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domingo, 29 de septiembre de 2013

Se acerca otra fecha crítica

En breve es el cumpleaños del pequeño y mucho me temo que aunque lleve todo el mes sin venir a ver a sus hijos, eso no se lo va a saltar.

Lo digo desde la más profunda de las preocupaciones porque no se cómo van a reaccionar los niños cuando le vean de nuevo. Me preocupa volver a tirar por tierra cierta estabilidad ¿O tal vez lo asuman con naturalidad?

Mi terapeuta recomienda visitas breves y a poder ser, conmigo presente. En casa no le quiero e irme con él al parque, me da yuyu.

Ya no sé qué es mejor, que le vean o que no. Porque lo cierto es que al principio fue duro ver la cara de pena con la que el pequeño llamaba a su padre, como queriendo decir quiero verle mamá. Y lo que me dice el mayor, mamá dile a papá que venga a buscarnos.

Por mi parte creo haber cumplido cuando le he repetido hasta en tres ocasiones que cuando quiera ver o hablar con los niños, que me lo diga. Hace dos semanas que no hablamos de nada y sinceramente no me apetece un pimiento verle, cuanto menos le veo, menos quiero verle e imagino que los niños se adaptan a su realidad y en mi esfuerzo de cubrir las carencias que les vayan apareciendo, ellos tienen una vida normal y feliz.

Aunque tal vez se líe la manta a la cabeza y ni si quiera haga intento alguno por verlos, ni en el día en que uno de ellos cumple añitos. Me sorprendería, pero llegados a este punto, me espero cualquier cosa...

viernes, 23 de agosto de 2013

Día 10

C'est fini...


Hoy es el último día que se lleva a los niños y ha vuelto a ser duro ver cómo los pequeños le esperaban y él volvía a permitirse llegar casi quince minutos tarde. Mis hijos por suerte no controlan los tiempos pero si yo procuro que a menos cinco ultimemos detalles, eso les da un punto de referencia a mis hijos, reconocen cuando están esperando y se les hace pesado, cosa que no me hace ninguna gracia que añadan a su cofre de recuerdos de su infancia. Este aspecto, la puntualidad, quiero que sea algo que quede claro en el acuerdo. Y no hablo de no permitir que llegue ni un minuto tarde, que dadas las circunstancias estaría justificado que así lo reclamase, pero a lo que me refiero es que puesto que no hay ningún interés común que nos una, a parte de nuestros hijos, y nuestras vidas siguen caminos separados, lo suyo es que nos tengamos respeto y dentro de este concepto respetemos el tiempo del otro. Si llega tarde, que nos puede pasar a cualquiera, que avise, al menos que lo comunique y que sea algo realmente excepcional.

En cualquier caso ya ni se disculpa. Y yo que pensaba que las patéticas excusas eran lo peor del mundo.

Los niños volvían a oponer resistencia a la idea de irse con el padre. Creo que el mayor piensa que algún día conseguirá que me vaya en el coche con ellos y que la amiga de papá y su hijo, como me dijo ayer, se queden en casa. Espero que pronto se desprenda de esa esperanza y todos aprendamos a ser felices con la situación que vivimos. Sólo deseo ver a mis hijos crecer felices.

Yo me he pasado otra mañana la mar de entretenida y emocionante con unos buenos amigos. Después de comer, a casa, que me traía a los niños y esta vez sí me ha avisado de que llegaba con retraso, supongo que estaba de buen humor o se habrían alineado Saturno y Uranio o quién sabe qué habría pasado para que haya caído en la cuenta de avisarme.

Hemos pasado una tarde en casa de una buena amiga y hemos disfrutado de una tarde de juegos y tranquilidad. Algo en mi interior sentía tristeza y desánimo pero no atino a adivinar el qué.

¿Tristeza a cuento de qué?

