Mostrando entradas con la etiqueta España. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta España. Mostrar todas las entradas

sábado, 21 de septiembre de 2013

Informe Semanal

Ya sabía que la semana iba a ser dura pero aún y cuando me preparo, sigue habiendo cosas que hacen que me vea superada. 

El lunes, se presenta el señor aporreando el timbre y mandando mensajes diciendo que sabe que estoy en casa y que le dé su router. No son pocos los que me decían dáselo y ya, pero es que resulta que ese día y con esas maneras me di cuenta de que no puedo someterme a sus "peticiones" sistemáticamente a cambio de la paz. El precio es demasiado alto y no va a hacer que su actitud cese, todo lo contrario. Sometiéndome a todo lo que pide sin rechistar por no discutir o exponer a mis hijos, alimento a la bestia y cada vez se siente con más fuerza para exigirme sin reparos.

Necesité ayuda, necesité que fueran a buscar a los niños a la guarde porque él estaba en la puerta esperando a que saliera, no para agredirme, pero sabiendo que tenía que salir, esperaba, imagino, presionarme hasta que le dejara entrar a por su maldito router. Que dicho sea de paso, ya que migraba su contrato a casa de su novia, al menos que me hubiese tratado con dignidad y no me corte los servicios con mala baba o si es así, acepta que vas a tener tu router cuando a mí me de la gana. A los tres días me lo volvió a pedir y se lo llevó. Fin de la historia (de ésta).

El martes llegaba una amiga a casa, se instala en la ciudad unos meses. Estuvimos para arriba y para abajo, y todo añadido a mi ritmo habitual. Lo sabía, lo predije pero no es nada que no haya hecho con gusto.

El miércoles me llamó una amiga porque una conocida tenía un puesto de trabajo disponible y conseguí una entrevista. Fue decepcionante aunque lo peor fue tener que rechazarla, ¡por Dios! con mi situación, rechazar una oferta de trabajo. La oferta consistía en 30 horas semanales, pagadas a unos 3,5€ la hora y 5€ la hora extra. Incluía trabajar sábados también y teniendo en cuenta que mi babysitter cobra 10€ la hora, por su trabajo durante los cuatro sábados del mes tendría que entregarle todo mi salario. No tenía sentido.

El viernes después de llamadas y mensajes conseguí una babysitter y después de mucho tiempo salí a divertirme y a reírme con un par de amigas, me vino tan bien, que hoy lo vamos a repetir. ¡Hay que aprovechar!

Hoy he tenido un encontronazo con una señora en el tranvía y la señora ha pagado todo el estrés que no siempre consigo canalizar de forma saludable. No es que no se lo mereciera, pero yo no me siento orgullosa de mi actuación. 

Ir en el tranvía con dos niños tan pequeños implica en ocasiones que griten, que se quieran poner de pie en el asiento o cosas por el estilo. Normalmente y pese, en ocasiones, a algunas miradas desaprobadoras, lo solemos conseguir sin percances, pero la señora de hoy ha entrado a matar. Me ha dicho que consideraba inaceptable que los niños pusiesen los pies en el asiento y dicho así, parece que yo miraba desde la otra punta del vagón como mis hijos saltaban descaradamente encima del asiento. No, yo estaba de pie, a su vera, pidiéndoles que se sentaran bien, que no pusiesen los pies encima del asiento, que no gritasen pero ella obviamente no me entendía. Dio igual, insistió y la miré con mala cara, a lo que de repente cogió y les habló directamente a mis hijos diciéndoles que eso los alemanes no lo hacen que eso sólo lo hacen los españoles. No fue que hiriera mi sentir patrio, ni tampoco fue su insistencia, imagino que debía ser una persona triste y con alto grado de frustración que no encontraba forma de canalizarlo si no era de esta manera. Lo que realmente hizo que empezara a echar fuego por la boca, que le pidiese que se bajase del tren si tenía problemas y que le dijera de todo en mi idioma materno, fue que se dirigiera a dos niños pequeños, que los intimidara, que utilizase esa forma de expresar su indignación. Me oyó en el tren y cuando bajamos le pegué una voz con algo que la dejaba en evidencia delante de toda la parada. 

Insisto, no me siento orgullosa, no lo volvería a hacer, fue todo fruto de mi nivel de estrés.

Y finalizada otra semana, me siento satisfecha pero aún no he cumplido el objetivo principal de encontrar un trabajo. Espero tener noticias esperanzadoras la semana que viene, mi tiempo se acaba.






sábado, 31 de agosto de 2013

Nos volvemos a Alemania

Después de algunos meses en España debíamos volver a Alemania, sí, digo debíamos porque el padre me daba de plazo hasta el 31 de agosto para traer a sus hijos de vuelta. Tan absurdo como innecesario, pero bueno, eso mismo pienso yo ahora de él, que es absurdo e innecesario.

Mi hijo mayor que llevaba ya unos días con la mira puesta en su viaje en avión, era incapaz de dormirse la noche antes de la emoción. Sí, muy dulce pero cuando tienes que levantarte de madrugada para ir a coger un avión y enfrentarte sola a situaciones complicadas, se te ponen los pelos de punta cuando pasan las horas y no estás durmiendo.

El viaje, como le comentaba a un amigo que me preguntó, todo lo emocionante que se puede esperar cuando viajas sola con un bebé y un niño pequeño, o como me suelen decir en el mostrador de facturación, ¿Viaja usted con un Child y un Infant, correcto?. A lo que respondo, viajo con dos terremotos pero sí, llamémosles formalmente Child e Infant.

