, vendrá a verle. Sí mamá, me responde él todo inocente. No quiero mentirle y lo hago, pero lo hago pensando en que es lo mejor que le puedo decir.

Cada día cojo más valor y más coraje para no hablarles ni una palabra mal dicha de su padre, todo lo contrario. Cuando mi hijo en este mar de dudas y de incógnitas que despiertan su ausencia injustificada, me pregunta si papá le quiere, le respondo que sí, que mucho. Creo que su padre les quiere pero que ahora está viviendo un mar de sensaciones nuevas, como son esa fase incipiente de la pareja, del enamoramiento y tiene las neuronas atontadas. 

Cuidado, no es justificable lo que está haciendo. No hay nada en el mundo que pueda justificar que un padre olvide a sus hijos de esta manera pero intento buscarle una explicación para canalizar la ira que se genera en mí cuando veo a mis hijos tristes, angustiados, decepcionados y de esta forma tan gratuita.

Cada día tengo más claro que mis hijos necesitan alguien que esté ahí, con ellos, que les diga lo que tienen que hacer, que les haga ver los límites y les dé una reprimenda cuando sea necesario. Creo que eso lo agradecen, les da seguridad, sienten que así es como tiene que ser.

Como en todo, cuando ves que lo que haces tiene resultados positivos, te animas a seguir haciéndolo aún mejor. Con lo que estos dos enanos están haciendo que saque lo mejor de mí y sea cada día mejor madre.




domingo, 8 de septiembre de 2013

Momentazos de la semana

Esta semana ha sido de aúpa, entre casa, niños, llamadas, facturas impagadas y demás pensé que no salía. Pero aquí estoy dando fe de que no sólo he sobrevivido a mi primera semana en pleno mogollón si no que la acabo con una sonrisa en la boca y con el orgullo de sentir que le he echado un par al asunto.

En el ranking de la semana tenemos varios momentos de esos que he venido a llamar momentazos y que me alegra darme cuenta cuando pienso en ello, de lo que he sido capaz. ¡Y esto es sólo el comienzo!

Uno de esos momentazos fue cuando al llamar a la compañía de teléfono móvil éstos me dicen que qué factura quiero pagar si mi marido ha cancelado el contrato. Mi cara era un poema porque hacía dos semanas que me había dicho que iba a pagar la factura en breve y resulta que hacía un mes que había cancelado el contrato.

Seguimos, llamada a la empresa suministradora de electricidad. Hola, quería informarme sobre la situación de pago del suministro. Si, claro, le informamos que en tres semanas procederemos al corte del suministro. No tengo palabras para describirlo. Con dos niños en casa, me imaginaba encendiendo velas y representando una obra teatral casera de Pocoyo en aras de ofrecer a mis hijos la cantidad diaria recomendada de su estimado Pocoyo. Resulta que mi marido había enviado un escrito informando de que solicitaba la cancelación del contrato, nuevamente. No, no ha perdido el tiempo este verano, desde luego que no. Entre novia y bajas de suministros no le debe haber quedado tiempo para tomar el sol al muy gañán.

La natación del mayor. No es que lo anterior no tenga que ver con los niños directamente, es decir, tener línea de teléfono para poder hacer una llamada en caso de necesidad y sí, estoy pensando en la anécdota del poni, pues no me parece que no afecte a sus hijos porque podría estar exponiéndolos a un riesgo. Lo de la luz ya cae por si solo, pero que no pague la natación de su hijo y que la mujerina de la natación, al parecer, se haya pasado el verano llamándole y mandándole cartas avisando del impago, no tiene nombre. Nada, la llamé, le pedí disculpas, le pagué y no me quedó más remedio que explicarle que yo soy una de esas mujeres que le ha tocado pegar con un marido que se ha ido con otra y se comporta como un descerebrado y un irresponsable, lo entendió a la primera.

Momentazo fue ese también en el que me manda un mensaje a las seis de la tarde diciendo que va a venir a las ocho de la tarde a ver a los niños y a recoger su correo. Así, tal cual, ni si te va bien, ni si a los niños les irá bien, nada. A los niños he cogido la costumbre de acostarlos precisamente a las ocho, caiga quien caiga, es la hora de dormir y aunque los primeros días el mayor se hacía el remolón, ahora ya lo hace a la primera y sin problemas. Es obvio que, por un lado, no iba a dejar caer mis logros por su capricho de ver a los niños cuando les diese la gana y eso sin tener en cuenta que no son horas para venir a visitar a tus hijos. Y luego está el hecho de que yo en mi casa no le quiero. ¿Estamos a caso en situación de hacernos visitas?. Lo que debería hacer ni lo menciono porque lo ve un ciego pero es obvio que un idiota obnubilado con su nueva novia, no.

Y por último, momentazo aquél en el que en un momento de bullicio en el tranvía y después de subirme a un vagón lleno de punkis cantando y gritando cerveza en mano, se me escabulle el mayor y pierdo contacto visual. Después de cinco angustiosos segundo gritando su nombre y apartando gente con el pequeño en el carrito, intentando hacer callar a la marabunta sin resultado alguno, saco a la madre leona que llevo dentro, lanzo un rujido que se calla hasta el conductor. "Ejem, pueden por favor decirme si ven a un niño pequeño. Gracias" y apareció mi ricitos de oro de entre los punkis asombrados de ver a una señorita con semejante vozarrón. Tardaron tres segundos en volverse a poner a cantar pero ver sus miradas de asombro e incredulidad fueron un subidón de adrenalina.

