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domingo, 4 de agosto de 2013

"Es sólo una amiga"

Voy a intentar remontarme a los orígenes de lo que desembocó en mi separación para poder explicar uno de los motivos de toda esta historia.


En junio de 2012 y después de una dura e interminable mudanza a una casa que por fin nos llenaba, -en la que tendríamos espacio para todo y para todos, que cumplía nuestras expectativas y más concretamente, las mías-, mi marido se iba por una actividad organizada por la empresa con otros compañeros. Lo había hecho dos años antes y no había habido ningún problema. Cómo él se iba y para no quedarme sola en casa con los niños, decidí irme a España a que nos diera un poco la brisa marina y volver todos recuperados a nuestra rutina después de esos días de relajación.

Al volver me encontré una realidad algo amarga, me encontré con su indiferencia y su falta de atención. Antes disfrutaba de volver pronto a casa y disfrutar su tiempo con nosotros y ahora tenía otras cosas en la cabeza, como ir a tomar cervezas con sus amigos, o la fiesta de verano de la empresa en la que se presentó a las 6am sin ni si quiera avisarlo, ya me pondré un día con más detalle. La cuestión es que se distanció y para llamar su atención, yo le presionaba y le decía cosas cómo que debía centrarse y entender que estábamos hasta arriba con dos niños tan pequeños y que dentro de unos años ya habría tiempo de fiestas y salir hasta las tantas, que ahora la situación nos exigía todos los sentidos.

La presión lejos de surtir algún efecto le alejaba cada vez más de mí y le llevaba a la necesidad de irse por ahí a desestresarse, como decía él. 

La cuestión es que un día mientras cocinaba y hablaba con él, me giré y me di cuenta de que estaba con su móvil, sin prestarme ninguna atención y además sonriendo. Le pregunté con quién hablaba y me dijo el nombre de un chico. Yo no le presté mayor atención y seguí hablando pero en un momento que me acerqué a la nevera vi su móvil y vi la foto de una mujer con la que estaba hablando por Whatsapp. Se lo dije y me dijo que no me lo había dicho para que no me enfadara. ¡Vil excusa! 

Este argumento, el de que no me lo decía para que no me enfadara lo ha utilizado hasta la saciedad y no entiendo como se puede ser tan idiota como para no pararse a pensar, -vamos a ver, si lo que estoy haciendo molesta a la persona que tengo a mi lado ¿no será porque tal vez está mal?-. Como mínimo cuestionarse a uno mismo ante esta situación recurrente. La cuestión es que efectivamente este mismo hecho se repitió muy a menudo. A través de esta chica que lo publicaba todo en facebook pude ir viendo todo lo que mi príncipe azul iba haciendo a escondidas. Nada realmente relevante pero lo molesto es que lo hiciese a mis espaldas.

La cuestión es que cuando se lo dije su respuesta fue negarlo y su amiga me bloqueó en Facebook para que no pudiese seguir viendo lo que hacían. Cuando le comenté este otro hecho a mi marido su respuesta fue que como cuando veía esas cosas me enfadaba pues se les había ocurrido que no lo viese. En serio, lo más insultante son las formas al margen de los hechos. ¡Qué pueril!

Poco a poco la cosa fue siendo más descarada y una amiga se los encontró en alguna ocasión. La cosa era obvia pero siempre que le pedía sinceridad para acabar con esta historia y no hacernos más daño la respuesta siempre era la misma "es sólo una amiga".

A esa amiga se la trajo también a nuestro apartamento a España cuando la separación ya era un hecho con el agravante de que dejaron la casa llena de pelos y suciedad y después, mi madre, que prepara la casa para el alquiler vacacional, tuvo que limpiarla por lo que doble humillación, por un lado que venga a mi casa sin mi permiso con su amiga y por otro lado que sea mi madre la que tenga que limpiar la suciedad que ellos dos han dejado. 

Es el día de hoy en que sigue hablando de ella como una amiga aunque en ocasiones haya dormido en su casa y vayan a todas partes juntos o al menos esa fue mi percepción mientras me interesó saber qué hacían. 

Otras ideas brillantes de mi marido han desembocado en problemas realmente graves como llevársela a las visitas con los niños y que mi hijo mayor empiece a tener alteraciones en su comportamiento como para que en la guardería me transmitiesen su preocupación. Esto si que me causó impacto, pero en otro momento y con calma rindo cuentas de ello, que la historia aún no ha terminado.