Sobrepeso

Esta palabra no suele significar nada bueno y si ya lleva una mal su propio sobrepeso imagínate cuando la que te lo dice es la DIOSA que está detrás del mostrador de facturación con cara de "oh, oh, alguien tiene un problema". El sobrepeso tampoco era para tanto pero reubiqué los tres kilos que sobraban y los coloqué en la maletita que mantenía oculta detrás del mostrador para que no me sentenciara a muerte al ver todo con lo que pretendíamos subir al avión, equipaje de mano JE JE JE. Todo finalizaba con relativo éxito, cuando de repente la moza de facturación le pregunta a mi hijo si esa maleta que está llena de pegatinas de Bob Esponja (no preguntéis) es suya, a lo que él responde, NO, la mía es ESTA y saca a la luz la maletita de equipaje de mano.

En ese momento casi prefería volver a casa y esperar a que la Polizei viniera, me pusiera los grilletes y me llevaran ante el juez por no haber sido capaz de llevar a los niños a Alemania en la fecha acordada. Teniendo en cuenta lo anterior, esperaba que tuviese piedad, ¿quién no teme al personal de facturación?. Estoy segura que el juez hubiera empatizado conmigo nada más decírselo mientras me hubiera explicado algunas de sus experiencias... Seguro.

Control de seguridad

Control de seguridad o cómo ponerte patas arriba todos los trastos que llevas a cuestas para luego tener que volverlos a organizar de nuevo. Eso si no te toca desvestirte, quitarte los zapatos y correr detrás del niño sin zapatos o cosas por el estilo. Fue todo bien, excepto por los cinco kilos de piedrecitas de playa (ejem) que hemos ido recolectando de todas las playas a las que hemos ido y que decidí poner en el equipaje de mano para no tener problemas en el mostrador de facturación con el sobrepeso (ingenua). Bueno, se apiadaron de mí al verme sola y cargada como una mula con maletas, niño en brazos y niño como loco corriendo. Por favor, no olvidéis que si cogéis un par de piedrecitas no pasa nada, pero si llevas cinco kilos de piedrecitas, no se lo toman a bien, no, definitivamente no.

Embarque

Es este momento en el que rezo todo lo que sé, pido a Dios que por favor no me toque algún alemán falto de humor por los alrededores de mis asientos y que la señora o señor que esté sentado delante de mi hijo mayor, se apiade de mi alma. Pues será que no soy creyente y Dios me castiga por molestarle sólo cuando me interesa, que me tocó un alemán corpulento con cara de pocos amigos delante del asiento del mayor, unos pasajeros faltos de sueño a mi alrededor que querían aprovechar el vuelo para dormir  pero un mozo de buen ver a mi lado y bueno, aunque sólo fuera por girar la mirada y llevarme una alegría, ya hubiera merecido la pena. Es igual porque el encanto y mi autoestima se fueron al garete cuando mi hijo pequeño, que viajaba sentado en mis piernas, se me meó encima y el muchacho aceptó la oferta de la amable azafata para que le ubicase en un lugar más tranquilo. Todo el viaje con el pantalón como si la que se hubiese meado hubiera sido yo aunque mi hijo sequito, que llevo muda de cambio. Tres mudas de hecho, la pena es no haber puesto una para mí (verdammt!).

La llegada fue buena, pude transportar todo el equipaje hasta la zona de espera y allí me recogió una amiga que nos llevó a casa. Una vez allí, empecé a deshacer equipaje mientras los niños se reencontraban con sus juguetes después de unos meses.

En el capítulo de hoy hemos aprendido que con el sobrepeso no se juega, que las piedras, en el mar, que es su sitio y que si tu hijo está dejando el pañal "ni te cases NI TE EMBARQUES", o lleva una muda de cambio, si es que tienes narices a sumarla a todos los trastos que llevas. 



martes, 27 de agosto de 2013

Ya toca

Ya toca hacer el equipaje de vuelta, disfrutar los últimos momentos en mi tierra e ir despidiéndome de la gente que quiero. 

En cuanto al equipaje, me pasa lo de siempre y es que durante mi estancia a parte de ir acumulando buenos recuerdos, voy acumulando equipaje. Cosas que nos regalan, sobre todo a los niños y cositas que compro que he ido echando de menos en mi día a día en Alemania. Aún quedan unos días para nuestro regreso pero como me conozco y sé lo que me pasa siempre, me pongo con tiempo y ganas.

También estoy aprovechando para hacer todas esas cosas que dije que haría o que le prometí a mis hijos que haríamos y hemos ido dejando. La verdad es que nos hemos recorrido el lugar de punta a punta, aquí y allí, yendo a calas y playas, hemos ido tanto al acuario que ya nos conocían al entrar, hemos visitado el safari, hemos ido en barco, en tren... Cuando echo la vista atrás me queda un buen sabor de boca. Eso es lo importante.

Este tiempo aquí también he podido disfrutar de esas personas a las que quiero, que me han ido demostrando que me quieren y que están aquí para lo que haga falta. La vida con gente que te quiere alrededor es indudablemente más bonita. No son muchos, podrían ser más, pero a los que han estado no me voy sin darles un achuchón y darles las gracias por ayudarme con los niños, por acompañarme en esta nueva etapa, por llevarme aquí y allí, por escucharme, por estar ahí.

Y a parte de ir finiquitando y cerrar capítulo después de tres meses en mi tierra, también toca ponerse manos a la obra con el plan a seguir una vez esté de vuelta en Alemania. Hay tantos flancos a cubrir que a veces se me amontonan las ideas y no saco nada en claro pero como la organización me gusta ya estoy haciendo esquemas, listas y hasta presentaciones powerpoint!  :) Todo con el fin de que la organización y la previsión me ayuden a ir capeando todos los inconvenientes, que los habrá y que se me irán presentando durante el camino.