Y con el subidón de adrenalina doy por concluidos los momentazos de la semana :)

sábado, 31 de agosto de 2013

Nos volvemos a Alemania

Después de algunos meses en España debíamos volver a Alemania, sí, digo debíamos porque el padre me daba de plazo hasta el 31 de agosto para traer a sus hijos de vuelta. Tan absurdo como innecesario, pero bueno, eso mismo pienso yo ahora de él, que es absurdo e innecesario.

Mi hijo mayor que llevaba ya unos días con la mira puesta en su viaje en avión, era incapaz de dormirse la noche antes de la emoción. Sí, muy dulce pero cuando tienes que levantarte de madrugada para ir a coger un avión y enfrentarte sola a situaciones complicadas, se te ponen los pelos de punta cuando pasan las horas y no estás durmiendo.

El viaje, como le comentaba a un amigo que me preguntó, todo lo emocionante que se puede esperar cuando viajas sola con un bebé y un niño pequeño, o como me suelen decir en el mostrador de facturación, ¿Viaja usted con un Child y un Infant, correcto?. A lo que respondo, viajo con dos terremotos pero sí, llamémosles formalmente Child e Infant.

Sobrepeso

Esta palabra no suele significar nada bueno y si ya lleva una mal su propio sobrepeso imagínate cuando la que te lo dice es la DIOSA que está detrás del mostrador de facturación con cara de "oh, oh, alguien tiene un problema". El sobrepeso tampoco era para tanto pero reubiqué los tres kilos que sobraban y los coloqué en la maletita que mantenía oculta detrás del mostrador para que no me sentenciara a muerte al ver todo con lo que pretendíamos subir al avión, equipaje de mano JE JE JE. Todo finalizaba con relativo éxito, cuando de repente la moza de facturación le pregunta a mi hijo si esa maleta que está llena de pegatinas de Bob Esponja (no preguntéis) es suya, a lo que él responde, NO, la mía es ESTA y saca a la luz la maletita de equipaje de mano.

En ese momento casi prefería volver a casa y esperar a que la Polizei viniera, me pusiera los grilletes y me llevaran ante el juez por no haber sido capaz de llevar a los niños a Alemania en la fecha acordada. Teniendo en cuenta lo anterior, esperaba que tuviese piedad, ¿quién no teme al personal de facturación?. Estoy segura que el juez hubiera empatizado conmigo nada más decírselo mientras me hubiera explicado algunas de sus experiencias... Seguro.

Control de seguridad

Control de seguridad o cómo ponerte patas arriba todos los trastos que llevas a cuestas para luego tener que volverlos a organizar de nuevo. Eso si no te toca desvestirte, quitarte los zapatos y correr detrás del niño sin zapatos o cosas por el estilo. Fue todo bien, excepto por los cinco kilos de piedrecitas de playa (ejem) que hemos ido recolectando de todas las playas a las que hemos ido y que decidí poner en el equipaje de mano para no tener problemas en el mostrador de facturación con el sobrepeso (ingenua). Bueno, se apiadaron de mí al verme sola y cargada como una mula con maletas, niño en brazos y niño como loco corriendo. Por favor, no olvidéis que si cogéis un par de piedrecitas no pasa nada, pero si llevas cinco kilos de piedrecitas, no se lo toman a bien, no, definitivamente no.

Embarque

Es este momento en el que rezo todo lo que sé, pido a Dios que por favor no me toque algún alemán falto de humor por los alrededores de mis asientos y que la señora o señor que esté sentado delante de mi hijo mayor, se apiade de mi alma. Pues será que no soy creyente y Dios me castiga por molestarle sólo cuando me interesa, que me tocó un alemán corpulento con cara de pocos amigos delante del asiento del mayor, unos pasajeros faltos de sueño a mi alrededor que querían aprovechar el vuelo para dormir  pero un mozo de buen ver a mi lado y bueno, aunque sólo fuera por girar la mirada y llevarme una alegría, ya hubiera merecido la pena. Es igual porque el encanto y mi autoestima se fueron al garete cuando mi hijo pequeño, que viajaba sentado en mis piernas, se me meó encima y el muchacho aceptó la oferta de la amable azafata para que le ubicase en un lugar más tranquilo. Todo el viaje con el pantalón como si la que se hubiese meado hubiera sido yo aunque mi hijo sequito, que llevo muda de cambio. Tres mudas de hecho, la pena es no haber puesto una para mí (verdammt!).

La llegada fue buena, pude transportar todo el equipaje hasta la zona de espera y allí me recogió una amiga que nos llevó a casa. Una vez allí, empecé a deshacer equipaje mientras los niños se reencontraban con sus juguetes después de unos meses.

En el capítulo de hoy hemos aprendido que con el sobrepeso no se juega, que las piedras, en el mar, que es su sitio y que si tu hijo está dejando el pañal "ni te cases NI TE EMBARQUES", o lleva una muda de cambio, si es que tienes narices a sumarla a todos los trastos que llevas. 



miércoles, 21 de agosto de 2013

Día 8

Hoy ha venido a buscarlos para llevárselos todo el día y celebrar su cumpleaños, ha llegado con retraso pero esto ya empieza a ser lo normal. En principio no querían irse con él pero en cuanto ha empezado a decirles dónde iban a ir y los regalos que iban a recibir, mis hijos, sobre todo el mayor, no han podido negarse. 

