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domingo, 15 de marzo de 2015

El fin de semana

El fin de semana es generalmente conocido como tiempo de descanso, de recuperación del cansancio acumulado durante la semana. Regla de la cual estamos excluidos los padres. 


En mi caso particular cuando llega el viernes, llega la acción de verdad. La Aupair tiene libre y me toca salir por patas del trabajo para ir a recoger a los niños de la guarde, tener un plan para pasar la tarde y en el mejor de los casos, sobrevivir hasta que se vayan a dormir. El sábado por la mañana a las 6 tocan Diana y hay que levantarse y encontrar "divertimento" durante todo el día, el pequeño con 3 años hace siesta, pero el mayor con cinco y medio me dice que la haga yo (que no estaría mal). Así que la pausa es relativa. 

El cansancio del mayor es evidente y las tardes sin siesta no dejan de ser de lo más alteradas. El sábado por la noche es mi noche libre, pero como me pasa a menudo, estoy tan agotada que antes de que llegue la hora de salir me he quedado frita en el sofá o he renunciado a mis pretensiones lúdicas para meterme en la cama. 

El domingo empieza igual que el sábado, a una hora respetable y el día se sucede entre ocio en el jardín, pequeñas salidas, pintar, jugar y un poco de dibujitos. 

A estas horas del domingo estoy que me arrastro, siento que no puedo más y la nueva Aupair que tenemos, que es un amor, me ayuda a sobrellevarlo de la mejor manera posible. 

Cuando se acuestan el domingo, preparo todo lo de la semana, lo mío y parte de los niños, comidas, ropa y esas cosas. 

Se acabó mi fin de semana y respiro hondo aliviada porque por fin empieza la semana, repleta de problemas que solucionar en el trabajo, estrés y reuniones. Salir corriendo para cuando lleguen mis pequeños y preparar cena y disfrutar de unos minutos en compañía con los niños. 

Los adoro quiero que sientan que estoy ahí, que estoy ahí para jugar cuando ellos quieran, aunque lo haga después de 9 o 10 horas en la oficina y alguna que otra decepción o frustración. Como la mayoría de padres, intento sacar fuerzas y una sonrisa y dar lo mejor de mí.

Después de casi dos años en esta lucha, necesito una de esas vacaciones, sin mayor pretensión que poder dormir hasta que mi cuerpo diga basta, darme un baño relajado sin que entren en el baño a trompicones continuamente y comer tranquilamente, sin que me tenga que levantar de la mesa tantas veces que hasta en ocasiones pienso si ceno o mejor espero a que se duerman para cenar. Son pequeñas pretensiones pero no parecen realizables. 

A veces me frustra tanto que me entristece ver en que se ha convertido mi vida, pero otras siento que la lucha no es por un objetivo, si no que la lucha en sí, ya es la consecución del objetivo. 

Supongo que lo segundo tiene un peso mucho más importante y por eso, no me cabe duda, tengo dos buenos e inmejorables motivos para levantarme todos los días y conseguir un día más mi objetivo, sobrevivir. 

Tengo la esperanza de que en unos años "sobrevivir" pertenecerá al pasado y encontraré muchas más manera de disfrutar y simplemente "vivir".

Paciencia y una caña :)

sábado, 28 de febrero de 2015

A medio escribir

En el juzgado por culpa de mi ex porque no paga, la Aupair de repente se va, Nueva Aupair, gastos, deudas, sin bonus porque a mi empresa no le salen las cuentas y lo cierto es, que a mi tampoco. 

Llevo mucho conseguido pero también vienen estas épocas en las que me tiemblan las piernas.

Los niños son muy absorbentes hasta el punto que a veces tengo la sensación que me sorben la sangre como dos vampiros. Pobrecitos míos.

Ya dicen que el que mucho abarca, poco aprieta.

Para colmo me echo un novio que aunque cree entender la compleja situación que es mi vida, realmente no es capaz de entenderla. 

Me he pasado semanas intentando describir una situación que se ha ido complicando y complicando... He perdido el hilo y ya no sabia ni por donde empezar. 

Aunque me cuesta, sigo intentándolo. 

lunes, 11 de noviembre de 2013

Ça marche!

Hace casi un mes que empecé a trabajar y aunque es mejorable y tiene alguna que otra pega, es un trabajo, género ingresos y me paga el seguro médico a mis hijos y a mí. Más que un aprobado merece y el reto principal que me propuse en tierras teutonas conseguido. Me siento orgullosa de mí misma.