Y a parte de ir preparando el regreso y el aterrizaje en casa, también toca ir pasando página de todos estos acontecimientos que me han tenido tan tensa, toca mirar hacia adelante. Lo cierto es que ya me siento mucho más cerca de poder hacerlo, ya ni me molesta que mi marido tenga novia y familia feliz, ahora hasta pienso que si es feliz y está centrado en su vida, me dejará a mí rehacer la mía. De hecho, ya ni tengo ganas de echarle nada en cara, ni si quiera tengo ganas de hablarle. Ya toca de una vez por todas ser feliz conmigo misma, sin esperar a nadie para que me salve la vida, ni maridos que han perdido la cabeza, ni príncipes azules, ni nada. Ya toca.


jueves, 22 de agosto de 2013

Día 9


Hoy los recogía a la salida de la escuela de verano y el padre ha sido puntual, tanto que cuando he llegado ya estaba allí con mi hijo. Él no lo puede sacar porque no está autorizado pero ya estaba allí. Las educadoras me han preguntado si vendría el viernes y mi respuesta a falta de más información ha sido que sí, a lo que él se ha apresurado a decir que -como tenía que dejar el piso y resulta que...- le he interrumpido en seco y le he preguntado, ¿te vas a llevar a los niños?, Sí, ha contestado y se lo he confirmado a las profesoras de David. ¿Sería tan difícil poder tener las cosas algo organizadas y planificadas? 

Los niños volvían a no querer irse con él y me he pasado veinte santos minutos convenciéndolos y no sé por qué lo hago sinceramente, supongo que porque ahora me siento vulnerable, nada respaldada, no hay acuerdo alguno y la ley en sí no me da mucho margen a tomar decisiones unilaterales aunque sean en pro del beneficio de mis hijos. Debo entregarle a los niños caiga quien caiga. ¡Fantástico!

He pasado una tarde maravillosa con unos amigos maravillosos en un entorno maravilloso. Puedo sentirme agradecida porque tratando con ellos todos estos temas he llegado a conclusiones muy interesantes y estoy trabajando mucho mi autoestima y mi yo para reforzarme y salir adelante airosa. Hoy ha sido una tarde muy productiva, además eso me ha llevado a estar de buen humor y de estar entregada a mis hijos cuando han llegado. Se han portado muy bien y se han dormido cuando he dicho sin oponer demasiada resistencia. Les adoro, aunque a veces sienta que me las hacen pasar canutas. Sólo por estas sensaciones como las de hoz, merece la pena todo lo demás.

¡Arriba Inés! ;)

miércoles, 21 de agosto de 2013

Día 8

Hoy ha venido a buscarlos para llevárselos todo el día y celebrar su cumpleaños, ha llegado con retraso pero esto ya empieza a ser lo normal. En principio no querían irse con él pero en cuanto ha empezado a decirles dónde iban a ir y los regalos que iban a recibir, mis hijos, sobre todo el mayor, no han podido negarse. 

El padre y yo no nos comunicamos a penas nada, me he dado cuenta de las conversaciones que teníamos eran debidas a mi iniciativa de tratar algún tema. No me dice ni dónde van, ni qué hacen, ni qué han hecho ni nada. Siento que cuando mis hijos no están se crean agujeros de tiempo, es como si la vida no siguiese normalmente. Es una sensación extraña.

He pasado el día bien, o al menos hasta que una de las invitadas al cumple de David me ha enviado dos fotos de mis hijos, me he puesto a llorar y le he agradecido mucho que lo haya hecho. Los veía y estaban bien y bueno, me recordaba toda esta situación que estoy viviendo y me hacía pensar en que yo me perdía cosas continuamente pero me alegré de ver sus caritas y saber que estaban bien.

Han llegado algo más tarde porque los miércoles trabajo un rato por las tardes y ya venían dormidos, exhaustos imagino de tantas emociones. Han vuelto a pasar todos delante de mis narices para dejarla a ella y a su hijo a escasos veinte metros de donde yo estaba y traerme a los niños. Hoy no me ha resultado tan gracioso como el otro día, pero patético sigue siéndolo.

Estoy tristona.

lunes, 19 de agosto de 2013

Día 6

Hoy tenía que recogerlos a la salida del cole de verano del mayor y ha llegado con quince minutos de retraso. Estábamos esperándole y mi hijo mayor me ha dicho que no quería ir con su padre, el pequeño que se estaba despertando de su siesta en el coche tampoco quería despegarse de mí.

Entre tanto ha llegado su padre y ante la negativa de los niños, su solución ha sido hacerles más presión e intentar encandilarlos con cosas materiales, presión que no surtía efecto. Después de varios minutos dejando que fuera él el que les convenciese, le he pedido que me dejase a mí hablar con ellos, pero no me escuchaba por lo que yo intentaba tranquilizar al pequeño mientras el mayor se veía atosigado por la presión de su padre. Finalmente he conseguido coger el timón de la situación y después de hablar con mis pequeños y decirles que se lo iban a pasar muy bien y que mamá se iba a esperarlos a casa, se han quedado con morritos pero sin llorar. 

Ha sido realmente difícil, me alegro de que me tengan tan presente y de que todo lo material no sea más que eso, cosas que impresionan los primeros días pero que transcurridos los cuales adoran volver a su rutina, sus normas y su mamá.

He pasado la tarde en la peluquería con el teléfono en la mano y pensando en que se lo estarían pasando bien, me lo repetía una y otra vez. También me preguntaba por qué si él hace todo tan a la tremenda, no nos da dinero ni si quiera apoyo real, yo tengo que estar a la altura y no poder decirle, los niños se quieren quedar intentémoslo mañana otra vez o en otro momento. Me resulta todo muy injusto.

A la vuelta les esperaba ya desde menos cinco en la puerta de la calle para darles la bienvenida y decirles que mamá había hecho hamburguesas con patatas para cenar. No de esas que se compran en restaurantes fastfood, no, de esas que se hacen en casa, con diferentes ingredientes y con mucho amor.