A veces me he preguntado como una persona que ya se ha separado y que tiene un hijo no encuentra ciertos límites cuando se trata de abordar a una familia. Yo a ella no la acuso de nada, es mi marido y al margen de ella, mi marido es el que me debía explicaciones y sobre todo respeto.

Respeto, respeto, respeto...


miércoles, 31 de julio de 2013

No puedo evitarlo

No puedo evitar sentir frustración cuando veo en qué ha quedado mi sueño de envejecer junto a mi príncipe azul, ése con el que proyecté mis sueños y con el que aún me quedaban tantos por llevar a cabo.

No puedo evitar sentir que he hecho algo mal cuando veo tantas y tantas familias felices que están juntas e insisto, felices.

No puedo evitar sentirme mal cuando mis hijos, haciendo uso de su derecho a ser niños, hacen gamberradas y yo les grito o les digo tonterías.

No puedo evitar llorar cuando buscando por algún cajón de la casa me topo con una de esas felicitaciones navideñas tan bonitas que veníamos haciendo cada año en los que salíamos los cuatro sonrientes y felices, porque lo éramos. 

No puedo evitar venirme abajo cuando me tiemblan las piernas pensando en la que me espera al volver a casa.

Y no puedo evitar sentirme impotente cuando veo dudas razonables de no ser capaz de sacar a mis hijos adelante yo sola.

No puedo evitarlo... 

lunes, 29 de julio de 2013

Aniversario de boda

Hoy hubiera sido nuestro séptimo aniversario de boda y sabes qué, lo que más triste me pone es haber fracasado en mi intento de crear una familia feliz

Supongo que tengo mucho que agradecerte pero todavía no soy capaz de encontrar el equilibrio que me lleve a ese punto. Sin embargo si que me veo con fuerzas de decirte gracias por nuestros dos hijos y aunque podrás dejarme sin un chavo, podrás quitarme el coche, podrás quitarme en algunos momentos hasta las ganas de vivir pero nuestros hijos son mi mayor tesoro y eso nunca me lo podrás quitar. Ellos son los que me dan fuerzas todos los días para superar todo este despropósito o también llamado, separación.

Me has dado años maravillosos, me sentía feliz, FELIZ, eras mi príncipe azul y me tratabas como una princesa. Superabas mis expectativas llevando a cabo todos mis sueños, es por eso y por muchas otras cosas, que ahora con todo esto que he vivido me siento engañada, he sentido que estos diez años no han merecido la pena para acabar así, odiándonos y despreciándonos, dañándonos el uno al otro. Me entristece mucho. 

Pero como digo últimamente a quien me pregunta, la persona que conocí, con el que me casé y decidí tener hijos, esa persona, murió y en su lugar se ha instalado un idiota del que me desharé tarde o temprano.

Feliz aniversario...

sábado, 20 de julio de 2013

Historia de un idiota (y otro)

Lo bueno de haber pasado ya por circunstancias similares, aunque el escenario cambie, es que lo detectas al vuelo y así ha sido.

Hace un par de semanas iba caminando por la calle y me encontré a un antiguo compañero de trabajo que hacía años que no veía. Me alegró verlo y bueno, ante la pregunta obvia de qué tal todo y que hacéis por aquí y después de decirle que pasábamos todo el verano en España, llegó la siguiente pregunta obvia que fue "Y tu marido?" Nada, yo le conté brevemente lo que había sucedido sin detalles y de forma muy aséptica. 

Como se trataba de un breve encuentro fortuito y además yo andaba con los dos niños trepándome mientras intentaba responder a sus preguntas, hablamos de quedar un día sin niños (ojo, que lo dijo él) y así poder ponernos al día. Él también se separó pero no tiene hijos.

Lo cierto es que yo soy la primera que necesita estar un rato aunque sea, sin niños, pero que a otra persona parezca que le estorban, eso ya me resulta molesto. No sé, sensaciones.

Intercambiamos teléfonos y de ahí a empezar a hablar por Whatsapp pasaron segundos, lo prometo.

Partamos de la base que yo no sentía ningún tipo de atracción por el muchacho, era simplemente nostalgia, aprecio por el tiempo que habíamos pasado juntos como colegas de trabajo y bueno, si se presentaba la ocasión de pasar un rato charlando mientras me tomaba algo tranquilamente pues fantástico. Res pus.