El día a día no es fácil y si ya era complicado antes, ahora que me paso trabajando todo el tiempo que mis hijos están en la guarde, lo es más. Me refiero a hacer la compra, a limpiar, poner lavadoras, preparar comidas... Vamos, lo que hace toda "madre" de vecino. 

Tendrías que ver mi cocina y mi salón... Ese rato entre que llegamos de la guarde y se acuestan, lo dan todo y más. Yo les permito ciertas concesiones porque sí encima de que se pasan de 8 a 16:30 en la guarde luego solo hago de policía, no disfrutaremos nunca los unos de los otros. Reservo las pocas fuerzas que me ha dejado el día para sentarme con ellos mientras se hace la cena y montar vías de tren, dibujar en la pizarrita mágica con el pequeño, hacer carreras con las maletas de viaje que aún no he conseguido bajar al trastero y todo lo que no sea peligroso para nada ni para nadie, dentro de ciertos límites porque si se presentase aquí alguna amiga sin hijos, lloraría de la ansiedad pensando en que rozamos los límites de nuestra integridad física. Es así y el que no se lo crea, que tenga dos hijos con tan poca diferencia y ponga a prueba su capacidad de sorpresa. 

Desde hace unos días conseguí que el padre los recogiera por las mañanas lo cual nos permite poder estar en la cama algo más de una hora extra y me ahorra dinero de transporte, tiempo, sudor y nervios. Creo que es positivo para todos: los niños adquieren un contacto rutinario con el padre, al padre aunque se opuso con todas sus fuerzas creo que también le está gustando y a mí, qué deciros, a mí me permite poder acabar de arreglarme tranquila antes de ir a trabajar y llegar al trabajo de hora. Todo un lujo, que dure! 

Entre tanto conocí a alguien simpático y majete aunque para variar, más liado que la pata de un romano así que entre mi vida, la suya y todo lo demás hace como diez días que no nos vemos. No ha pasado nada de nada pero no tengo prisa y si no sale nada, tampoco pasa nada... De momento me ilusiona y si algo así, casual y espontáneo surge, estupendo y si no, lo dicho, a seguir con lo mío que bastante tengo aunque también siento que me apetece y me desquita de otras cosas así que pese a que en ocasiones me lluevan críticas, las escucho, las analizo y sigo mi instinto.

Hoy no puedo más y aún tengo que poner algo de orden en este sindios pero lo hago con la satisfacción de sentir que la cosa avanza, que he conseguido grandes logros y que el sufrimiento, la lucha y ser paciente, tienen su recompensa. 

Weiter so!


lunes, 4 de noviembre de 2013

Viviendo deprisa

La semana pasada llegué a la conclusión de que había que "reajustar valores" y todo porque si no toqué fondo, estuve cerca.

Olvido cumpleaños de gente importante para mí, no atiendo a la gente que me quiere o no al menos como debería y acabo viendo la vida como un cronómetro. 

No puede ser.

Sea cómo sea, debo encontrar ese punto que me permita sentir que disfruto con lo que hago. Estoy hablando de que poco o mucho, el tiempo que paso con mis hijos debe ser para disfrutar con lo que hacen y para no ver la vida como una cuenta atrás hasta que se duerman.

También es cierto que hay que tener en cuenta que el trabajo, prácticamente a jornada completa me absorbe muchas fuerzas, tiempo, concentración y energías. Cuando salgo tengo ganas de tomarme algo fresquito o calentito, sentarme, pensar en algo que me relaje y que me permita retomar fuerzas para seguir.

He empezado tirando más de babysitter, los niños la adoran y si tienen que pasar una tarde o una noche con ella, ese es definitivamente dinero bien invertido.

Por las mañanas no muero intentando hacerlo todo sola, de milagro. No llegar demasiado pronto a la guarde para que no me penalicen y tenga que pagar más, ni demasiado tarde para llegar puntual a trabajar y todo tirando de bici o transporte público. ¡Una aventura!

En este sentido he optado por cantarle las cuarenta al padre e intentar que los recoja por la mañana y los lleve a la guarde. No ha sido fácil ni sé si en dos días me dirá que no puede. Veremos.

Por otro lado, aunque muertita, cuando acuesto a los niños miro de preguntarle a esas personas a las que les debo tanto como ha sido su día y me cuenten sus problemas. En realidad me encanta, me encanta no hablar tanto de mis problemas porque poco a poco dejaran de serlo y sentir que soy un apoyo para los demás me da fuerzas. 