El padre y yo no nos comunicamos a penas nada, me he dado cuenta de las conversaciones que teníamos eran debidas a mi iniciativa de tratar algún tema. No me dice ni dónde van, ni qué hacen, ni qué han hecho ni nada. Siento que cuando mis hijos no están se crean agujeros de tiempo, es como si la vida no siguiese normalmente. Es una sensación extraña.

He pasado el día bien, o al menos hasta que una de las invitadas al cumple de David me ha enviado dos fotos de mis hijos, me he puesto a llorar y le he agradecido mucho que lo haya hecho. Los veía y estaban bien y bueno, me recordaba toda esta situación que estoy viviendo y me hacía pensar en que yo me perdía cosas continuamente pero me alegré de ver sus caritas y saber que estaban bien.

Han llegado algo más tarde porque los miércoles trabajo un rato por las tardes y ya venían dormidos, exhaustos imagino de tantas emociones. Han vuelto a pasar todos delante de mis narices para dejarla a ella y a su hijo a escasos veinte metros de donde yo estaba y traerme a los niños. Hoy no me ha resultado tan gracioso como el otro día, pero patético sigue siéndolo.

Estoy tristona.

sábado, 17 de agosto de 2013

Día 4

Ayer por la noche le dije al padre que a los niños se les hacia muy largo esperar tres o cuatro horas desde que se despiertan hasta que viene a recogerlos y que por eso sería buena idea que viniese una hora antes. Después de discutir y decirme que entonces los traía de vuelta una hora antes (¿uh?) me confirmó que vendría a buscarlos una hora antes por lo que entendí como aceptada la petición.

Cuando ha llegado esta mañana me ha dicho que los traería una hora antes y hemos discutido, alto y clarito y delante de mis hijos a los que lo máximo que hemos podido hacer por ellos es cerrarles las puertas del coche para que no oyesen a sus padres discutir. Bochornoso, no volverá a pasar. 

Por si no fuese suficiente, después me dice que los niños se quieren quedar a dormir con él y previa consulta legal le he confirmado que mejor lo plantificábamos para otro día aunque reconozco haber pasado momentos de ansiedad al pensar  que no me traería a mis pequeños. 

Como final de traca los ha traído casi media hora más tarde y sin previo aviso. La disculpa era aún más patética.

He hecho que sean las grandes decepciones del día, lo peor de todo esto, lo que saque a relucir lo mejor de mí, la mejor mujer, la mejor madre, la mejor persona. Esto al menos me ha dado fuerzas para continuar la lucha

Firmado
Mamá Leona
;)

viernes, 9 de agosto de 2013

A cuatro días...

Finalmente sí viene.

Supongo que mi preocupación por cómo estarán los niños con él durante su estancia después de pasarme dos meses y medio pegada a ellos día y noche me produce un nerviosismo y una ansiedad que me hacen parecer algo desquiciada. 

Creo que está justificado pero también creo que debería evitarlo, no es beneficioso para nadie, especialmente para mí.

Le he escrito pidiéndole algunas cosas concretas antes de poder llevarse a los niños "unas horas" cada día durante su visita. La primera y fundamental, qué tiene pensado hacer con los niños esos días y de qué dispone para atenderlos. Si viene en coche y de ser así, si dispone de sillas para el coche, ropa, pañales aunque le dije que le daría a los niños con sus cosas básicas en las mochilas. No importa porque igual que en el Mail anterior está ignorando mis cuestiones. 

Sigamos, mi segunda y tercera cuestión son que me diga dónde va a estar y con quién. Ya le he aclarado ante todo que su vida me importa un pimiento pero en la medida en la que expone a mis hijos a su vida, sí que quiero saber lo que hace para no repetir errores del pasado que sangré, sudor y lágrimas me ha costado subsanar (o al menos en parte).

Hoy, a escasos días de su llegada, le he dado un ultimátum, si no atiendes mis peticiones, me atendré a lo acordado previo a nuestro viaje y podrás ver a los niños a nuestra vuelta a Alemania.

Estoy intentando poner límites en todo este desorden de vidas que paseamos y hacerme respetar.

De momento no lo consigo. Poco a poco. 

miércoles, 7 de agosto de 2013

Chocolatito y Ricitos de oro

Son mis hijos y mi vida entera. Les llamo así de forma cariñosa y a ellos, como a mí, les encanta.

El pequeño que ya con veintidós meses, repite todo sonido que oye, cuando le digo chocolatito de mamá me dice "tatito" y se ríe poniendo esa carita que hace que me lo coma a besos. 

Desde que nació estableció una relación muy especial con su padre y aunque se pasó quince meses pegado a mi teta, cuando veía a su padre se le llenaba la expresión de alegría. Es por esto que para él esta separación ha sido especialmente complicada. No olvidaré jamás cuando al principio de haberse ido el padre y después de una fugaz llamada antes de acostar a los niños, chocolatito se pasó llorando una hora diciendo "papá, papá..." hasta que se quedó dormido por agotamiento.