Supongo que aunque haya sido doloroso también tiene que ver con el hecho de que mañana ya no hay más recogidas, ni más retrasos, ni más exigencias estúpidas por mensaje, ni más ver pasar al que fue mi marido y su novia con el coche por delante de mis narices, ni muchas otras cosas; tiene que ver con el hecho de que se acaba algo otra vez. Y la cuestión es que también me ilusiona la idea de volver a nuestra pequeña rutina aunque sea por poco tiempo ya que en una semana volamos a casa de vuelta.

Supongo que la mezcla de emociones, de sensaciones es la que me tiene el cuerpo así. 

lunes, 12 de agosto de 2013

A un día...

No llamaba a la hora acordada y parece ser que no lo había entendido bien. El que no llamase junto con mi preocupación por no acordar detalles o explicarle ciertas cosas importantes sobre los niños me preocupaba y me enfadaba al mismo tiempo así que decidí llamarle.

Estuvimos una hora hablando y supongo que todo lo hablado me llevó al subsuelo. Después de hablar con su abogado aceptó que ya NO es sólo una amiga y cuando le dije lo mal que me parecía que la trajera a ella a su visita a los niños me contestó que las vacaciones las disfrutaban juntos. Por un momento me sentí como la amante que le exige a su pareja casada y con hijos tiempo para ella misma. Sigo pensando que ha perdido la cabeza aunque en su esfuerzo de justificar el patético comportamiento que ha manifestado este último año dijo que llevábamos desde hacía tiempo discutiendo mucho pero que lo íbamos sobrellevando porque él cedía en todo. Sigue con su actitud cobarde y sigue haciéndome daño.

He pasado una tarde muy mala, muy muy mala, el peso de los niños cuando vas llorando por los rincones es aún mayor y por si eso fuera poco, los niños que se percatan de todo estaban aún más nerviosos y alterados.

He puesto horarios y condiciones que bajo ligeras modificaciones ha aceptado. Ahora ya sé que los niños estarán con su novia y a más de una hora de distancia cuando estén donde se aloja el padre.

Hoy por primera vez he sentido que se ha ido y que no volverá jamás. Supongo que aunque estaba claro, un resquicio de mí esperaba que un día despertara siendo consciente de todo el dolor producido y se esforzase en enmendar los daños, que no le sería fácil pero hubiera sido reconfortante el esfuerzo y el reconocimiento.



domingo, 11 de agosto de 2013

A dos días...

La situación en sí misma lejos de mejorar ha empeorado, la comunicación es mala o nula si tenemos en cuenta que o me responde que lo hablará con su abogado o sencillamente no me responde.

Más allá de exigencias que considero justas, como qué va a hacer con los niños, dónde va a estar con los niños o quién va a estar con los niños ahora lo que me produce cierta ansiedad es el hecho de que necesitaría contarle cómo son sus hijos a día de hoy.

Digamos que todo se desmoronó a finales de febrero, entonces empezó a evadirse de sus responsabilidades en casa y a evadirse más concretamente de sus responsabilidades como padre justificándolo en el volumen de trabajo. Más allá de que fuese cierto o no, la cuestión es que lleva seis meses sin tratar mucho con sus hijos.

Cuando la separación fue un hecho, recogía a los niños una tarde de la guardería y pasaba unas horas los fines de semana con ellos. A eso sumémosle que llevamos dos meses y medio en España y las comunicaciones por Skype no son del todo fructíferas. 

En todo este tiempo mi hijo pequeño ha hecho el cambio de bebé a niño, ya no utiliza pañal, come él sólo y además detesta que quieras robarle esa autonomía, por no hablar de la cantidad de vocabulario que ha adquirido, principalmente en español y versionado, claro. Su hermano mayor también ha hecho cambios y no sólo físicos.

Son cosas, algunas tal vez sin importancia pero que los convierten poco menos que en desconocidos. Hasta ahora yo estaba pataleando en la lucha de amortiguar ese choque que tal vez se pudiese llegar a producir cuando estos tres desconocidos se hallen solos. 