Por otro lado, voy aparcando cosas para cuando me acuesto y al final la montaña es tan grande que me decepciono a mi misma continuamente. No puede ser. La decepción consume energías que debo invertir en cosas más productivas. Así que ahora mismo, que tengo que preparar una enorme tortilla de patatas para mañana la guarde he decidido relajarme un poco en el sofá, tomarme algo que me guste y poner la alarma para dentro de dos horas. Que consigo sobrevivir a este sueño matador y no duermo? Mejor, que sí? Pues al menos me despertare para preparar la tortilla. 

Y punto importante, salidas y encuentros. Me traslada a otro mundo, me evade sobremanera, me hace sentir algo más que madre, trabajadora o limpiadora. He decido invertir en mi felicidad y la de los míos y quitarme de encima el peso de la limpieza de la casa, he contratado temporalmente alguien que me haga una limpieza profunda a la semana y esa misma persona viene entre una y dos veces a la semana a estar un rato con ellos para que yo disfrute un poco de mi tiempo.

De momento todo va, es otra situación, otra experiencia y vuelvo a la fase de pruebas. No puedo estar nunca cien por cien segura de si estas decisiones son las más correctas pero al menos de momento responden a mis inquietudes y mis necesidades. 

Pongámonos manos a la obra y basta ya de vivir deprisa, esta vida es corta y hay que disfrutarla :)

¡Os deseo a todas feliz semana!



viernes, 23 de agosto de 2013

Día 10

C'est fini...


Hoy es el último día que se lleva a los niños y ha vuelto a ser duro ver cómo los pequeños le esperaban y él volvía a permitirse llegar casi quince minutos tarde. Mis hijos por suerte no controlan los tiempos pero si yo procuro que a menos cinco ultimemos detalles, eso les da un punto de referencia a mis hijos, reconocen cuando están esperando y se les hace pesado, cosa que no me hace ninguna gracia que añadan a su cofre de recuerdos de su infancia. Este aspecto, la puntualidad, quiero que sea algo que quede claro en el acuerdo. Y no hablo de no permitir que llegue ni un minuto tarde, que dadas las circunstancias estaría justificado que así lo reclamase, pero a lo que me refiero es que puesto que no hay ningún interés común que nos una, a parte de nuestros hijos, y nuestras vidas siguen caminos separados, lo suyo es que nos tengamos respeto y dentro de este concepto respetemos el tiempo del otro. Si llega tarde, que nos puede pasar a cualquiera, que avise, al menos que lo comunique y que sea algo realmente excepcional.

En cualquier caso ya ni se disculpa. Y yo que pensaba que las patéticas excusas eran lo peor del mundo.

Los niños volvían a oponer resistencia a la idea de irse con el padre. Creo que el mayor piensa que algún día conseguirá que me vaya en el coche con ellos y que la amiga de papá y su hijo, como me dijo ayer, se queden en casa. Espero que pronto se desprenda de esa esperanza y todos aprendamos a ser felices con la situación que vivimos. Sólo deseo ver a mis hijos crecer felices.

Yo me he pasado otra mañana la mar de entretenida y emocionante con unos buenos amigos. Después de comer, a casa, que me traía a los niños y esta vez sí me ha avisado de que llegaba con retraso, supongo que estaba de buen humor o se habrían alineado Saturno y Uranio o quién sabe qué habría pasado para que haya caído en la cuenta de avisarme.

Hemos pasado una tarde en casa de una buena amiga y hemos disfrutado de una tarde de juegos y tranquilidad. Algo en mi interior sentía tristeza y desánimo pero no atino a adivinar el qué.

¿Tristeza a cuento de qué?

Supongo que aunque haya sido doloroso también tiene que ver con el hecho de que mañana ya no hay más recogidas, ni más retrasos, ni más exigencias estúpidas por mensaje, ni más ver pasar al que fue mi marido y su novia con el coche por delante de mis narices, ni muchas otras cosas; tiene que ver con el hecho de que se acaba algo otra vez. Y la cuestión es que también me ilusiona la idea de volver a nuestra pequeña rutina aunque sea por poco tiempo ya que en una semana volamos a casa de vuelta.

Supongo que la mezcla de emociones, de sensaciones es la que me tiene el cuerpo así. 

lunes, 19 de agosto de 2013

Día 6

Hoy tenía que recogerlos a la salida del cole de verano del mayor y ha llegado con quince minutos de retraso. Estábamos esperándole y mi hijo mayor me ha dicho que no quería ir con su padre, el pequeño que se estaba despertando de su siesta en el coche tampoco quería despegarse de mí.