Ese día soy consciente de que la rabia y la impotencia que sentí me restaron años de mi esperanza de vida. 

Ricitos de oro es el mayor y con casi cuatro años que tiene está en plena fase del "¿por quéééé?". Intento estar a su altura y esforzarme por contestarle a todo de forma adecuada pero también es cierto que esta fase me pilla en un momento muy inoportuno. Requiere paciencia y tranquilidad porque según que preguntas cuando estás pensando en todo la que se te viene encima las resolvería con un "Cállate, por favor". A veces lo he hecho pero no me siento bien y saco fuerzas de donde no sabía que las tuviese para responderle por qué es mejor no meter la manguera en casa aunque sea verano y AUNQUE haga mucho calor. 

Él mantiene otro tipo de relación con su padre, también le adora porque mi marido siempre fue un padrazo que pasaba todo el tiempo del mundo y más con sus hijos. No obstante se percató de cosas que o bien su padre ignoró que pudiesen afectarle o es tan idiota como para no darse cuenta. En cualquier caso, culpable. No se le ocurrió otra cosa que, incluso antes de separarnos, en plena crisis, cuando me decía que quería ir solo con los niños, se llevaba a su amiga con ellos. 

Mi ricitos de oro no es tonto y me ha costado mucho dejar de oírle decir que (la amiga de papá) es mala o que no quiere jugar con su hijo o que no quiere ir con papá o la última, que está enfadado con papá y no quiere hablar con él por Skype porque tiene una mamá y un nene nuevos. Esto te quiebra el alma. 

Dos meses de hispanidad me los ha devuelto a la senda de la estabilidad gracias a las rutinas, la tranquilidad, lo previsible: cole (escuela de verano), comer con Schin Chan, playa y helado con la abuela. Saben lo que les espera al día siguiente y el plan aunque por supuesto, va sufriendo variaciones, se mueve dentro de un abanico de posibilidades muy limitado que les proporciona seguridad.

Ahora, en una semana viene el padre y aún no he conseguido que éste  me diga donde va a estar o qué tiene pensado hacer con los niños, le he propuesto un horario y una coordinación de la que espero desde hace una semana respuesta. Hoy por primera vez ni ha llamado ni ha dicho nada, hasta ahora aunque no llamase al menos se dignaba a dar alguna que otra excusa patética, pero siempre había dicho algo.

Es cierto que necesito un poco de tiempo para mí, para tumbarme en la toalla de la playa y no estar como una loca corriendo de la orilla a las toallas de otros bañistas a los que chocolatito quiere embadurnar de arena. O salir y sentarme en una terraza a tomar un granizado de almendra oyendo las olas del mar y no a ricitos de oro colapsando mi mente con "por qués". Pero también es cierto que todo esto se queda en una tontería sin importancia cuando pienso en que su padre pueda enturbiar esa tranquilidad que sangre, sudor y lágrimas me ha costado conseguir. Pensar en no verlos en todo el día me estremece, pensar en que les pueda pasar algo, pensar en que se ha pasado casi tres meses sin verlos y que ya a penas se conocen. Se me saltan las lágrimas.

Que no venga por favor. Que no venga...

domingo, 4 de agosto de 2013

"Es sólo una amiga"

Voy a intentar remontarme a los orígenes de lo que desembocó en mi separación para poder explicar uno de los motivos de toda esta historia.


En junio de 2012 y después de una dura e interminable mudanza a una casa que por fin nos llenaba, -en la que tendríamos espacio para todo y para todos, que cumplía nuestras expectativas y más concretamente, las mías-, mi marido se iba por una actividad organizada por la empresa con otros compañeros. Lo había hecho dos años antes y no había habido ningún problema. Cómo él se iba y para no quedarme sola en casa con los niños, decidí irme a España a que nos diera un poco la brisa marina y volver todos recuperados a nuestra rutina después de esos días de relajación.

Al volver me encontré una realidad algo amarga, me encontré con su indiferencia y su falta de atención. Antes disfrutaba de volver pronto a casa y disfrutar su tiempo con nosotros y ahora tenía otras cosas en la cabeza, como ir a tomar cervezas con sus amigos, o la fiesta de verano de la empresa en la que se presentó a las 6am sin ni si quiera avisarlo, ya me pondré un día con más detalle. La cuestión es que se distanció y para llamar su atención, yo le presionaba y le decía cosas cómo que debía centrarse y entender que estábamos hasta arriba con dos niños tan pequeños y que dentro de unos años ya habría tiempo de fiestas y salir hasta las tantas, que ahora la situación nos exigía todos los sentidos.

La presión lejos de surtir algún efecto le alejaba cada vez más de mí y le llevaba a la necesidad de irse por ahí a desestresarse, como decía él. 

La cuestión es que un día mientras cocinaba y hablaba con él, me giré y me di cuenta de que estaba con su móvil, sin prestarme ninguna atención y además sonriendo. Le pregunté con quién hablaba y me dijo el nombre de un chico. Yo no le presté mayor atención y seguí hablando pero en un momento que me acerqué a la nevera vi su móvil y vi la foto de una mujer con la que estaba hablando por Whatsapp. Se lo dije y me dijo que no me lo había dicho para que no me enfadara. ¡Vil excusa! 