Lo positivo es que he llegado a la conclusión de que es algo de lo que aunque quiera, no me puedo hacer cargo. Amortiguar ese choque es algo que no me pertenece y que lamentablemente tampoco puedo evitarle a mis hijos a los que espero que les afecte tan poco como otras cosas que pensé importantes y al final resultó no serlo tanto para ellos.

Recuerdo algo que me contaba una amiga de Alemania que se estaba separando al tiempo que yo, que me explicaba que su terapeuta le decía que cuando dejase al niño con su padre, dejase que fuese él el que tomase las riendas y no le dejase la comida preparada para el niño, a lo que ella me dijo "es que no puedo soportar pensar que le va a dar patatas fritas con ketchup para comer". He pensado en esto muchas veces y ahora le contestaría a mi amiga que deje que le haga lo que quiera, es su padre y pronto ya no tendrá que ser la madre la que le diga que eso es una porquería, si no que será su hija la que le diga, "papá no quiero esa porquería" y ahí sí que se darán reacciones. O no, pero eso sigue siendo una responsabilidad que seguimos sin poder asumir.

En definitiva, dejo que llegue el día y que se lleve a los niños sin mirar atrás. Tal vez el choque que imagino no sea tal y de haberlo, que cada uno saque sus propias conclusiones, incluidos mis hijos que son fuertes y listos y lo que es aún más importante, tienen a una madre que los espera para cubrir cualquier carencia que manifiesten.

Y dicho lo cuál toca hacerse cargo de esta propaganda libertadora y ponerla en práctica. 




miércoles, 7 de agosto de 2013

Chocolatito y Ricitos de oro

Son mis hijos y mi vida entera. Les llamo así de forma cariñosa y a ellos, como a mí, les encanta.

El pequeño que ya con veintidós meses, repite todo sonido que oye, cuando le digo chocolatito de mamá me dice "tatito" y se ríe poniendo esa carita que hace que me lo coma a besos. 

Desde que nació estableció una relación muy especial con su padre y aunque se pasó quince meses pegado a mi teta, cuando veía a su padre se le llenaba la expresión de alegría. Es por esto que para él esta separación ha sido especialmente complicada. No olvidaré jamás cuando al principio de haberse ido el padre y después de una fugaz llamada antes de acostar a los niños, chocolatito se pasó llorando una hora diciendo "papá, papá..." hasta que se quedó dormido por agotamiento.

Ese día soy consciente de que la rabia y la impotencia que sentí me restaron años de mi esperanza de vida. 

Ricitos de oro es el mayor y con casi cuatro años que tiene está en plena fase del "¿por quéééé?". Intento estar a su altura y esforzarme por contestarle a todo de forma adecuada pero también es cierto que esta fase me pilla en un momento muy inoportuno. Requiere paciencia y tranquilidad porque según que preguntas cuando estás pensando en todo la que se te viene encima las resolvería con un "Cállate, por favor". A veces lo he hecho pero no me siento bien y saco fuerzas de donde no sabía que las tuviese para responderle por qué es mejor no meter la manguera en casa aunque sea verano y AUNQUE haga mucho calor. 

Él mantiene otro tipo de relación con su padre, también le adora porque mi marido siempre fue un padrazo que pasaba todo el tiempo del mundo y más con sus hijos. No obstante se percató de cosas que o bien su padre ignoró que pudiesen afectarle o es tan idiota como para no darse cuenta. En cualquier caso, culpable. No se le ocurrió otra cosa que, incluso antes de separarnos, en plena crisis, cuando me decía que quería ir solo con los niños, se llevaba a su amiga con ellos. 

Mi ricitos de oro no es tonto y me ha costado mucho dejar de oírle decir que (la amiga de papá) es mala o que no quiere jugar con su hijo o que no quiere ir con papá o la última, que está enfadado con papá y no quiere hablar con él por Skype porque tiene una mamá y un nene nuevos. Esto te quiebra el alma. 