Entre tanto ha llegado su padre y ante la negativa de los niños, su solución ha sido hacerles más presión e intentar encandilarlos con cosas materiales, presión que no surtía efecto. Después de varios minutos dejando que fuera él el que les convenciese, le he pedido que me dejase a mí hablar con ellos, pero no me escuchaba por lo que yo intentaba tranquilizar al pequeño mientras el mayor se veía atosigado por la presión de su padre. Finalmente he conseguido coger el timón de la situación y después de hablar con mis pequeños y decirles que se lo iban a pasar muy bien y que mamá se iba a esperarlos a casa, se han quedado con morritos pero sin llorar. 

Ha sido realmente difícil, me alegro de que me tengan tan presente y de que todo lo material no sea más que eso, cosas que impresionan los primeros días pero que transcurridos los cuales adoran volver a su rutina, sus normas y su mamá.

He pasado la tarde en la peluquería con el teléfono en la mano y pensando en que se lo estarían pasando bien, me lo repetía una y otra vez. También me preguntaba por qué si él hace todo tan a la tremenda, no nos da dinero ni si quiera apoyo real, yo tengo que estar a la altura y no poder decirle, los niños se quieren quedar intentémoslo mañana otra vez o en otro momento. Me resulta todo muy injusto.

A la vuelta les esperaba ya desde menos cinco en la puerta de la calle para darles la bienvenida y decirles que mamá había hecho hamburguesas con patatas para cenar. No de esas que se compran en restaurantes fastfood, no, de esas que se hacen en casa, con diferentes ingredientes y con mucho amor.

Cuando han llegado a la puerta de la finca han pasado todos de largo, todos, incluida ella con su hijo, que miraba hacia la entrada de mi casa y cuando me ha visto ha girado la mirada. Han parado en un camino vecinal que hay a escasos veinte metros de la entrada donde yo esperaba y se han bajado del coche para después traerme el padre a los niños sin el resto de la familia dentro. Cuando ha llegado, no me ha comentado nada y cuando se ha ido, mi hijo me invitaba a ir a saludar a la amiga de papá, están aquí alado me decía, cuando le he dicho que mejor que no y le he instado a volver a casa a comer ricas hamburguesas me ha dicho que esperásemos un momento para decirles adiós por lo que al cabo de dos minutos, pasaban nuevamente por la entrada de la finca y les hemos dicho adiós. Vergonzoso. Siento vergüenza ajena.

Mis hijos han vuelto contentos, se lo han pasado bien pero como ya le pregunté ayer si quería quedarse alguna vez a dormir con papá hoy me ha dicho que se lo ha pasado bien pero que a dormir con mamá. ¿Qué estoy haciendo? Debería mantenerme recta como un palo y no dejar que sus sinsentidos asolen nuestra tranquilidad sometiendo a mi hijo a la presión de decidir si quiere o no, ir a dormir con su padre.

Por mi parte, he decidido no pedirle nada más, no discutir nada más. Pedirle algo es darle una invitación a que me hiera, a que me humille, a que me haga discutir delante de los niños y no se lo voy a permitir. Ahora son tiempos de tensión y espero que a la vuelta de unos meses todo esté más tranquilo y podamos normalizar algo la situación.

Estos días también me están haciendo recapacitar mucho y darme cuenta de muchas cosas. Confío en que me ayudará en el futuro. 

Permanezco positiva.

lunes, 12 de agosto de 2013

A un día...

No llamaba a la hora acordada y parece ser que no lo había entendido bien. El que no llamase junto con mi preocupación por no acordar detalles o explicarle ciertas cosas importantes sobre los niños me preocupaba y me enfadaba al mismo tiempo así que decidí llamarle.

Estuvimos una hora hablando y supongo que todo lo hablado me llevó al subsuelo. Después de hablar con su abogado aceptó que ya NO es sólo una amiga y cuando le dije lo mal que me parecía que la trajera a ella a su visita a los niños me contestó que las vacaciones las disfrutaban juntos. Por un momento me sentí como la amante que le exige a su pareja casada y con hijos tiempo para ella misma. Sigo pensando que ha perdido la cabeza aunque en su esfuerzo de justificar el patético comportamiento que ha manifestado este último año dijo que llevábamos desde hacía tiempo discutiendo mucho pero que lo íbamos sobrellevando porque él cedía en todo. Sigue con su actitud cobarde y sigue haciéndome daño.

He pasado una tarde muy mala, muy muy mala, el peso de los niños cuando vas llorando por los rincones es aún mayor y por si eso fuera poco, los niños que se percatan de todo estaban aún más nerviosos y alterados.

He puesto horarios y condiciones que bajo ligeras modificaciones ha aceptado. Ahora ya sé que los niños estarán con su novia y a más de una hora de distancia cuando estén donde se aloja el padre.