Este argumento, el de que no me lo decía para que no me enfadara lo ha utilizado hasta la saciedad y no entiendo como se puede ser tan idiota como para no pararse a pensar, -vamos a ver, si lo que estoy haciendo molesta a la persona que tengo a mi lado ¿no será porque tal vez está mal?-. Como mínimo cuestionarse a uno mismo ante esta situación recurrente. La cuestión es que efectivamente este mismo hecho se repitió muy a menudo. A través de esta chica que lo publicaba todo en facebook pude ir viendo todo lo que mi príncipe azul iba haciendo a escondidas. Nada realmente relevante pero lo molesto es que lo hiciese a mis espaldas.

La cuestión es que cuando se lo dije su respuesta fue negarlo y su amiga me bloqueó en Facebook para que no pudiese seguir viendo lo que hacían. Cuando le comenté este otro hecho a mi marido su respuesta fue que como cuando veía esas cosas me enfadaba pues se les había ocurrido que no lo viese. En serio, lo más insultante son las formas al margen de los hechos. ¡Qué pueril!

Poco a poco la cosa fue siendo más descarada y una amiga se los encontró en alguna ocasión. La cosa era obvia pero siempre que le pedía sinceridad para acabar con esta historia y no hacernos más daño la respuesta siempre era la misma "es sólo una amiga".

A esa amiga se la trajo también a nuestro apartamento a España cuando la separación ya era un hecho con el agravante de que dejaron la casa llena de pelos y suciedad y después, mi madre, que prepara la casa para el alquiler vacacional, tuvo que limpiarla por lo que doble humillación, por un lado que venga a mi casa sin mi permiso con su amiga y por otro lado que sea mi madre la que tenga que limpiar la suciedad que ellos dos han dejado. 

Es el día de hoy en que sigue hablando de ella como una amiga aunque en ocasiones haya dormido en su casa y vayan a todas partes juntos o al menos esa fue mi percepción mientras me interesó saber qué hacían. 

Otras ideas brillantes de mi marido han desembocado en problemas realmente graves como llevársela a las visitas con los niños y que mi hijo mayor empiece a tener alteraciones en su comportamiento como para que en la guardería me transmitiesen su preocupación. Esto si que me causó impacto, pero en otro momento y con calma rindo cuentas de ello, que la historia aún no ha terminado.

A veces me he preguntado como una persona que ya se ha separado y que tiene un hijo no encuentra ciertos límites cuando se trata de abordar a una familia. Yo a ella no la acuso de nada, es mi marido y al margen de ella, mi marido es el que me debía explicaciones y sobre todo respeto.

Respeto, respeto, respeto...


lunes, 29 de julio de 2013

Aniversario de boda

Hoy hubiera sido nuestro séptimo aniversario de boda y sabes qué, lo que más triste me pone es haber fracasado en mi intento de crear una familia feliz

Supongo que tengo mucho que agradecerte pero todavía no soy capaz de encontrar el equilibrio que me lleve a ese punto. Sin embargo si que me veo con fuerzas de decirte gracias por nuestros dos hijos y aunque podrás dejarme sin un chavo, podrás quitarme el coche, podrás quitarme en algunos momentos hasta las ganas de vivir pero nuestros hijos son mi mayor tesoro y eso nunca me lo podrás quitar. Ellos son los que me dan fuerzas todos los días para superar todo este despropósito o también llamado, separación.

Me has dado años maravillosos, me sentía feliz, FELIZ, eras mi príncipe azul y me tratabas como una princesa. Superabas mis expectativas llevando a cabo todos mis sueños, es por eso y por muchas otras cosas, que ahora con todo esto que he vivido me siento engañada, he sentido que estos diez años no han merecido la pena para acabar así, odiándonos y despreciándonos, dañándonos el uno al otro. Me entristece mucho. 

Pero como digo últimamente a quien me pregunta, la persona que conocí, con el que me casé y decidí tener hijos, esa persona, murió y en su lugar se ha instalado un idiota del que me desharé tarde o temprano.

Feliz aniversario...

viernes, 26 de julio de 2013

Pesadilla en Skype Street

Llevo ya casi dos meses en España y mis hijos hablan prácticamente a diario con su padre, lo cual para mí supone un suplicio, no por el hecho en si, si no por todo lo que trae consigo.

Al principio, cuando llegamos a España, el mayor le preguntaba cuando venía y cuando lo iban a ver y el padre que parece ser, tenía pensado venir en junio, les decía que en un par de semanas se verían. Pasaron las semanas y el padre finalmente no vino y eso resultó ser una decepción para el mayor. Normal. 

Después de lo sucedido y supongo que también debido a la falta de roce, a los niños ya nos les apetece hablar con su padre. El mayor directamente se niega, hay días en los que lo expresa más claramente que otros pero básicamente no quiere hablar con él. El pequeño que vivió enamorado de su padre desde que nació y para el que fue un shock no verlo con la frecuencia que le gustaría en todo este proceso de separación, ha decidido recientemente apuntarse a la moda de su hermano y negarse a hablar con él. Tiene a penas veintiún meses pero si algo he aprendido yo con todo esto es que los niños perciben mucho, muuuuucho más de lo que nos pensamos. Por contra también aceptan muchos de los cambios que una separación supone con mayor naturalidad de la que nos esperamos los adultos.