Cuando han llegado a la puerta de la finca han pasado todos de largo, todos, incluida ella con su hijo, que miraba hacia la entrada de mi casa y cuando me ha visto ha girado la mirada. Han parado en un camino vecinal que hay a escasos veinte metros de la entrada donde yo esperaba y se han bajado del coche para después traerme el padre a los niños sin el resto de la familia dentro. Cuando ha llegado, no me ha comentado nada y cuando se ha ido, mi hijo me invitaba a ir a saludar a la amiga de papá, están aquí alado me decía, cuando le he dicho que mejor que no y le he instado a volver a casa a comer ricas hamburguesas me ha dicho que esperásemos un momento para decirles adiós por lo que al cabo de dos minutos, pasaban nuevamente por la entrada de la finca y les hemos dicho adiós. Vergonzoso. Siento vergüenza ajena.

Mis hijos han vuelto contentos, se lo han pasado bien pero como ya le pregunté ayer si quería quedarse alguna vez a dormir con papá hoy me ha dicho que se lo ha pasado bien pero que a dormir con mamá. ¿Qué estoy haciendo? Debería mantenerme recta como un palo y no dejar que sus sinsentidos asolen nuestra tranquilidad sometiendo a mi hijo a la presión de decidir si quiere o no, ir a dormir con su padre.

Por mi parte, he decidido no pedirle nada más, no discutir nada más. Pedirle algo es darle una invitación a que me hiera, a que me humille, a que me haga discutir delante de los niños y no se lo voy a permitir. Ahora son tiempos de tensión y espero que a la vuelta de unos meses todo esté más tranquilo y podamos normalizar algo la situación.

Estos días también me están haciendo recapacitar mucho y darme cuenta de muchas cosas. Confío en que me ayudará en el futuro. 

Permanezco positiva.

domingo, 18 de agosto de 2013

Día 5

Después de lo de ayer, estoy preparada para (casi) todo. 

Pensé que llegaría una hora más tarde pero sorprendentemente no lo ha hecho, a la hora de acompañar a los niños con su padre le he puesto mi mejor sonrisa, sobre todo por mis hijos y le he confirmado la hora de entrega. Todo correcto.

Para no perder la fea costumbre, me ha increpado al cabo de un rato con un mensaje reclamándome que por favor no olvide darle a los niños con agua, crema solar y no sé qué más. Digo que no sé qué más porque tras leerlo e indignarme tenía a un amigo alado que me dijo, ignórale, estás sola en un lugar maravilloso, relájate. Tanto lo hice que tuve que correr para estar en casa para cuando los niños volviesen. 

Los ha traído y todo ha ido bien, ni un triste comentario sobre su mensaje, -las reclamaciones mejor si son por lo bajini, a través de mensaje, que ahí sí que me sale hacerme el valiente-. 

Esta noche los niños estaban más tranquilos y después del baño, la cena, ver un rato las peripecias de Bob Esponja y compañía, nos hemos ido a dormir sin demasiada dificultad. 

Ignorarle me esta resultando gratificante ¡Ups! 

sábado, 17 de agosto de 2013

Día 4

Ayer por la noche le dije al padre que a los niños se les hacia muy largo esperar tres o cuatro horas desde que se despiertan hasta que viene a recogerlos y que por eso sería buena idea que viniese una hora antes. Después de discutir y decirme que entonces los traía de vuelta una hora antes (¿uh?) me confirmó que vendría a buscarlos una hora antes por lo que entendí como aceptada la petición.

Cuando ha llegado esta mañana me ha dicho que los traería una hora antes y hemos discutido, alto y clarito y delante de mis hijos a los que lo máximo que hemos podido hacer por ellos es cerrarles las puertas del coche para que no oyesen a sus padres discutir. Bochornoso, no volverá a pasar. 

Por si no fuese suficiente, después me dice que los niños se quieren quedar a dormir con él y previa consulta legal le he confirmado que mejor lo plantificábamos para otro día aunque reconozco haber pasado momentos de ansiedad al pensar  que no me traería a mis pequeños. 

Como final de traca los ha traído casi media hora más tarde y sin previo aviso. La disculpa era aún más patética.

He hecho que sean las grandes decepciones del día, lo peor de todo esto, lo que saque a relucir lo mejor de mí, la mejor mujer, la mejor madre, la mejor persona. Esto al menos me ha dado fuerzas para continuar la lucha

Firmado
Mamá Leona
;)

viernes, 16 de agosto de 2013

Día 3

Ha llegado a recogerlos y los niños se han ido felices y contentos, lo llevaban deseando desde que se han despertado. 

Mi día ha sido algo ajetreado pero he disfrutado de unas horitas de buena compañía y buena conversación en la playa y me he vuelto a casa contenta. 

Ha traído a los niños algo más tarde pero me había avisado y todo bien. Lo malo es que vuelven muy alterados, fuera de sí, no atienden a mis indicaciones, lo que hasta ahora eran normas y reglas que cumplían sin problema ahora no sólo no lo hacen, si no que hacen todo lo contrario. Ayer el pequeño lanzó el vaso por los aires mientras comía, el mayor tiró una estantería pequeña que tiene en su cuarto y se ha dormido a regañadientes cuando eran ya pasadas las once y media de la noche. Me he tenido que enfadar con ellos y llamarles al orden más de una vez, incluso con amenaza de inminente castigo, pero nada.

Sólo me preguntan cuando va a volver papá y si va a volver pronto por lo que le he pedido al padre que por las mañanas venga una hora antes y no ha habido suerte, me ha dicho que está muy lejos y que si viene una hora antes, también los trae una hora antes.  No entiendo nada.