Yo ya empecé a notar cosas raras por Whatsapp pero no tardó en aclararlo mediante bromejas de las que posteriormente se retractaba atribuyéndolas a intentar hacerme reír para quitarle hierro al asunto. ¿Quitarle hierro al asunto? pensé, ¿de qué me está hablando?

Después de intercambiar alguna que otra broma más, concretamos un día y eso sí, previa aclaración de que pagábamos a escote, que yo pensé "obvio, ¿o éste no se ha quedado con la parte de que vengo de pasar cinco años en Alemania?" En España creo que está más instalado lo de -hoy te invito yo, ya me invitarás tú a la próxima- pero en Alemania mi experiencia es que se suele hacer sistematicamente getrennt.

Quedamos y aunque pudimos charlar amigablemente recordando al "lince" de nuestro antiguo jefe, hablando de nuestras batallitas y alguna que otra metedura de pata, también es cierto que de vez en cuando metía pullas como "ay, qué guapa te veo, después de años sin vernos, tener dos hijos te veo aún mejor que antes" o tras comentarios que pasarán a la historia como, "venga te invito a una copa pero yo sólo invito a copas si hay sexo después" a lo que se apresuraba después a rectificar atribuyéndolo a que era broma para que me riera un poco. Pues es que no me hacía ni puñetera gracia pero simplemente le dije, "oh, qué lástima, pero es que tengo que conducir a casa". 

Nada, poco después acabó nuestro encuentro y aunque hace unos días nos encontramos en la gasolinera repostando y me dijo que teníamos que volver a quedar, le dije que ya miraríamos de quedar y bueno, ahí quedó la cosa.

Siento que me he vuelto a meter en la boca del lobo otra vez, esta vez me he visto más ágil pero ¿cómo puede ser que pegue con semejantes personas aún sin tener ninguna pretensión de nada?. Al menos el primer idiota despertó en mí cierto interés, pero pasar por semejante bochorno sin que te interese un pimiento tu interlocutor, es de lo más innecesario. 

Bueno, supongo que un día de estos, aunque sólo sea por estadística, podré tener un encuentro con alguien que me parezca interesante y que me vaya a casa pensando, ¡ha estado bien!


lunes, 15 de julio de 2013

Tomando decisiones

Se cuece un jaleo interesante debido a toda la situación generada con mi separación y con el hecho de estar viviendo fuera de mi país. Resulta que aunque tengo un permiso para salir de Alemania con los niños debo estar de vuelta a más tardar en el 31 de Agosto y así me lo ha recordado un par de veces ya mi abogado. Le preocupa, es obvio que este tema es serio.

No obstante lo cual, la realidad que me espera no es un camino de rosas, no tengo capacidad económica para financiar mi supervivencia y la de mis hijos de forma autónoma y parece que mi príncipe azul lucha por dejarme sin un chavo

Hasta aquí nada nuevo. 

Ahora el asunto es si personas de mi entorno, de mi familia, mis padres me podrían echar una mano hasta que encontrase forma autosuficiente para salir adelante y luego ya poder ir devolviendo según pueda esa ayuda prestada. Los únicos con capacidad económica para ayudarme son mis padres y la cuestión es que mi padre no entiende cómo no he iniciado ya los trámites para mudarme a España y mi madre en cierta manera, le apoya. Y bueno, hasta cierto punto es su opinión aunque el problema es cuando condicionan su ayuda, económica o de cualquier tipo al hecho de que me mude ab sofort a España. 

Y yo me pregunto, ¿a alguna de estas personas que se supone que me quieren y me apoyan, les importa qué siento yo? ¿Tal vez no es demasiado pedir que deje toda mi vida, porque mi marido no es lo único que tengo en Alemania, y me venga con lo puesto a casa

Mi vida está allí y se me ocurren mucho y variados motivos por los que volver. También es cierto, que haber pasado aquí ya mes y medio confirma lo que ya me esperaba y es que si allí no va a ser fácil, aquí tampoco sería mejor. 