Suelen hablar por Skype ya que las llamadas a mi móvil alemán fuera del territorio alemán me cuestan un ojo de la cara aunque al principio lo asumía como parte de la situación entendiendo que ya que esas llamadas redundan en beneficio del padre, éste se haría cargo de esas facturas. Qué ingenua. A principios de julio me llegó un mensaje que decía que me cortaban la línea móvil por impago y tuve que hacerle ver al lince del padre que o pagaba la factura o lamentablemente no sería posible continuar con el contacto telefónico con sus hijos. Qué bochornoso tener que recurrir a este tipo de ultimátums porque parece que su sentido común no llega a tanto.

Aunque pagó la factura decidí no hipotecarme el futuro a la espera de que él se hiciera cargo o no de las facturas de móvil. Ni hablar. Le dije que hablaríamos por Skype siempre y cuando yo tuviera cobertura wifi en mi teléfono o si no en el ordenador en casa de mis padres. Así lo hemos venido haciendo este último mes.

Cada vez que recibo un mensaje en el que me pregunta si puede hablar con los niños se me cae el alma a los pies porque sé que me toca media hora desesperante. Es una pesadilla.

Consecución de los hechos de forma resumida:

1.- Llega mensaje del padre.
2.- Niños, papá va a llamar. 
3.- El mayor grita que no y el pequeño se escabulle.
4.- Ignoro sus reacciones porque es algo por lo que hay que pasar, queramos o no -hijos, asumámoslo-. Pongo en marcha el programa y espero la llamada. Mientras, los voy animando a que se acerquen a decirle algo a su padre.
5.- Mi hijo mayor me explica que quiere jugar, que se lo está pasando muy bien y que NO QUIERE hablar con su padre.
6.- Su padre llama, descuelgo, nos vemos las caras (qué suplicio), no nos decimos nada y llamo a los niños, les urjo a que vengan que papá les espera. 
7.- Mi hijo mayor ignora mis llamadas y el pequeño ya está a punto de atravesar la frontera con una identidad falsa.
8.- Yo me pregunto por qué tengo que asumir ese rol cuando yo soy la primera que entiendo porqué los niños no quieren hablar con su padre aunque siguiendo las recomendaciones de mi abogado y pisoteando mis principios y mi autoestima continúo, ya con un tono más serio pidiéndoles a los niños que se acerquen al ordenador.
9.- Llamo a la interpol y consigo dar con el pequeño, le pongo los grilletes y lo poso delante del ordenador, su padre le dice cuatro tonterías, él parece que reacciona a alguna y después de como mucho unos minutos se ha largado y me vuelvo a quedar sola con el padre. ¡Yupi!
10.- Le digo al mayor que si no quiere hablar con papá que no pasa nada pero que al menos venga a decirle hola, le explique que está jugando y que después podrá seguir con lo que está haciendo. Después de repetirlo varias veces lo hace pero se niega a hablar en alemán con su padre y hace tonterías que me ponen nerviosa.
11.- El mayor continúa con su teatrillo, ese que si pudiésemos traducir en nuestro idioma de adultos diría algo así como "papá no me gusta nada de todo esto, no quiero hablar contigo porque has hecho cosas que aunque no consigo entender muy bien, no me gustan y además gritas y hablas mal a mi mamá cuando te enfadas y que sepas que cuando me despierto por las noches quien está a mi lado es mi mamá y cuando mi hermano me engancha del pelo es mi mamá quien corre a rescatarme y cada vez que me caigo es mi mamá quien viene corriendo y me canta "sana, sana". Papá, es que hace tanto tiempo que no acumulo un recuerdo agradable contigo que no me apetece decirte nada como si nada de lo anterior fuese importante"
12.- Decido que ya basta y vuelvo a intentar acercar los niños al ordenador para que se despidan y podamos acabar con toda esta pantomima, volvamos al punto número 7. 
13.-Finalmente se despiden y colgamos.

Así todos los días. Días mejores y días peores pero básicamente nos pasamos media hora de esta guisa. Insisto, ¡qué pesadilla!



sábado, 20 de julio de 2013

Historia de un idiota (y otro)

Lo bueno de haber pasado ya por circunstancias similares, aunque el escenario cambie, es que lo detectas al vuelo y así ha sido.

Hace un par de semanas iba caminando por la calle y me encontré a un antiguo compañero de trabajo que hacía años que no veía. Me alegró verlo y bueno, ante la pregunta obvia de qué tal todo y que hacéis por aquí y después de decirle que pasábamos todo el verano en España, llegó la siguiente pregunta obvia que fue "Y tu marido?" Nada, yo le conté brevemente lo que había sucedido sin detalles y de forma muy aséptica. 

Como se trataba de un breve encuentro fortuito y además yo andaba con los dos niños trepándome mientras intentaba responder a sus preguntas, hablamos de quedar un día sin niños (ojo, que lo dijo él) y así poder ponernos al día. Él también se separó pero no tiene hijos.

Lo cierto es que yo soy la primera que necesita estar un rato aunque sea, sin niños, pero que a otra persona parezca que le estorban, eso ya me resulta molesto. No sé, sensaciones.

Intercambiamos teléfonos y de ahí a empezar a hablar por Whatsapp pasaron segundos, lo prometo.