Voy a ver si recojo un poco este desastre de casa que han dejado en un par de horas para que al menos si me tengo que levantar en mitad de la noche, no me pegue un topetazo, que ya sería lo que me faltaba.

Queda una semana, pese a lo positivo de que los niños estén tan ilusionados con él, yo noto que no estoy recuperando muchas fuerzas aunque estoy decidida a aprovechar cada minuto y poner la mente en blanco.

Sobreviviré.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Día 1

Me he pasado la mañana muy nerviosa, casi tres meses sin verle personalmente y además con el aliciente de mirarle y saber que lleva un año engañándome y que mis sospechas han sido finalmente confirmadas.

Al recoger a los niños me he percatado de que a parte de las sillas para el coche de los niños, llevaba otra silla más. Cuando mi hijo se ha apresurado a preguntar le he contestado que era para el hijo de la amiga de papá. Mi indignación era mayúscula, venía con su otra familia a visitar a sus hijos y a parte de pensar que, es posible aunque espero que improbable que les afecte a mis hijos, para mí, que aún siento y padezco, ha resultado ser demoledor. 

Me he pasado horas llorando. Llorando por la realidad que vivo, por la soledad que produce no tener a mis hijos cerca y la frustración de no poder disfrutarlos al tiempo que el padre como la familia que fuimos alguna vez

La tendencia es siempre a pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, me hago cargo y me embarco con los ojos cerrados en imaginar que el futuro que me espera me traerá cosas bonitas.

Los niños han vuelto contentos y diciéndole hasta mañana a su padre. Aunque el dolor que siento es importante, me reconforta ver a mis hijos contentos y felices.


lunes, 12 de agosto de 2013

A un día...

No llamaba a la hora acordada y parece ser que no lo había entendido bien. El que no llamase junto con mi preocupación por no acordar detalles o explicarle ciertas cosas importantes sobre los niños me preocupaba y me enfadaba al mismo tiempo así que decidí llamarle.

Estuvimos una hora hablando y supongo que todo lo hablado me llevó al subsuelo. Después de hablar con su abogado aceptó que ya NO es sólo una amiga y cuando le dije lo mal que me parecía que la trajera a ella a su visita a los niños me contestó que las vacaciones las disfrutaban juntos. Por un momento me sentí como la amante que le exige a su pareja casada y con hijos tiempo para ella misma. Sigo pensando que ha perdido la cabeza aunque en su esfuerzo de justificar el patético comportamiento que ha manifestado este último año dijo que llevábamos desde hacía tiempo discutiendo mucho pero que lo íbamos sobrellevando porque él cedía en todo. Sigue con su actitud cobarde y sigue haciéndome daño.

He pasado una tarde muy mala, muy muy mala, el peso de los niños cuando vas llorando por los rincones es aún mayor y por si eso fuera poco, los niños que se percatan de todo estaban aún más nerviosos y alterados.

He puesto horarios y condiciones que bajo ligeras modificaciones ha aceptado. Ahora ya sé que los niños estarán con su novia y a más de una hora de distancia cuando estén donde se aloja el padre.

Hoy por primera vez he sentido que se ha ido y que no volverá jamás. Supongo que aunque estaba claro, un resquicio de mí esperaba que un día despertara siendo consciente de todo el dolor producido y se esforzase en enmendar los daños, que no le sería fácil pero hubiera sido reconfortante el esfuerzo y el reconocimiento.



domingo, 11 de agosto de 2013

A dos días...

La situación en sí misma lejos de mejorar ha empeorado, la comunicación es mala o nula si tenemos en cuenta que o me responde que lo hablará con su abogado o sencillamente no me responde.

Más allá de exigencias que considero justas, como qué va a hacer con los niños, dónde va a estar con los niños o quién va a estar con los niños ahora lo que me produce cierta ansiedad es el hecho de que necesitaría contarle cómo son sus hijos a día de hoy.

Digamos que todo se desmoronó a finales de febrero, entonces empezó a evadirse de sus responsabilidades en casa y a evadirse más concretamente de sus responsabilidades como padre justificándolo en el volumen de trabajo. Más allá de que fuese cierto o no, la cuestión es que lleva seis meses sin tratar mucho con sus hijos.

Cuando la separación fue un hecho, recogía a los niños una tarde de la guardería y pasaba unas horas los fines de semana con ellos. A eso sumémosle que llevamos dos meses y medio en España y las comunicaciones por Skype no son del todo fructíferas. 

En todo este tiempo mi hijo pequeño ha hecho el cambio de bebé a niño, ya no utiliza pañal, come él sólo y además detesta que quieras robarle esa autonomía, por no hablar de la cantidad de vocabulario que ha adquirido, principalmente en español y versionado, claro. Su hermano mayor también ha hecho cambios y no sólo físicos.

Son cosas, algunas tal vez sin importancia pero que los convierten poco menos que en desconocidos. Hasta ahora yo estaba pataleando en la lucha de amortiguar ese choque que tal vez se pudiese llegar a producir cuando estos tres desconocidos se hallen solos. 

Lo positivo es que he llegado a la conclusión de que es algo de lo que aunque quiera, no me puedo hacer cargo. Amortiguar ese choque es algo que no me pertenece y que lamentablemente tampoco puedo evitarle a mis hijos a los que espero que les afecte tan poco como otras cosas que pensé importantes y al final resultó no serlo tanto para ellos.

Recuerdo algo que me contaba una amiga de Alemania que se estaba separando al tiempo que yo, que me explicaba que su terapeuta le decía que cuando dejase al niño con su padre, dejase que fuese él el que tomase las riendas y no le dejase la comida preparada para el niño, a lo que ella me dijo "es que no puedo soportar pensar que le va a dar patatas fritas con ketchup para comer". He pensado en esto muchas veces y ahora le contestaría a mi amiga que deje que le haga lo que quiera, es su padre y pronto ya no tendrá que ser la madre la que le diga que eso es una porquería, si no que será su hija la que le diga, "papá no quiero esa porquería" y ahí sí que se darán reacciones. O no, pero eso sigue siendo una responsabilidad que seguimos sin poder asumir.