Quiero ver de lo que soy capaz, si me voy o no de Alemania quiero hacerlo por convicción propia y no escapando de una situación, hecho que me frustraría aún más. Quiero ser feliz y eso se consigue tomando tus propias decisiones y siendo consecuente con ellas. Y es por este motivo que YO, mujer separada y con dos hijos, mayor de edad y en pleno uso de mis facultades, decido quedarme sola en Alemania y sin ayuda de mis padres. 

Que así sea.

miércoles, 10 de julio de 2013

La vida vuelve a empezar

Cuando una ya creía que tenía su vida encaminada, cuando ya crees que tu futuro está más o menos escrito: has encontrado a tu príncipe azul, te has casado, estás creando tu familia, cuando has hablado  millones de veces del futuro próximo, del lejano, de envejecer juntos... Y lo que es peor, te lo has creído como una ingenua, comenzar de cero se vuelve más complicado.


Por lo pronto, cuando empieza a haber problemas y no entiendes que está pasando, sales a defenderte como puedes y a intentar hacer reaccionar a tu pareja con todas las armas que tienes a tu alcance. El problema en mi caso fue que mi príncipe azul ya había tomado una decisión. Entiendo que vivió en silencio, reprimido, la fase de duda y cuando tomó una decisión es cuando yo empecé a percibirlo y a intentar poner soluciones pero aunque yo no lo sabía, ya era tarde.



Cuando ves que nada de lo que puedas hacer va a surtir el efecto deseado, empiezas a aceptar que tu cuento de príncipes y princesas ya se ha terminado, que pasas al mercado de segunda mano y esto para mí fue especialmente duro. Vengo de una familia desestructurada que con los años ha tomado cierta estabilidad pero siempre pensé que costase lo que me costase yo elegiría al bueno, a uno que me respetase, me quisiese, que fuese un compañero, un apoyo y que sería la persona con la que construir mi proyecto definitivo. Pensar en ser una madre separada me aterraba, lo pensé fugazmente, no es que reflexionase mucho sobre ello pero cada vez que alguien me decía que se había separado se me ponía el vello de punta. Imagínate cuando te toca a ti.



Superas esta fase de soy un desecho social, porque entiendes la vida como fases lineales que se suceden las unas a las otras entrelazándose, y decides que pese a todo, que pese a ser una mujer separada eres una mujer y ya es hora de recuperarse a una misma. Empiezas la fase de recuperación, de intentar recuperar ese físico de antaño y a recuperar todas esas cosas que un día tuviste y fuiste apartando con el paso del tiempo. Esta fase te proporciona una falsa euforia, crees que ya está que tu camino hacia la recuperación ha llegado en tanto ya te estás centrando en ti pero luego empiezas a darte cuenta que este camino que estás siguiendo es como una montaña rusa.



Cuando te estás empezando a recuperar a ti misma y abres los ojos al exterior, te das cuenta de que hay un mar de posibilidades. Conocer gente, conocer a otras personas y de repente, se apodera de ti esa necesidad de estar con otros hombres. A mi me sucedió de una forma curiosa, me venía esa idea de tontear con otros hombres de una manera recurrente pero yo me pasé dos semanas sin prestarle atención y reprimiendo ese pensamiento. Después de unas semanas lo hablé con varias amigas, temía sus reacciones, tal vez temía que me juzgaran, que pensaran ¿Qué clase de persona que se acaba de separar involuntariamente está pensando tan precipitadamente en otros hombres?. Al contrario de todo esto y pese a la sorpresa, mis amigas me animaron a vivir, a entender mis necesidades en ese momento y bueno, a ser prudente también con todo este maremágnum de sensaciones.



Reconozco que me sentí liberada.



No pasaron muchos días hasta que conocí a un idiota que me devolvió a la senda. No pasó absolutamente nada relevante pero ya os contaré, yo me he reído mucho con esta historia.



Vuelta a la senda empiezas a pensar que el mundo está lleno de personas, de todo tipo, y piensas ¿Si he estado diez años casada con un idiota y no me he dado cuenta, cuántos idiotas más podré encontrarme?. Forma parte del proceso. Llegada a esta conclusión y superada esta primera fase de euforia creo que ahora me siento más tranquila, instalando mis prioridades de nuevo, queriéndome a mi y a mis hijos por encima de todo, disfrutando de todo lo bueno que me ha dado la vida, que es mucho y muy bonito y relegando a la nada esas cosas feas que aunque también forman parte de la vida, cuesta aceptar.