Partamos de la base que yo no sentía ningún tipo de atracción por el muchacho, era simplemente nostalgia, aprecio por el tiempo que habíamos pasado juntos como colegas de trabajo y bueno, si se presentaba la ocasión de pasar un rato charlando mientras me tomaba algo tranquilamente pues fantástico. Res pus.

Yo ya empecé a notar cosas raras por Whatsapp pero no tardó en aclararlo mediante bromejas de las que posteriormente se retractaba atribuyéndolas a intentar hacerme reír para quitarle hierro al asunto. ¿Quitarle hierro al asunto? pensé, ¿de qué me está hablando?

Después de intercambiar alguna que otra broma más, concretamos un día y eso sí, previa aclaración de que pagábamos a escote, que yo pensé "obvio, ¿o éste no se ha quedado con la parte de que vengo de pasar cinco años en Alemania?" En España creo que está más instalado lo de -hoy te invito yo, ya me invitarás tú a la próxima- pero en Alemania mi experiencia es que se suele hacer sistematicamente getrennt.

Quedamos y aunque pudimos charlar amigablemente recordando al "lince" de nuestro antiguo jefe, hablando de nuestras batallitas y alguna que otra metedura de pata, también es cierto que de vez en cuando metía pullas como "ay, qué guapa te veo, después de años sin vernos, tener dos hijos te veo aún mejor que antes" o tras comentarios que pasarán a la historia como, "venga te invito a una copa pero yo sólo invito a copas si hay sexo después" a lo que se apresuraba después a rectificar atribuyéndolo a que era broma para que me riera un poco. Pues es que no me hacía ni puñetera gracia pero simplemente le dije, "oh, qué lástima, pero es que tengo que conducir a casa". 

Nada, poco después acabó nuestro encuentro y aunque hace unos días nos encontramos en la gasolinera repostando y me dijo que teníamos que volver a quedar, le dije que ya miraríamos de quedar y bueno, ahí quedó la cosa.

Siento que me he vuelto a meter en la boca del lobo otra vez, esta vez me he visto más ágil pero ¿cómo puede ser que pegue con semejantes personas aún sin tener ninguna pretensión de nada?. Al menos el primer idiota despertó en mí cierto interés, pero pasar por semejante bochorno sin que te interese un pimiento tu interlocutor, es de lo más innecesario. 

Bueno, supongo que un día de estos, aunque sólo sea por estadística, podré tener un encuentro con alguien que me parezca interesante y que me vaya a casa pensando, ¡ha estado bien!


viernes, 12 de julio de 2013

Historia de un idiota (otro)

Hace un par de meses estaba yo saltando de felicidad porque había conseguido meterme en mis vaqueros pre-embarazos y sentía que me iba a comer el mundo cuando de repente...


Tocan el timbre, era el transportista que había venido los tres últimos días a traer paquetes, principalmente para vecinos que no se encontraban en ese momento. Me parecía mono y poseída por esa sensación de comerme el mundo le dije que me iba a tener que compensar por estar haciendo parte de su trabajo, me dijo que qué quería a cambio y le dije que yo qué sabía, que al menos se le podía ocurrir a él, o algo por el estilo. Me dijo que le diese mi número de teléfono y pensaría algo. Así lo hice. 

Empezamos a hablar por WhatsApp y la cosa no empezó mal pero fue decayendo por momentos. Me dijo que a ver si quedábamos, hasta aquí bien y le dije que fuésemos a cenar algún día o a tomar algo y me pregunta si busco una relación seria, ¡Yo qué sé! le digo. ¿Es normal que después de pocas frases después de haber conocido a alguien, cuando ni si quiera sabes si vas a pasar a algo más que a tomar un café, te pregunten esto? Me responde que él sólo quiere sexo ¡Toma del frasco, carrasco! Pues es que el tema era obvio, pero el haberme pasado diez años fuera del mercado trae consigo la falta de práctica.

En fin, le digo que muy bien que yo no estaba buscando hombre casadero precisamente pero que si eso iba a pasar o no, ni lo sabía ni me lo quería plantear ahora mismo y que antes de pensar en nada más, si quería, nos tomábamos algo o no, y lo dejábamos estar porque no estábamos en la misma línea de acción.

Me dice que no, que no y que hablamos y lo que sea, que se siente muy atraído por mí y que quiere conocerme y que luego ya veremos y si no, amigos, me dice el muy sin vergüenza! ;)

La cuestión es que vuelve a la historia de que bueno que él quiere sexo y empieza a preguntar impertinencias y cosas íntimas. Pese a las ganas de relacionarme con alguien y tomarme una copa y reírme, llego a la conclusión de que no va a ser con éste y con buenas palabras le digo que Ciao bello!

Me dice que le disculpe y que le dé una oportunidad, a mí esto ya no me sonaba muy bien pero lo dicho, tenía ganas de no ser sólo madre a jornada completa, quería salir y tontear un poco con alguien. Le digo que venga, que vale, que quedemos pero que tenga claras mis aspiraciones y que paso de nada más que no sea charlar y pasar un buen rato. Esto no se debe tener que decir y si lo tienes que decir es porque es un idiota y no hay que prestarle más atención, pero de eso soy consciente ahora.

Quedamos y como era de esperar, lo único que le interesaba era tener sexo  y además, así en plan vamos ya a la cama. Yo alucino y pienso, más claro no le puedo haber hablado, qué coj... le pasa a este tío que no lo entiende. Y sin dejar que pase nada de nada, le digo que adiós y que ya hablaremos. 