Hoy por primera vez he sentido que se ha ido y que no volverá jamás. Supongo que aunque estaba claro, un resquicio de mí esperaba que un día despertara siendo consciente de todo el dolor producido y se esforzase en enmendar los daños, que no le sería fácil pero hubiera sido reconfortante el esfuerzo y el reconocimiento.



miércoles, 7 de agosto de 2013

Chocolatito y Ricitos de oro

Son mis hijos y mi vida entera. Les llamo así de forma cariñosa y a ellos, como a mí, les encanta.

El pequeño que ya con veintidós meses, repite todo sonido que oye, cuando le digo chocolatito de mamá me dice "tatito" y se ríe poniendo esa carita que hace que me lo coma a besos. 

Desde que nació estableció una relación muy especial con su padre y aunque se pasó quince meses pegado a mi teta, cuando veía a su padre se le llenaba la expresión de alegría. Es por esto que para él esta separación ha sido especialmente complicada. No olvidaré jamás cuando al principio de haberse ido el padre y después de una fugaz llamada antes de acostar a los niños, chocolatito se pasó llorando una hora diciendo "papá, papá..." hasta que se quedó dormido por agotamiento.

Ese día soy consciente de que la rabia y la impotencia que sentí me restaron años de mi esperanza de vida. 

Ricitos de oro es el mayor y con casi cuatro años que tiene está en plena fase del "¿por quéééé?". Intento estar a su altura y esforzarme por contestarle a todo de forma adecuada pero también es cierto que esta fase me pilla en un momento muy inoportuno. Requiere paciencia y tranquilidad porque según que preguntas cuando estás pensando en todo la que se te viene encima las resolvería con un "Cállate, por favor". A veces lo he hecho pero no me siento bien y saco fuerzas de donde no sabía que las tuviese para responderle por qué es mejor no meter la manguera en casa aunque sea verano y AUNQUE haga mucho calor. 

Él mantiene otro tipo de relación con su padre, también le adora porque mi marido siempre fue un padrazo que pasaba todo el tiempo del mundo y más con sus hijos. No obstante se percató de cosas que o bien su padre ignoró que pudiesen afectarle o es tan idiota como para no darse cuenta. En cualquier caso, culpable. No se le ocurrió otra cosa que, incluso antes de separarnos, en plena crisis, cuando me decía que quería ir solo con los niños, se llevaba a su amiga con ellos. 

Mi ricitos de oro no es tonto y me ha costado mucho dejar de oírle decir que (la amiga de papá) es mala o que no quiere jugar con su hijo o que no quiere ir con papá o la última, que está enfadado con papá y no quiere hablar con él por Skype porque tiene una mamá y un nene nuevos. Esto te quiebra el alma. 

Dos meses de hispanidad me los ha devuelto a la senda de la estabilidad gracias a las rutinas, la tranquilidad, lo previsible: cole (escuela de verano), comer con Schin Chan, playa y helado con la abuela. Saben lo que les espera al día siguiente y el plan aunque por supuesto, va sufriendo variaciones, se mueve dentro de un abanico de posibilidades muy limitado que les proporciona seguridad.

Ahora, en una semana viene el padre y aún no he conseguido que éste  me diga donde va a estar o qué tiene pensado hacer con los niños, le he propuesto un horario y una coordinación de la que espero desde hace una semana respuesta. Hoy por primera vez ni ha llamado ni ha dicho nada, hasta ahora aunque no llamase al menos se dignaba a dar alguna que otra excusa patética, pero siempre había dicho algo.

Es cierto que necesito un poco de tiempo para mí, para tumbarme en la toalla de la playa y no estar como una loca corriendo de la orilla a las toallas de otros bañistas a los que chocolatito quiere embadurnar de arena. O salir y sentarme en una terraza a tomar un granizado de almendra oyendo las olas del mar y no a ricitos de oro colapsando mi mente con "por qués". Pero también es cierto que todo esto se queda en una tontería sin importancia cuando pienso en que su padre pueda enturbiar esa tranquilidad que sangre, sudor y lágrimas me ha costado conseguir. Pensar en no verlos en todo el día me estremece, pensar en que les pueda pasar algo, pensar en que se ha pasado casi tres meses sin verlos y que ya a penas se conocen. Se me saltan las lágrimas.

Que no venga por favor. Que no venga...

sábado, 27 de julio de 2013

A perro flaco todo son pulgas

A pesar de ser consciente que mi penosa vida social se va a ver aún más perjudicada debo reconocerlo, tenemos piojos. Si, es un hecho.