Y en este momento es cuando mi percepción lineal se va a la porra y después de todo lo vivido, sientes que la vida vuelve a empezar.


jueves, 4 de julio de 2013

Desesperada



desesperado, da.

1. adj. Dominado por la desesperación. U. t. c. s.

2. adj. Extremo, forzoso, causado por la desesperación. Una decisión desesperada.

3. adj. Que no tiene remedio o no permite concebir esperanzas. Un caso desesperado.



Las tres acepciones casan con mi situación. Mi querido príncipe azul ha decidido crujirme mediante su abogado. Ha decidido que aunque haya dedicado los últimos casi cinco años de mi vida al proyecto de familia que teníamos en común, dejando con ello de lado mi propia vida, relegando mis estudios en la universidad a un segundo plano y muchas otras cosas mientras él desarrollaba una próspera carrera profesional que ahora le brinda unas condiciones y un salario más que satisfactorios, pese a todo esto, yo me quedo sin nada. Y no es que quiera quedarme con el coche, o con la casa o con cosas que ni si quiera tenemos, a mí lo único que me gustaría es tener la oportunidad de empezar de cero sola, un apoyo económico que me permita pagar el alquiler, la comida, aunque sea un mes para poder encontrar un trabajo. Mis hijos pueden estar en la guardería desde las 8:00 hasta las 16:30 por lo que espero poder encontrar algo, LO QUE SEA, que al menos me permita pagar el alquiler, que no es poco, pero una mudanza trae consigo más problemas que ventajas (éste es otro interesante capítulo de toda esta pesadilla).



Llevo más de un mes en España y me quedo otro tanto más, sería también interesante conseguir un trabajo aquí de LO QUE SEA, algo que me permitiera llevarme algún dinero a Alemania porque el 1 de Septiembre debo pagar mil euros de alquiler y poder comprar comida. Al menos lo básico.



Espero conseguirlo...

martes, 2 de julio de 2013

Cuando la lucha por tus intereses se torna una guerra perversa

Hace unos días recibí la primera comunicación del abogado del que fue mi príncipe azul. Muy triste, muy decepcionante, aún más de lo que me esperaba y no tengo tiempo ni fuerzas para enfadarme más. Aún más.

lunes, 1 de julio de 2013

Yo, yo misma e Irene

Los años junto a otra persona, en tanto son felices y llenos de recuerdos bonitos, te hacen crecer, mejorar, te hacen ser más tolerante y ser capaz de entender la vida ya no desde un punto de vista del YO sino, del nosotros.


Eso suena a priori muy bonito, muy romántico aunque como diría una buena amiga mía, el amor romántico daña. Y qué razón tiene.



Yo he sido siempre una persona con una personalidad fuerte, temperamental, muy emocional, romántica y creo que también generosa con mis emociones. Poco a poco, esta parte más emocional y sacrificada del nosotros se fue apoderando de mi YO, de esa parte por la que no debemos sentirnos mal por resaltar y tener en primerísimo lugar. Lo aprendí hace poco envuelta en mi separación, cuando me di cuenta de que había una clarísima relación causa-efecto con mis hijos, si yo estaba bien, me sentía feliz, más o menos segura de mí misma y estaba de buen humor o animada, mis hijos estaban contentos, tranquilos, comían, dormían y hasta se entretenían solos jugando. Si por el contrario, buscaba escondites en casa para llorar o se me agrietaba el rostro cuando me preguntaban por papá, mis hijos no me querían soltar, mi hijo pequeño que de aquella tendría unos 18 meses sólo quería estar en brazos, no quería irse a dormir y cuando lo hacía se despertaba continuamente.



La lectura es clara, primero YO y luego el resto, incluídos los hijos y los amores porque si nos preocupamos de nosotras mismas, si trabajamos el YO, lo demás, viene solo.



En años de relación y desde hace cinco que empecé la aventura de la maternidad dejé mi plano emocional y estético relegado a un segundo plano. Pasé de una talla 38 a una 42, cogí unos 15 kilos, los embarazos no ayudan pero tampoco hice nada especialmente por perderlos y por sentirme bien cuando me mirara al espejo. Sentía que no importaba, él me amaba por encima de todo eso y ya habría tiempo para recuperarme cuando diésemos por concluído nuestro proyecto de ampliar la familia. Qué ingenua.