Dos meses de hispanidad me los ha devuelto a la senda de la estabilidad gracias a las rutinas, la tranquilidad, lo previsible: cole (escuela de verano), comer con Schin Chan, playa y helado con la abuela. Saben lo que les espera al día siguiente y el plan aunque por supuesto, va sufriendo variaciones, se mueve dentro de un abanico de posibilidades muy limitado que les proporciona seguridad.

Ahora, en una semana viene el padre y aún no he conseguido que éste  me diga donde va a estar o qué tiene pensado hacer con los niños, le he propuesto un horario y una coordinación de la que espero desde hace una semana respuesta. Hoy por primera vez ni ha llamado ni ha dicho nada, hasta ahora aunque no llamase al menos se dignaba a dar alguna que otra excusa patética, pero siempre había dicho algo.

Es cierto que necesito un poco de tiempo para mí, para tumbarme en la toalla de la playa y no estar como una loca corriendo de la orilla a las toallas de otros bañistas a los que chocolatito quiere embadurnar de arena. O salir y sentarme en una terraza a tomar un granizado de almendra oyendo las olas del mar y no a ricitos de oro colapsando mi mente con "por qués". Pero también es cierto que todo esto se queda en una tontería sin importancia cuando pienso en que su padre pueda enturbiar esa tranquilidad que sangre, sudor y lágrimas me ha costado conseguir. Pensar en no verlos en todo el día me estremece, pensar en que les pueda pasar algo, pensar en que se ha pasado casi tres meses sin verlos y que ya a penas se conocen. Se me saltan las lágrimas.

Que no venga por favor. Que no venga...

domingo, 4 de agosto de 2013

"Es sólo una amiga"

Voy a intentar remontarme a los orígenes de lo que desembocó en mi separación para poder explicar uno de los motivos de toda esta historia.


En junio de 2012 y después de una dura e interminable mudanza a una casa que por fin nos llenaba, -en la que tendríamos espacio para todo y para todos, que cumplía nuestras expectativas y más concretamente, las mías-, mi marido se iba por una actividad organizada por la empresa con otros compañeros. Lo había hecho dos años antes y no había habido ningún problema. Cómo él se iba y para no quedarme sola en casa con los niños, decidí irme a España a que nos diera un poco la brisa marina y volver todos recuperados a nuestra rutina después de esos días de relajación.

Al volver me encontré una realidad algo amarga, me encontré con su indiferencia y su falta de atención. Antes disfrutaba de volver pronto a casa y disfrutar su tiempo con nosotros y ahora tenía otras cosas en la cabeza, como ir a tomar cervezas con sus amigos, o la fiesta de verano de la empresa en la que se presentó a las 6am sin ni si quiera avisarlo, ya me pondré un día con más detalle. La cuestión es que se distanció y para llamar su atención, yo le presionaba y le decía cosas cómo que debía centrarse y entender que estábamos hasta arriba con dos niños tan pequeños y que dentro de unos años ya habría tiempo de fiestas y salir hasta las tantas, que ahora la situación nos exigía todos los sentidos.

La presión lejos de surtir algún efecto le alejaba cada vez más de mí y le llevaba a la necesidad de irse por ahí a desestresarse, como decía él. 

La cuestión es que un día mientras cocinaba y hablaba con él, me giré y me di cuenta de que estaba con su móvil, sin prestarme ninguna atención y además sonriendo. Le pregunté con quién hablaba y me dijo el nombre de un chico. Yo no le presté mayor atención y seguí hablando pero en un momento que me acerqué a la nevera vi su móvil y vi la foto de una mujer con la que estaba hablando por Whatsapp. Se lo dije y me dijo que no me lo había dicho para que no me enfadara. ¡Vil excusa! 