El mayor llevaba todo el día de ayer rascándose la cabeza y algo me olía mal, y por si mi estado de ansiedad y estrés no estuviese ya suficientemente perjudicado, hoy me ha empezado a picar a mí.

Hemos ido a la farmacia y por el módico precio de 36,94€ hemos salido de allí con lociones anti piojos, champús anti piojos y "liendrera", un cepillito con púas de acero muy juntas que sirve para extraer los cuerpos de los parásitos una vez idiotizados por el champú y la loción. Idiota he acabado yo intentando quitarle los piojos al mayor y hacer todo lo que hago normalmente. 

Por un momento pensé que arderíamos como en Troya. La cena en el fuego, el pequeño en la bañera, el mayor en la fase dos del despiojamiento con la loción puesta y yo cepillito en mano quitándole todos los parásitos. Mientras a mi parecía que me iban a comer del picor que tenía, pero todo a su debido tiempo, me decía a mí misma: Primero baña a los niños, champú, loción, purga con el cepillito, los sientas a cenar y mientras ven Bob Esponja y comen patatas, tú te duchas y te despiojas. 

Tengo que dejar de idear planes perfectos

Se me han quemado las patatas, al pequeño el champú antiparasitario le ha entrado en los ojos y se ha puesto a los gritos mientras el mayor aprovechaba el despiste para largarse. En un momento he puesto orden, he aclarado al pequeño, pañal y lo he inmovilizado en su silla de la mesa, he localizado al mayor y lo he paralizado frente a Bob Esponja mientras acababa de quitarle los piojos, liendres y todo lo que no fuera pelo de esa cabecita. Mientras se acaban de hacer la segunda tanda de patatas, las he sacado, chorro de tomate frito al canto -para garantizar el éxito de la operación- y me he largado a la ducha. En cinco minutos estaba limpita y despiojada, lista para servir el yogur a mis exigentes comensales.

En la fase del yogur he pasado a hacer todas esas tareas que poco a poco mis padres me han ido encargando. Darle de comer a los perros, los pequeños y los grandes, las gallinas, poner lavadoras, encender el alumbrado cuando oscurece y finalmente limpiar la cocina. Cuando acabo -niños a la cama- suele pasarme como cuando llama su padre, una pesadilla, pero me los camelo con un cuento, leche, musiquita y en una media hora (a veces más) están durmiendo. 

Y una vez que he acabado tengo la sensación de que me ha caído un rayo encima y sólo alcanzo a buscar lugar donde dejarme caer y ya.

viernes, 26 de julio de 2013

Pesadilla en Skype Street

Llevo ya casi dos meses en España y mis hijos hablan prácticamente a diario con su padre, lo cual para mí supone un suplicio, no por el hecho en si, si no por todo lo que trae consigo.

Al principio, cuando llegamos a España, el mayor le preguntaba cuando venía y cuando lo iban a ver y el padre que parece ser, tenía pensado venir en junio, les decía que en un par de semanas se verían. Pasaron las semanas y el padre finalmente no vino y eso resultó ser una decepción para el mayor. Normal. 

Después de lo sucedido y supongo que también debido a la falta de roce, a los niños ya nos les apetece hablar con su padre. El mayor directamente se niega, hay días en los que lo expresa más claramente que otros pero básicamente no quiere hablar con él. El pequeño que vivió enamorado de su padre desde que nació y para el que fue un shock no verlo con la frecuencia que le gustaría en todo este proceso de separación, ha decidido recientemente apuntarse a la moda de su hermano y negarse a hablar con él. Tiene a penas veintiún meses pero si algo he aprendido yo con todo esto es que los niños perciben mucho, muuuuucho más de lo que nos pensamos. Por contra también aceptan muchos de los cambios que una separación supone con mayor naturalidad de la que nos esperamos los adultos.

Suelen hablar por Skype ya que las llamadas a mi móvil alemán fuera del territorio alemán me cuestan un ojo de la cara aunque al principio lo asumía como parte de la situación entendiendo que ya que esas llamadas redundan en beneficio del padre, éste se haría cargo de esas facturas. Qué ingenua. A principios de julio me llegó un mensaje que decía que me cortaban la línea móvil por impago y tuve que hacerle ver al lince del padre que o pagaba la factura o lamentablemente no sería posible continuar con el contacto telefónico con sus hijos. Qué bochornoso tener que recurrir a este tipo de ultimátums porque parece que su sentido común no llega a tanto.

Aunque pagó la factura decidí no hipotecarme el futuro a la espera de que él se hiciera cargo o no de las facturas de móvil. Ni hablar. Le dije que hablaríamos por Skype siempre y cuando yo tuviera cobertura wifi en mi teléfono o si no en el ordenador en casa de mis padres. Así lo hemos venido haciendo este último mes.