No es que haya que estar estupenda, tener una talla 36, unas medidas 90-60-90 para ser una mujer completa, la cuestión es que para mí, antes, eso fue importante, lo trabajé y está adherido a mi persona. Me gusta la moda, verme guapa, sentirme sexy y estoy recuperando lo que se siente cuando cruzas miradas con un desconocido con esa seguridad de -aquí estoy YO-, con lo mejor de mí y unos ojos negros ahumados que no te están dejando indiferente.


Desde hace unas semanas estoy volviendo a cuidarme, a depilarme, a ponerme cremas, a pintarme las uñas, a perder peso, hacer deporte y debo reconocer que es lo mejor que puedo estar haciendo por mí. Me da seguridad en mí misma y no por estar más esbelta o más guapa sino por sentir que me estoy recuperando A MÍ MISMA.


Nuevo concepto de puntualidad alemana

La puntualidad alemana es una de esas cosas que se van asimilando sin darse mucha cuenta y que cuando realmente la notas es cuando vienes a España de visita, tu tía te dice ven a las cinco a casa a tomar café y llegas a las 16:59, tocas el timbre y no hay nadie en casa todavía o cuando tu madre te dice ahora vengo y tarda más de una hora en llegar. Después de unas semanas ya cuento con eso y me relajo con lo de la puntualidad, eso sí, unos días antes de regresar a Alemania me tendré que poner a entrenar, lo de ser puntual va asociado con el honor y la palabra de una persona, ¡no son bromas! :)

Mi marido era una de esas personas que como buen alemán era fiel a esta tradición y se sentía muy orgulloso de que esto formara parte de su cultura. Si bien es cierto que igual que evolucionó de principe azul al mismísimo diablo, cual Pokémon, empezó a aplicar la que supongo es su nueva idea de puntualidad alemana.

Después de semanas de puro desgaste, de maltrato psicológico, de dejarme colgada con los niños hasta las tantas porque tenía trabajo o porque me decía claramente que se iba de juerga con sus colegas, después de mucho discutir y a punto de venirme de visita a España, dos días antes, un buen viernes, después de una de sus juergas épicas tuvimos una discusión de buena mañana que ríete tú de las broncas de Gran Hermano. Ese día decidí que no podía más y que pasaba los dos días que me quedaban en casa de alguna amiga. El tiro me salió por la culata y si tengo oportunidad rendiré cuentas de lo sucedido. La cuestión es que pocas horas después, cuando él ya había vuelto del trabajo, volví, pero él lejos de tomarlo como una corrección de un "error" y después de mucho Whatsapp decidió que no era merecedora de su presencia y al margen de las necesidades de los niños o mías, cogió sus cosas y se fue como castigo. "No te ibas?" me dijo, "Pues ahora el que se va soy yo".

Fue un duro golpe porque lo que yo pretendía era hacerle reaccionar, ver que su comportamiento egoísta y excéntrico iba a hacerle perder eso tan bonito que habíamos construído juntos y que  -por el amor de Dios!- no podíamos perder de la noche a la mañana por una supuesta crisis. Ahora veo que él simplemente quería escapar de mí y no sabía cómo hacerlo y aprovechaba cualquier movimiento en falso por mi parte, por muy justificado que estuviese, para hacerme sangrar y pagar por ello. Siempre es mejor (!) que asumir las propias decisiones y afrontarlas valientemente o eso supongo que debe pensar (aún).

Me quedé sola con los niños, destrozada física y emocionalmente. Físicamente por llevar días y días con los niños a las espaldas, noches, idas y venidas a la guardería, la casa, la comida, la compra...  Y emocionalmente por estar viviendo una pesadilla que lejos de mejorar iba empeorando por momentos.

Pese a todo me pidió ver a los niños al día siguiente, que los vendría a recoger a las 10 de la mañana me dijo y aquí empieza lo divertido de la historia:

Sábado a las 9:40

Niños!!! Vamos a vestirnos que viene papá y vais a ir a dar un paseo.

Llovía y hacía algo de frío por lo que empezamos a vestirnos con los trajes de lluvia, calcetines gruesos, botas...

10:10 Ni rastro de papá

10:45 Los niños sudan como pollos y decido quitarles las chaquetas. Sigo sin noticias del padre.