En definitiva, dejo que llegue el día y que se lleve a los niños sin mirar atrás. Tal vez el choque que imagino no sea tal y de haberlo, que cada uno saque sus propias conclusiones, incluidos mis hijos que son fuertes y listos y lo que es aún más importante, tienen a una madre que los espera para cubrir cualquier carencia que manifiesten.

Y dicho lo cuál toca hacerse cargo de esta propaganda libertadora y ponerla en práctica. 




viernes, 9 de agosto de 2013

A cuatro días...

Finalmente sí viene.

Supongo que mi preocupación por cómo estarán los niños con él durante su estancia después de pasarme dos meses y medio pegada a ellos día y noche me produce un nerviosismo y una ansiedad que me hacen parecer algo desquiciada. 

Creo que está justificado pero también creo que debería evitarlo, no es beneficioso para nadie, especialmente para mí.

Le he escrito pidiéndole algunas cosas concretas antes de poder llevarse a los niños "unas horas" cada día durante su visita. La primera y fundamental, qué tiene pensado hacer con los niños esos días y de qué dispone para atenderlos. Si viene en coche y de ser así, si dispone de sillas para el coche, ropa, pañales aunque le dije que le daría a los niños con sus cosas básicas en las mochilas. No importa porque igual que en el Mail anterior está ignorando mis cuestiones. 

Sigamos, mi segunda y tercera cuestión son que me diga dónde va a estar y con quién. Ya le he aclarado ante todo que su vida me importa un pimiento pero en la medida en la que expone a mis hijos a su vida, sí que quiero saber lo que hace para no repetir errores del pasado que sangré, sudor y lágrimas me ha costado subsanar (o al menos en parte).

Hoy, a escasos días de su llegada, le he dado un ultimátum, si no atiendes mis peticiones, me atendré a lo acordado previo a nuestro viaje y podrás ver a los niños a nuestra vuelta a Alemania.

Estoy intentando poner límites en todo este desorden de vidas que paseamos y hacerme respetar.

De momento no lo consigo. Poco a poco. 

viernes, 26 de julio de 2013

Pesadilla en Skype Street

Llevo ya casi dos meses en España y mis hijos hablan prácticamente a diario con su padre, lo cual para mí supone un suplicio, no por el hecho en si, si no por todo lo que trae consigo.

Al principio, cuando llegamos a España, el mayor le preguntaba cuando venía y cuando lo iban a ver y el padre que parece ser, tenía pensado venir en junio, les decía que en un par de semanas se verían. Pasaron las semanas y el padre finalmente no vino y eso resultó ser una decepción para el mayor. Normal. 

Después de lo sucedido y supongo que también debido a la falta de roce, a los niños ya nos les apetece hablar con su padre. El mayor directamente se niega, hay días en los que lo expresa más claramente que otros pero básicamente no quiere hablar con él. El pequeño que vivió enamorado de su padre desde que nació y para el que fue un shock no verlo con la frecuencia que le gustaría en todo este proceso de separación, ha decidido recientemente apuntarse a la moda de su hermano y negarse a hablar con él. Tiene a penas veintiún meses pero si algo he aprendido yo con todo esto es que los niños perciben mucho, muuuuucho más de lo que nos pensamos. Por contra también aceptan muchos de los cambios que una separación supone con mayor naturalidad de la que nos esperamos los adultos.

Suelen hablar por Skype ya que las llamadas a mi móvil alemán fuera del territorio alemán me cuestan un ojo de la cara aunque al principio lo asumía como parte de la situación entendiendo que ya que esas llamadas redundan en beneficio del padre, éste se haría cargo de esas facturas. Qué ingenua. A principios de julio me llegó un mensaje que decía que me cortaban la línea móvil por impago y tuve que hacerle ver al lince del padre que o pagaba la factura o lamentablemente no sería posible continuar con el contacto telefónico con sus hijos. Qué bochornoso tener que recurrir a este tipo de ultimátums porque parece que su sentido común no llega a tanto.

Aunque pagó la factura decidí no hipotecarme el futuro a la espera de que él se hiciera cargo o no de las facturas de móvil. Ni hablar. Le dije que hablaríamos por Skype siempre y cuando yo tuviera cobertura wifi en mi teléfono o si no en el ordenador en casa de mis padres. Así lo hemos venido haciendo este último mes.

Cada vez que recibo un mensaje en el que me pregunta si puede hablar con los niños se me cae el alma a los pies porque sé que me toca media hora desesperante. Es una pesadilla.

Consecución de los hechos de forma resumida:

1.- Llega mensaje del padre.
2.- Niños, papá va a llamar. 
3.- El mayor grita que no y el pequeño se escabulle.
4.- Ignoro sus reacciones porque es algo por lo que hay que pasar, queramos o no -hijos, asumámoslo-. Pongo en marcha el programa y espero la llamada. Mientras, los voy animando a que se acerquen a decirle algo a su padre.
5.- Mi hijo mayor me explica que quiere jugar, que se lo está pasando muy bien y que NO QUIERE hablar con su padre.
6.- Su padre llama, descuelgo, nos vemos las caras (qué suplicio), no nos decimos nada y llamo a los niños, les urjo a que vengan que papá les espera. 
7.- Mi hijo mayor ignora mis llamadas y el pequeño ya está a punto de atravesar la frontera con una identidad falsa.
8.- Yo me pregunto por qué tengo que asumir ese rol cuando yo soy la primera que entiendo porqué los niños no quieren hablar con su padre aunque siguiendo las recomendaciones de mi abogado y pisoteando mis principios y mi autoestima continúo, ya con un tono más serio pidiéndoles a los niños que se acerquen al ordenador.
9.- Llamo a la interpol y consigo dar con el pequeño, le pongo los grilletes y lo poso delante del ordenador, su padre le dice cuatro tonterías, él parece que reacciona a alguna y después de como mucho unos minutos se ha largado y me vuelvo a quedar sola con el padre. ¡Yupi!
10.- Le digo al mayor que si no quiere hablar con papá que no pasa nada pero que al menos venga a decirle hola, le explique que está jugando y que después podrá seguir con lo que está haciendo. Después de repetirlo varias veces lo hace pero se niega a hablar en alemán con su padre y hace tonterías que me ponen nerviosa.
11.- El mayor continúa con su teatrillo, ese que si pudiésemos traducir en nuestro idioma de adultos diría algo así como "papá no me gusta nada de todo esto, no quiero hablar contigo porque has hecho cosas que aunque no consigo entender muy bien, no me gustan y además gritas y hablas mal a mi mamá cuando te enfadas y que sepas que cuando me despierto por las noches quien está a mi lado es mi mamá y cuando mi hermano me engancha del pelo es mi mamá quien corre a rescatarme y cada vez que me caigo es mi mamá quien viene corriendo y me canta "sana, sana". Papá, es que hace tanto tiempo que no acumulo un recuerdo agradable contigo que no me apetece decirte nada como si nada de lo anterior fuese importante"
12.- Decido que ya basta y vuelvo a intentar acercar los niños al ordenador para que se despidan y podamos acabar con toda esta pantomima, volvamos al punto número 7. 
13.-Finalmente se despiden y colgamos.

Así todos los días. Días mejores y días peores pero básicamente nos pasamos media hora de esta guisa. Insisto, ¡qué pesadilla!



lunes, 15 de julio de 2013

Tomando decisiones

Se cuece un jaleo interesante debido a toda la situación generada con mi separación y con el hecho de estar viviendo fuera de mi país. Resulta que aunque tengo un permiso para salir de Alemania con los niños debo estar de vuelta a más tardar en el 31 de Agosto y así me lo ha recordado un par de veces ya mi abogado. Le preocupa, es obvio que este tema es serio.

No obstante lo cual, la realidad que me espera no es un camino de rosas, no tengo capacidad económica para financiar mi supervivencia y la de mis hijos de forma autónoma y parece que mi príncipe azul lucha por dejarme sin un chavo

Hasta aquí nada nuevo. 

Ahora el asunto es si personas de mi entorno, de mi familia, mis padres me podrían echar una mano hasta que encontrase forma autosuficiente para salir adelante y luego ya poder ir devolviendo según pueda esa ayuda prestada. Los únicos con capacidad económica para ayudarme son mis padres y la cuestión es que mi padre no entiende cómo no he iniciado ya los trámites para mudarme a España y mi madre en cierta manera, le apoya. Y bueno, hasta cierto punto es su opinión aunque el problema es cuando condicionan su ayuda, económica o de cualquier tipo al hecho de que me mude ab sofort a España. 

Y yo me pregunto, ¿a alguna de estas personas que se supone que me quieren y me apoyan, les importa qué siento yo? ¿Tal vez no es demasiado pedir que deje toda mi vida, porque mi marido no es lo único que tengo en Alemania, y me venga con lo puesto a casa

Mi vida está allí y se me ocurren mucho y variados motivos por los que volver. También es cierto, que haber pasado aquí ya mes y medio confirma lo que ya me esperaba y es que si allí no va a ser fácil, aquí tampoco sería mejor. 

Quiero ver de lo que soy capaz, si me voy o no de Alemania quiero hacerlo por convicción propia y no escapando de una situación, hecho que me frustraría aún más. Quiero ser feliz y eso se consigue tomando tus propias decisiones y siendo consecuente con ellas. Y es por este motivo que YO, mujer separada y con dos hijos, mayor de edad y en pleno uso de mis facultades, decido quedarme sola en Alemania y sin ayuda de mis padres. 

Que así sea.

jueves, 4 de julio de 2013

Desesperada



desesperado, da.

1. adj. Dominado por la desesperación. U. t. c. s.

2. adj. Extremo, forzoso, causado por la desesperación. Una decisión desesperada.

3. adj. Que no tiene remedio o no permite concebir esperanzas. Un caso desesperado.



Las tres acepciones casan con mi situación. Mi querido príncipe azul ha decidido crujirme mediante su abogado. Ha decidido que aunque haya dedicado los últimos casi cinco años de mi vida al proyecto de familia que teníamos en común, dejando con ello de lado mi propia vida, relegando mis estudios en la universidad a un segundo plano y muchas otras cosas mientras él desarrollaba una próspera carrera profesional que ahora le brinda unas condiciones y un salario más que satisfactorios, pese a todo esto, yo me quedo sin nada. Y no es que quiera quedarme con el coche, o con la casa o con cosas que ni si quiera tenemos, a mí lo único que me gustaría es tener la oportunidad de empezar de cero sola, un apoyo económico que me permita pagar el alquiler, la comida, aunque sea un mes para poder encontrar un trabajo. Mis hijos pueden estar en la guardería desde las 8:00 hasta las 16:30 por lo que espero poder encontrar algo, LO QUE SEA, que al menos me permita pagar el alquiler, que no es poco, pero una mudanza trae consigo más problemas que ventajas (éste es otro interesante capítulo de toda esta pesadilla).



Llevo más de un mes en España y me quedo otro tanto más, sería también interesante conseguir un trabajo aquí de LO QUE SEA, algo que me permitiera llevarme algún dinero a Alemania porque el 1 de Septiembre debo pagar mil euros de alquiler y poder comprar comida. Al menos lo básico.