Cada vez que recibo un mensaje en el que me pregunta si puede hablar con los niños se me cae el alma a los pies porque sé que me toca media hora desesperante. Es una pesadilla.

Consecución de los hechos de forma resumida:

1.- Llega mensaje del padre.
2.- Niños, papá va a llamar. 
3.- El mayor grita que no y el pequeño se escabulle.
4.- Ignoro sus reacciones porque es algo por lo que hay que pasar, queramos o no -hijos, asumámoslo-. Pongo en marcha el programa y espero la llamada. Mientras, los voy animando a que se acerquen a decirle algo a su padre.
5.- Mi hijo mayor me explica que quiere jugar, que se lo está pasando muy bien y que NO QUIERE hablar con su padre.
6.- Su padre llama, descuelgo, nos vemos las caras (qué suplicio), no nos decimos nada y llamo a los niños, les urjo a que vengan que papá les espera. 
7.- Mi hijo mayor ignora mis llamadas y el pequeño ya está a punto de atravesar la frontera con una identidad falsa.
8.- Yo me pregunto por qué tengo que asumir ese rol cuando yo soy la primera que entiendo porqué los niños no quieren hablar con su padre aunque siguiendo las recomendaciones de mi abogado y pisoteando mis principios y mi autoestima continúo, ya con un tono más serio pidiéndoles a los niños que se acerquen al ordenador.
9.- Llamo a la interpol y consigo dar con el pequeño, le pongo los grilletes y lo poso delante del ordenador, su padre le dice cuatro tonterías, él parece que reacciona a alguna y después de como mucho unos minutos se ha largado y me vuelvo a quedar sola con el padre. ¡Yupi!
10.- Le digo al mayor que si no quiere hablar con papá que no pasa nada pero que al menos venga a decirle hola, le explique que está jugando y que después podrá seguir con lo que está haciendo. Después de repetirlo varias veces lo hace pero se niega a hablar en alemán con su padre y hace tonterías que me ponen nerviosa.
11.- El mayor continúa con su teatrillo, ese que si pudiésemos traducir en nuestro idioma de adultos diría algo así como "papá no me gusta nada de todo esto, no quiero hablar contigo porque has hecho cosas que aunque no consigo entender muy bien, no me gustan y además gritas y hablas mal a mi mamá cuando te enfadas y que sepas que cuando me despierto por las noches quien está a mi lado es mi mamá y cuando mi hermano me engancha del pelo es mi mamá quien corre a rescatarme y cada vez que me caigo es mi mamá quien viene corriendo y me canta "sana, sana". Papá, es que hace tanto tiempo que no acumulo un recuerdo agradable contigo que no me apetece decirte nada como si nada de lo anterior fuese importante"
12.- Decido que ya basta y vuelvo a intentar acercar los niños al ordenador para que se despidan y podamos acabar con toda esta pantomima, volvamos al punto número 7. 
13.-Finalmente se despiden y colgamos.

Así todos los días. Días mejores y días peores pero básicamente nos pasamos media hora de esta guisa. Insisto, ¡qué pesadilla!



lunes, 15 de julio de 2013

Tomando decisiones

Se cuece un jaleo interesante debido a toda la situación generada con mi separación y con el hecho de estar viviendo fuera de mi país. Resulta que aunque tengo un permiso para salir de Alemania con los niños debo estar de vuelta a más tardar en el 31 de Agosto y así me lo ha recordado un par de veces ya mi abogado. Le preocupa, es obvio que este tema es serio.

No obstante lo cual, la realidad que me espera no es un camino de rosas, no tengo capacidad económica para financiar mi supervivencia y la de mis hijos de forma autónoma y parece que mi príncipe azul lucha por dejarme sin un chavo

Hasta aquí nada nuevo. 

Ahora el asunto es si personas de mi entorno, de mi familia, mis padres me podrían echar una mano hasta que encontrase forma autosuficiente para salir adelante y luego ya poder ir devolviendo según pueda esa ayuda prestada. Los únicos con capacidad económica para ayudarme son mis padres y la cuestión es que mi padre no entiende cómo no he iniciado ya los trámites para mudarme a España y mi madre en cierta manera, le apoya. Y bueno, hasta cierto punto es su opinión aunque el problema es cuando condicionan su ayuda, económica o de cualquier tipo al hecho de que me mude ab sofort a España. 