Este argumento, el de que no me lo decía para que no me enfadara lo ha utilizado hasta la saciedad y no entiendo como se puede ser tan idiota como para no pararse a pensar, -vamos a ver, si lo que estoy haciendo molesta a la persona que tengo a mi lado ¿no será porque tal vez está mal?-. Como mínimo cuestionarse a uno mismo ante esta situación recurrente. La cuestión es que efectivamente este mismo hecho se repitió muy a menudo. A través de esta chica que lo publicaba todo en facebook pude ir viendo todo lo que mi príncipe azul iba haciendo a escondidas. Nada realmente relevante pero lo molesto es que lo hiciese a mis espaldas.

La cuestión es que cuando se lo dije su respuesta fue negarlo y su amiga me bloqueó en Facebook para que no pudiese seguir viendo lo que hacían. Cuando le comenté este otro hecho a mi marido su respuesta fue que como cuando veía esas cosas me enfadaba pues se les había ocurrido que no lo viese. En serio, lo más insultante son las formas al margen de los hechos. ¡Qué pueril!

Poco a poco la cosa fue siendo más descarada y una amiga se los encontró en alguna ocasión. La cosa era obvia pero siempre que le pedía sinceridad para acabar con esta historia y no hacernos más daño la respuesta siempre era la misma "es sólo una amiga".

A esa amiga se la trajo también a nuestro apartamento a España cuando la separación ya era un hecho con el agravante de que dejaron la casa llena de pelos y suciedad y después, mi madre, que prepara la casa para el alquiler vacacional, tuvo que limpiarla por lo que doble humillación, por un lado que venga a mi casa sin mi permiso con su amiga y por otro lado que sea mi madre la que tenga que limpiar la suciedad que ellos dos han dejado. 

Es el día de hoy en que sigue hablando de ella como una amiga aunque en ocasiones haya dormido en su casa y vayan a todas partes juntos o al menos esa fue mi percepción mientras me interesó saber qué hacían. 

Otras ideas brillantes de mi marido han desembocado en problemas realmente graves como llevársela a las visitas con los niños y que mi hijo mayor empiece a tener alteraciones en su comportamiento como para que en la guardería me transmitiesen su preocupación. Esto si que me causó impacto, pero en otro momento y con calma rindo cuentas de ello, que la historia aún no ha terminado.

A veces me he preguntado como una persona que ya se ha separado y que tiene un hijo no encuentra ciertos límites cuando se trata de abordar a una familia. Yo a ella no la acuso de nada, es mi marido y al margen de ella, mi marido es el que me debía explicaciones y sobre todo respeto.

Respeto, respeto, respeto...


miércoles, 31 de julio de 2013

No puedo evitarlo

No puedo evitar sentir frustración cuando veo en qué ha quedado mi sueño de envejecer junto a mi príncipe azul, ése con el que proyecté mis sueños y con el que aún me quedaban tantos por llevar a cabo.

No puedo evitar sentir que he hecho algo mal cuando veo tantas y tantas familias felices que están juntas e insisto, felices.

No puedo evitar sentirme mal cuando mis hijos, haciendo uso de su derecho a ser niños, hacen gamberradas y yo les grito o les digo tonterías.

No puedo evitar llorar cuando buscando por algún cajón de la casa me topo con una de esas felicitaciones navideñas tan bonitas que veníamos haciendo cada año en los que salíamos los cuatro sonrientes y felices, porque lo éramos. 

No puedo evitar venirme abajo cuando me tiemblan las piernas pensando en la que me espera al volver a casa.

Y no puedo evitar sentirme impotente cuando veo dudas razonables de no ser capaz de sacar a mis hijos adelante yo sola.

No puedo evitarlo... 

lunes, 29 de julio de 2013

Aniversario de boda

Hoy hubiera sido nuestro séptimo aniversario de boda y sabes qué, lo que más triste me pone es haber fracasado en mi intento de crear una familia feliz

Supongo que tengo mucho que agradecerte pero todavía no soy capaz de encontrar el equilibrio que me lleve a ese punto. Sin embargo si que me veo con fuerzas de decirte gracias por nuestros dos hijos y aunque podrás dejarme sin un chavo, podrás quitarme el coche, podrás quitarme en algunos momentos hasta las ganas de vivir pero nuestros hijos son mi mayor tesoro y eso nunca me lo podrás quitar. Ellos son los que me dan fuerzas todos los días para superar todo este despropósito o también llamado, separación.