11:00 Recibo un mensaje "Mierda, me he dormido, ahora vengo!".

12:45 Sin rastro del padre.

13:15 Recibo otro mensaje: "Mierda, me he vuelto a dormir, voy!".

14:30 Se presenta en casa.

Decidí previamente no discutir con él y aunque cuando llegó hizo un intento (pésimo) de disculpa le respondí "Sin comentarios".

17:30 Viene de vuelta y me pide llevarse el coche sin mayores explicaciones, le digo que mejor no, que si me pasa algo con los niños o se ponen malos en mitad de la noche quiero poder disponer del coche para ir al hospital o algo así.

Antes le había pedido que en lugar de venir a las 15:00 para llevarnos al aeropuerto, que por favor viniera a estar con los niños de las 10:00 a las 12:00 para poder ultimar el equipaje. Bueno pues me dijo que si quería que viniese a las 10:00 al día siguiente se tenía que llevar el coche. Bueno, pensé, que se lo lleve y acabemos esta historia en paz.

Domingo a las 10:00 del día que viajábamos

No se ha presentado ni tengo noticias.

10:45 Me manda un mensaje "FUCK me he dormido, necesito una hora para venir"

Decido que es el colmo, me supera, me tiembla todo, siento que ya no respeta nada. Siento miedo por no tener coche para ir al aeropuerto, perderé el avión y una tormenta de ideas a cuál más desproporcionada. Me dejo llevar por el estrés y llamo a varias amigas hasta que una buena amiga, en pleno domingo familiar lo suelta todo y viene con su coche a buscarme, a mí y a los niños y nos lleva al aeropuerto.

15:00 Primera llamada, después de una docena de ellas y de no cogerle el teléfono nos desea un buen viaje por SMS y que por favor le dé besos a los niños de su parte.

Aquí me di cuenta cuán efímeros pueden ser nuestros principios cuando nuestros intereses cambian y fue una terrible decepción pero no fue la definitiva para llevarme a la aceptación de nuestra nueva realidad, de darme cuenta que ni me quería ni me iba a querer. Ha habido desastres posteriores que me han ayudado a comprenderlo.


Y aquí y a pelo, tragando pero superando. 


domingo, 30 de junio de 2013

Érase una vez...

Tenía 20 años y después de algunas idas y venidas decidí no exponerme más emocionalmente porque sólo me llevaba a experiencias para nada placenteras que reducían mi autoestima a la nada. Cerré capítulo, le dije adiós a la persona que evocaba mi yo víctima y decidí, de alguna forma, como ahora, tomar las riendas de mi vida y escribir yo misma cuál sería mi futuro.

A penas unas semanas más tarde conocí al principe azul de esta historia, al que sería mi amigo, mi compañero, mi mayor admirador durante los siguientes diez años de mi vida. Diez años cargados de todo tipo de experiencias pero con diferencia, diez años impresionantes de amor con mayúsculas. Sentí que había cerrado esa espiral fea que llevaba a las mujeres de mi vida, mi madre, mi abuela, al fracaso emocional y en consecuencia personal, hasta los últimos días de sus vida. Mi hombre era uno de esos maravillosos, desde que se levantaba hasta que se acostaba, que vivía, respiraba, todos los días, durante casi diez años, por su princesa, por mí. Aún se me pone el vello de punta al recordarlo y eso que lo expresado no hace ni mucho menos justicia a la realidad, a la calidad de persona con la que estuve tratando, lo dicho, amor con mayúsculas.

Pero no por nada dicen que los principes azules no existen y hete aquí que estos casi diez años de relación se quedaron en nada al comprobar su forma de hacer las cosas cuando sus intereses un día, sin más, cambiaron.

Sólo cuando miro a nuestros dos hijos pienso que algo de todo esto mereció la pena y que no habrá sufrimiento ni humillación que no merezca la pena vivir por tenerlos a ellos dos en mi vida. Lo cual, dicho sea de paso, no hace necesaria la situación que estoy viviendo. Estoy convencida de que una pareja con hijos se puede separar sin necesidad de dañarse tanto. Vamos, de hecho siempre pensé que de sucedernos algo similar (no lo pensé mucho, la verdad), con todo el amor que nos habíamos tenido seríamos incapaces de hacernos tanto daño. No, no, no, eso no iba a ser posible.

Pues, ¿no querías sopa?