Al rato me escribe y me dice que qué pasa ahora y le respondo NADA y le explico un poco el tema pero da igual porque no lo ha entendido y hace poco, estando ya en España, me escribió para decirme si cuando volviese íbamos a tener sexo (es que parece una broma) y le dije claramente que la regla de oro de la casa era no irse a la cama con idiotas. Tengo la sospecha, por sus mensajes posteriores, que a día de hoy sigue sin entenderlo pero una vez explicado el tema y bloqueado en Whatsapp, doy el tema por zanjado. 

Después de esta experiencia he sacado algo positivo y es que me he dado cuenta de que con el idiota de mi marido ya tengo suficiente y que por mínima que sea la posibilidad de que el tipo que tenga delante sea otro idiota, no merece la pena ni molestarse. Bastantes hombres habrá que aunque también acaben comportándose como unos idiotas, al menos al principio te seduzcan y merezca la pena que inviertas algo de tiempo y si no, me voy a tomar la copa sola, me voy al cine sola o me paseo sola, que mejor que yo, no me entiende nadie.

miércoles, 10 de julio de 2013

La vida vuelve a empezar

Cuando una ya creía que tenía su vida encaminada, cuando ya crees que tu futuro está más o menos escrito: has encontrado a tu príncipe azul, te has casado, estás creando tu familia, cuando has hablado  millones de veces del futuro próximo, del lejano, de envejecer juntos... Y lo que es peor, te lo has creído como una ingenua, comenzar de cero se vuelve más complicado.


Por lo pronto, cuando empieza a haber problemas y no entiendes que está pasando, sales a defenderte como puedes y a intentar hacer reaccionar a tu pareja con todas las armas que tienes a tu alcance. El problema en mi caso fue que mi príncipe azul ya había tomado una decisión. Entiendo que vivió en silencio, reprimido, la fase de duda y cuando tomó una decisión es cuando yo empecé a percibirlo y a intentar poner soluciones pero aunque yo no lo sabía, ya era tarde.



Cuando ves que nada de lo que puedas hacer va a surtir el efecto deseado, empiezas a aceptar que tu cuento de príncipes y princesas ya se ha terminado, que pasas al mercado de segunda mano y esto para mí fue especialmente duro. Vengo de una familia desestructurada que con los años ha tomado cierta estabilidad pero siempre pensé que costase lo que me costase yo elegiría al bueno, a uno que me respetase, me quisiese, que fuese un compañero, un apoyo y que sería la persona con la que construir mi proyecto definitivo. Pensar en ser una madre separada me aterraba, lo pensé fugazmente, no es que reflexionase mucho sobre ello pero cada vez que alguien me decía que se había separado se me ponía el vello de punta. Imagínate cuando te toca a ti.



Superas esta fase de soy un desecho social, porque entiendes la vida como fases lineales que se suceden las unas a las otras entrelazándose, y decides que pese a todo, que pese a ser una mujer separada eres una mujer y ya es hora de recuperarse a una misma. Empiezas la fase de recuperación, de intentar recuperar ese físico de antaño y a recuperar todas esas cosas que un día tuviste y fuiste apartando con el paso del tiempo. Esta fase te proporciona una falsa euforia, crees que ya está que tu camino hacia la recuperación ha llegado en tanto ya te estás centrando en ti pero luego empiezas a darte cuenta que este camino que estás siguiendo es como una montaña rusa.



Cuando te estás empezando a recuperar a ti misma y abres los ojos al exterior, te das cuenta de que hay un mar de posibilidades. Conocer gente, conocer a otras personas y de repente, se apodera de ti esa necesidad de estar con otros hombres. A mi me sucedió de una forma curiosa, me venía esa idea de tontear con otros hombres de una manera recurrente pero yo me pasé dos semanas sin prestarle atención y reprimiendo ese pensamiento. Después de unas semanas lo hablé con varias amigas, temía sus reacciones, tal vez temía que me juzgaran, que pensaran ¿Qué clase de persona que se acaba de separar involuntariamente está pensando tan precipitadamente en otros hombres?. Al contrario de todo esto y pese a la sorpresa, mis amigas me animaron a vivir, a entender mis necesidades en ese momento y bueno, a ser prudente también con todo este maremágnum de sensaciones.



Reconozco que me sentí liberada.



No pasaron muchos días hasta que conocí a un idiota que me devolvió a la senda. No pasó absolutamente nada relevante pero ya os contaré, yo me he reído mucho con esta historia.



Vuelta a la senda empiezas a pensar que el mundo está lleno de personas, de todo tipo, y piensas ¿Si he estado diez años casada con un idiota y no me he dado cuenta, cuántos idiotas más podré encontrarme?. Forma parte del proceso. Llegada a esta conclusión y superada esta primera fase de euforia creo que ahora me siento más tranquila, instalando mis prioridades de nuevo, queriéndome a mi y a mis hijos por encima de todo, disfrutando de todo lo bueno que me ha dado la vida, que es mucho y muy bonito y relegando a la nada esas cosas feas que aunque también forman parte de la vida, cuesta aceptar.



Y en este momento es cuando mi percepción lineal se va a la porra y después de todo lo vivido, sientes que la vida vuelve a empezar.