Me has dado años maravillosos, me sentía feliz, FELIZ, eras mi príncipe azul y me tratabas como una princesa. Superabas mis expectativas llevando a cabo todos mis sueños, es por eso y por muchas otras cosas, que ahora con todo esto que he vivido me siento engañada, he sentido que estos diez años no han merecido la pena para acabar así, odiándonos y despreciándonos, dañándonos el uno al otro. Me entristece mucho. 

Pero como digo últimamente a quien me pregunta, la persona que conocí, con el que me casé y decidí tener hijos, esa persona, murió y en su lugar se ha instalado un idiota del que me desharé tarde o temprano.

Feliz aniversario...

lunes, 8 de julio de 2013

Autonomía

El camino para conseguirla no es pacífico pero se puede lograr de muchas maneras, con pequeñas cosas y con heroicidades varias pero en definitiva la cuestión es seguir ese camino que nos lleve a recuperarla.

Yo estoy en ello.

Al principio de mi separación no podia concibir la vida sin mi marido, no era posible, en esta fase incipiente de nuestra separación no quería ni oír hablar de la posibilidad de no envejecer a su lado (¡Pues menuda tontería!).

Cuando acepté la idea de que no iba a volver, cuando la acepté realmente, empecé a considerar otras posibilidades (siguiente fase) pero si bien es cierto que fue placentero sentir que había dado un gran paso en ese sentido, es decir,  la aceptación de mi separación, vino otro inconveniente, empecé a sentir la necesidad de buscar sentirme deseada, querida, apreciada, de que le importaba a alguien. ¿Eso no es precisamente buscar autonomía, no? 

Por suerte (?) no he encontrado (tampoco he buscado activamente) nadie que merezca la pena. No sé qué me debía pensar, que los hombres interesantes pasan por tu lado y te dicen -Hola preciosa ¿quieres tomarte un café conmigo?-. De hecho, lo más cerca que he estado de algo así es que un mequetrefe me pidiera el teléfono y antes de que pudiéramos tomar un café, lo mandé a la porra. Ha habido otras experiencias que no han pasado de unas miradas de complicidad y poco más, esto ha sido divertido. Un día me gustaría contar cómo he vivido esto de estar otra vez en el mercado tras mi separación, toda una experiencia (que acaba de empezar).


La cuestión es que tras este impulso de relacionarme ha venido otro que me empuja más a no centrarme tanto en esto (¡bien!), voy a seguir mi camino a la autonomía o a intentarlo, y cuando me sienta entera o al menos un poco más ya aparecerá algo interesante que disfrutar.



En fin, alles mit der Ruhe...




sábado, 6 de julio de 2013

Mi hijo quiere pintarse las uñas...

...como mamá.


En este reencuentro que estoy teniendo conmigo misma en el que estoy recuperando todo eso que dejé en un segundo plano (dada la situación familiar aunque también por iniciativa propia), he vuelto a recuperar la buena costumbre de pintarme las uñas. Si, lo que oyen. La cuestión no es este hecho irrelevante en si, lo que me ha llevado a reflexionar es que mi hijos quieran hacerlo también y no sólo eso, sino quieren ponerse mis sujetadores, mi hijo mayor, el que tiene 3 años, se pone mis tacones y así como aprenden los niños, por imitación, una infinidad de cosas más. 