Y yo me pregunto, ¿a alguna de estas personas que se supone que me quieren y me apoyan, les importa qué siento yo? ¿Tal vez no es demasiado pedir que deje toda mi vida, porque mi marido no es lo único que tengo en Alemania, y me venga con lo puesto a casa

Mi vida está allí y se me ocurren mucho y variados motivos por los que volver. También es cierto, que haber pasado aquí ya mes y medio confirma lo que ya me esperaba y es que si allí no va a ser fácil, aquí tampoco sería mejor. 

Quiero ver de lo que soy capaz, si me voy o no de Alemania quiero hacerlo por convicción propia y no escapando de una situación, hecho que me frustraría aún más. Quiero ser feliz y eso se consigue tomando tus propias decisiones y siendo consecuente con ellas. Y es por este motivo que YO, mujer separada y con dos hijos, mayor de edad y en pleno uso de mis facultades, decido quedarme sola en Alemania y sin ayuda de mis padres. 

Que así sea.

sábado, 6 de julio de 2013

Mi hijo quiere pintarse las uñas...

...como mamá.


En este reencuentro que estoy teniendo conmigo misma en el que estoy recuperando todo eso que dejé en un segundo plano (dada la situación familiar aunque también por iniciativa propia), he vuelto a recuperar la buena costumbre de pintarme las uñas. Si, lo que oyen. La cuestión no es este hecho irrelevante en si, lo que me ha llevado a reflexionar es que mi hijos quieran hacerlo también y no sólo eso, sino quieren ponerse mis sujetadores, mi hijo mayor, el que tiene 3 años, se pone mis tacones y así como aprenden los niños, por imitación, una infinidad de cosas más. 

Si en lugar de tener dos hombrecitos fueran dos princesitas pues se entendería mejor, podría pintarle las uñas y tal vez no me resultaría llamativo (o no tanto). También he pensado que ésta pueda ser la consecuencia de que se relacionen principalmente conmigo y que no tengan ninguna figura masculina que, no sé, les impulse a querer afeitarse o a hacer esas típicas cosas más masculinas. Y que quede claro que yo estoy totalmente en contra de estos estereotipos y le estoy enseñando a mi hijos a cocinar, a limpiar y le recuerdo que eso no lo tiene porqué a hacer siempre mamá (tenemos ya una experiencia al respecto) y que esto lo hacen tanto papás como mamás y los nenes y las nenas tienen que ayudar.


También es cierto que seguramente si no estuviese en medio de esta situación tan traumática como está resultando ser mi separación tal vez ni lo pensaría, ni me lo plantearía pero empiezo a pensar que mis hijos necesitan en sus vidas una figura masculina, una persona de referencia (lo óptimo sería que fuese su padre) y no lo digo porque crea que esto venga inherente en las personas sino porque han tenido esta figura masculina, que era su padre, muy presente durante una primera etapa de sus vidas y de repente ya no está más...



 ¿O tal vez yo interpreto toda esta historia así porque la que realmente necesita esa persona soy yo?


jueves, 4 de julio de 2013

Desesperada



desesperado, da.

1. adj. Dominado por la desesperación. U. t. c. s.

2. adj. Extremo, forzoso, causado por la desesperación. Una decisión desesperada.

3. adj. Que no tiene remedio o no permite concebir esperanzas. Un caso desesperado.



Las tres acepciones casan con mi situación. Mi querido príncipe azul ha decidido crujirme mediante su abogado. Ha decidido que aunque haya dedicado los últimos casi cinco años de mi vida al proyecto de familia que teníamos en común, dejando con ello de lado mi propia vida, relegando mis estudios en la universidad a un segundo plano y muchas otras cosas mientras él desarrollaba una próspera carrera profesional que ahora le brinda unas condiciones y un salario más que satisfactorios, pese a todo esto, yo me quedo sin nada. Y no es que quiera quedarme con el coche, o con la casa o con cosas que ni si quiera tenemos, a mí lo único que me gustaría es tener la oportunidad de empezar de cero sola, un apoyo económico que me permita pagar el alquiler, la comida, aunque sea un mes para poder encontrar un trabajo. Mis hijos pueden estar en la guardería desde las 8:00 hasta las 16:30 por lo que espero poder encontrar algo, LO QUE SEA, que al menos me permita pagar el alquiler, que no es poco, pero una mudanza trae consigo más problemas que ventajas (éste es otro interesante capítulo de toda esta pesadilla).



Llevo más de un mes en España y me quedo otro tanto más, sería también interesante conseguir un trabajo aquí de LO QUE SEA, algo que me permitiera llevarme algún dinero a Alemania porque el 1 de Septiembre debo pagar mil euros de alquiler y poder comprar comida. Al menos lo básico.



Espero conseguirlo...