Espero conseguirlo...

lunes, 1 de julio de 2013

Nuevo concepto de puntualidad alemana

La puntualidad alemana es una de esas cosas que se van asimilando sin darse mucha cuenta y que cuando realmente la notas es cuando vienes a España de visita, tu tía te dice ven a las cinco a casa a tomar café y llegas a las 16:59, tocas el timbre y no hay nadie en casa todavía o cuando tu madre te dice ahora vengo y tarda más de una hora en llegar. Después de unas semanas ya cuento con eso y me relajo con lo de la puntualidad, eso sí, unos días antes de regresar a Alemania me tendré que poner a entrenar, lo de ser puntual va asociado con el honor y la palabra de una persona, ¡no son bromas! :)

Mi marido era una de esas personas que como buen alemán era fiel a esta tradición y se sentía muy orgulloso de que esto formara parte de su cultura. Si bien es cierto que igual que evolucionó de principe azul al mismísimo diablo, cual Pokémon, empezó a aplicar la que supongo es su nueva idea de puntualidad alemana.

Después de semanas de puro desgaste, de maltrato psicológico, de dejarme colgada con los niños hasta las tantas porque tenía trabajo o porque me decía claramente que se iba de juerga con sus colegas, después de mucho discutir y a punto de venirme de visita a España, dos días antes, un buen viernes, después de una de sus juergas épicas tuvimos una discusión de buena mañana que ríete tú de las broncas de Gran Hermano. Ese día decidí que no podía más y que pasaba los dos días que me quedaban en casa de alguna amiga. El tiro me salió por la culata y si tengo oportunidad rendiré cuentas de lo sucedido. La cuestión es que pocas horas después, cuando él ya había vuelto del trabajo, volví, pero él lejos de tomarlo como una corrección de un "error" y después de mucho Whatsapp decidió que no era merecedora de su presencia y al margen de las necesidades de los niños o mías, cogió sus cosas y se fue como castigo. "No te ibas?" me dijo, "Pues ahora el que se va soy yo".

Fue un duro golpe porque lo que yo pretendía era hacerle reaccionar, ver que su comportamiento egoísta y excéntrico iba a hacerle perder eso tan bonito que habíamos construído juntos y que  -por el amor de Dios!- no podíamos perder de la noche a la mañana por una supuesta crisis. Ahora veo que él simplemente quería escapar de mí y no sabía cómo hacerlo y aprovechaba cualquier movimiento en falso por mi parte, por muy justificado que estuviese, para hacerme sangrar y pagar por ello. Siempre es mejor (!) que asumir las propias decisiones y afrontarlas valientemente o eso supongo que debe pensar (aún).

Me quedé sola con los niños, destrozada física y emocionalmente. Físicamente por llevar días y días con los niños a las espaldas, noches, idas y venidas a la guardería, la casa, la comida, la compra...  Y emocionalmente por estar viviendo una pesadilla que lejos de mejorar iba empeorando por momentos.

Pese a todo me pidió ver a los niños al día siguiente, que los vendría a recoger a las 10 de la mañana me dijo y aquí empieza lo divertido de la historia:

Sábado a las 9:40

Niños!!! Vamos a vestirnos que viene papá y vais a ir a dar un paseo.

Llovía y hacía algo de frío por lo que empezamos a vestirnos con los trajes de lluvia, calcetines gruesos, botas...

10:10 Ni rastro de papá

10:45 Los niños sudan como pollos y decido quitarles las chaquetas. Sigo sin noticias del padre.

11:00 Recibo un mensaje "Mierda, me he dormido, ahora vengo!".

12:45 Sin rastro del padre.

13:15 Recibo otro mensaje: "Mierda, me he vuelto a dormir, voy!".

14:30 Se presenta en casa.

Decidí previamente no discutir con él y aunque cuando llegó hizo un intento (pésimo) de disculpa le respondí "Sin comentarios".

17:30 Viene de vuelta y me pide llevarse el coche sin mayores explicaciones, le digo que mejor no, que si me pasa algo con los niños o se ponen malos en mitad de la noche quiero poder disponer del coche para ir al hospital o algo así.

Antes le había pedido que en lugar de venir a las 15:00 para llevarnos al aeropuerto, que por favor viniera a estar con los niños de las 10:00 a las 12:00 para poder ultimar el equipaje. Bueno pues me dijo que si quería que viniese a las 10:00 al día siguiente se tenía que llevar el coche. Bueno, pensé, que se lo lleve y acabemos esta historia en paz.

Domingo a las 10:00 del día que viajábamos

No se ha presentado ni tengo noticias.

10:45 Me manda un mensaje "FUCK me he dormido, necesito una hora para venir"

Decido que es el colmo, me supera, me tiembla todo, siento que ya no respeta nada. Siento miedo por no tener coche para ir al aeropuerto, perderé el avión y una tormenta de ideas a cuál más desproporcionada. Me dejo llevar por el estrés y llamo a varias amigas hasta que una buena amiga, en pleno domingo familiar lo suelta todo y viene con su coche a buscarme, a mí y a los niños y nos lleva al aeropuerto.

15:00 Primera llamada, después de una docena de ellas y de no cogerle el teléfono nos desea un buen viaje por SMS y que por favor le dé besos a los niños de su parte.

Aquí me di cuenta cuán efímeros pueden ser nuestros principios cuando nuestros intereses cambian y fue una terrible decepción pero no fue la definitiva para llevarme a la aceptación de nuestra nueva realidad, de darme cuenta que ni me quería ni me iba a querer. Ha habido desastres posteriores que me han ayudado a comprenderlo.


Y aquí y a pelo, tragando pero superando.