Si en lugar de tener dos hombrecitos fueran dos princesitas pues se entendería mejor, podría pintarle las uñas y tal vez no me resultaría llamativo (o no tanto). También he pensado que ésta pueda ser la consecuencia de que se relacionen principalmente conmigo y que no tengan ninguna figura masculina que, no sé, les impulse a querer afeitarse o a hacer esas típicas cosas más masculinas. Y que quede claro que yo estoy totalmente en contra de estos estereotipos y le estoy enseñando a mi hijos a cocinar, a limpiar y le recuerdo que eso no lo tiene porqué a hacer siempre mamá (tenemos ya una experiencia al respecto) y que esto lo hacen tanto papás como mamás y los nenes y las nenas tienen que ayudar.


También es cierto que seguramente si no estuviese en medio de esta situación tan traumática como está resultando ser mi separación tal vez ni lo pensaría, ni me lo plantearía pero empiezo a pensar que mis hijos necesitan en sus vidas una figura masculina, una persona de referencia (lo óptimo sería que fuese su padre) y no lo digo porque crea que esto venga inherente en las personas sino porque han tenido esta figura masculina, que era su padre, muy presente durante una primera etapa de sus vidas y de repente ya no está más...



 ¿O tal vez yo interpreto toda esta historia así porque la que realmente necesita esa persona soy yo?


domingo, 30 de junio de 2013

Rehaciendo toda una vida

Se dice pronto... 


A las personas nos cuesta mucho tomar nuevas referencias, renunciar a tantísimas cosas y asumir otras nuevas. Aún ahora cuando se supone la situación algo superada de toda esta tormenta que ha supuesto mi separación, siento aún que no seré capaz, que hincaré la cabeza antes o después, que no será posible salir de ésta medianamente airosa.

Ahora mismo siento que es necesaria una recapitulación. Rehacer una vida, reorganizarla y prepararla para el éxito no puede pasar sin echar la vista a atrás reconocer errores y llevar a cabo nuevas pautas corregidas para obtener resultados, como mínimo, diferentes a los anteriores, a los fallidos.

Los geht's!

Érase una vez...

Tenía 20 años y después de algunas idas y venidas decidí no exponerme más emocionalmente porque sólo me llevaba a experiencias para nada placenteras que reducían mi autoestima a la nada. Cerré capítulo, le dije adiós a la persona que evocaba mi yo víctima y decidí, de alguna forma, como ahora, tomar las riendas de mi vida y escribir yo misma cuál sería mi futuro.

A penas unas semanas más tarde conocí al principe azul de esta historia, al que sería mi amigo, mi compañero, mi mayor admirador durante los siguientes diez años de mi vida. Diez años cargados de todo tipo de experiencias pero con diferencia, diez años impresionantes de amor con mayúsculas. Sentí que había cerrado esa espiral fea que llevaba a las mujeres de mi vida, mi madre, mi abuela, al fracaso emocional y en consecuencia personal, hasta los últimos días de sus vida. Mi hombre era uno de esos maravillosos, desde que se levantaba hasta que se acostaba, que vivía, respiraba, todos los días, durante casi diez años, por su princesa, por mí. Aún se me pone el vello de punta al recordarlo y eso que lo expresado no hace ni mucho menos justicia a la realidad, a la calidad de persona con la que estuve tratando, lo dicho, amor con mayúsculas.

Pero no por nada dicen que los principes azules no existen y hete aquí que estos casi diez años de relación se quedaron en nada al comprobar su forma de hacer las cosas cuando sus intereses un día, sin más, cambiaron.

Sólo cuando miro a nuestros dos hijos pienso que algo de todo esto mereció la pena y que no habrá sufrimiento ni humillación que no merezca la pena vivir por tenerlos a ellos dos en mi vida. Lo cual, dicho sea de paso, no hace necesaria la situación que estoy viviendo. Estoy convencida de que una pareja con hijos se puede separar sin necesidad de dañarse tanto. Vamos, de hecho siempre pensé que de sucedernos algo similar (no lo pensé mucho, la verdad), con todo el amor que nos habíamos tenido seríamos incapaces de hacernos tanto daño. No, no, no, eso no iba a ser posible.

Pues, ¿no querías sopa?