Mostrando entradas con la etiqueta madre separada. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta madre separada. Mostrar todas las entradas

sábado, 21 de septiembre de 2013

Informe Semanal

Ya sabía que la semana iba a ser dura pero aún y cuando me preparo, sigue habiendo cosas que hacen que me vea superada. 

El lunes, se presenta el señor aporreando el timbre y mandando mensajes diciendo que sabe que estoy en casa y que le dé su router. No son pocos los que me decían dáselo y ya, pero es que resulta que ese día y con esas maneras me di cuenta de que no puedo someterme a sus "peticiones" sistemáticamente a cambio de la paz. El precio es demasiado alto y no va a hacer que su actitud cese, todo lo contrario. Sometiéndome a todo lo que pide sin rechistar por no discutir o exponer a mis hijos, alimento a la bestia y cada vez se siente con más fuerza para exigirme sin reparos.

Necesité ayuda, necesité que fueran a buscar a los niños a la guarde porque él estaba en la puerta esperando a que saliera, no para agredirme, pero sabiendo que tenía que salir, esperaba, imagino, presionarme hasta que le dejara entrar a por su maldito router. Que dicho sea de paso, ya que migraba su contrato a casa de su novia, al menos que me hubiese tratado con dignidad y no me corte los servicios con mala baba o si es así, acepta que vas a tener tu router cuando a mí me de la gana. A los tres días me lo volvió a pedir y se lo llevó. Fin de la historia (de ésta).

El martes llegaba una amiga a casa, se instala en la ciudad unos meses. Estuvimos para arriba y para abajo, y todo añadido a mi ritmo habitual. Lo sabía, lo predije pero no es nada que no haya hecho con gusto.

El miércoles me llamó una amiga porque una conocida tenía un puesto de trabajo disponible y conseguí una entrevista. Fue decepcionante aunque lo peor fue tener que rechazarla, ¡por Dios! con mi situación, rechazar una oferta de trabajo. La oferta consistía en 30 horas semanales, pagadas a unos 3,5€ la hora y 5€ la hora extra. Incluía trabajar sábados también y teniendo en cuenta que mi babysitter cobra 10€ la hora, por su trabajo durante los cuatro sábados del mes tendría que entregarle todo mi salario. No tenía sentido.

El viernes después de llamadas y mensajes conseguí una babysitter y después de mucho tiempo salí a divertirme y a reírme con un par de amigas, me vino tan bien, que hoy lo vamos a repetir. ¡Hay que aprovechar!

Hoy he tenido un encontronazo con una señora en el tranvía y la señora ha pagado todo el estrés que no siempre consigo canalizar de forma saludable. No es que no se lo mereciera, pero yo no me siento orgullosa de mi actuación. 

Ir en el tranvía con dos niños tan pequeños implica en ocasiones que griten, que se quieran poner de pie en el asiento o cosas por el estilo. Normalmente y pese, en ocasiones, a algunas miradas desaprobadoras, lo solemos conseguir sin percances, pero la señora de hoy ha entrado a matar. Me ha dicho que consideraba inaceptable que los niños pusiesen los pies en el asiento y dicho así, parece que yo miraba desde la otra punta del vagón como mis hijos saltaban descaradamente encima del asiento. No, yo estaba de pie, a su vera, pidiéndoles que se sentaran bien, que no pusiesen los pies encima del asiento, que no gritasen pero ella obviamente no me entendía. Dio igual, insistió y la miré con mala cara, a lo que de repente cogió y les habló directamente a mis hijos diciéndoles que eso los alemanes no lo hacen que eso sólo lo hacen los españoles. No fue que hiriera mi sentir patrio, ni tampoco fue su insistencia, imagino que debía ser una persona triste y con alto grado de frustración que no encontraba forma de canalizarlo si no era de esta manera. Lo que realmente hizo que empezara a echar fuego por la boca, que le pidiese que se bajase del tren si tenía problemas y que le dijera de todo en mi idioma materno, fue que se dirigiera a dos niños pequeños, que los intimidara, que utilizase esa forma de expresar su indignación. Me oyó en el tren y cuando bajamos le pegué una voz con algo que la dejaba en evidencia delante de toda la parada. 

Insisto, no me siento orgullosa, no lo volvería a hacer, fue todo fruto de mi nivel de estrés.

Y finalizada otra semana, me siento satisfecha pero aún no he cumplido el objetivo principal de encontrar un trabajo. Espero tener noticias esperanzadoras la semana que viene, mi tiempo se acaba.






domingo, 8 de septiembre de 2013

Momentazos de la semana

Esta semana ha sido de aúpa, entre casa, niños, llamadas, facturas impagadas y demás pensé que no salía. Pero aquí estoy dando fe de que no sólo he sobrevivido a mi primera semana en pleno mogollón si no que la acabo con una sonrisa en la boca y con el orgullo de sentir que le he echado un par al asunto.

En el ranking de la semana tenemos varios momentos de esos que he venido a llamar momentazos y que me alegra darme cuenta cuando pienso en ello, de lo que he sido capaz. ¡Y esto es sólo el comienzo!

Uno de esos momentazos fue cuando al llamar a la compañía de teléfono móvil éstos me dicen que qué factura quiero pagar si mi marido ha cancelado el contrato. Mi cara era un poema porque hacía dos semanas que me había dicho que iba a pagar la factura en breve y resulta que hacía un mes que había cancelado el contrato.

Seguimos, llamada a la empresa suministradora de electricidad. Hola, quería informarme sobre la situación de pago del suministro. Si, claro, le informamos que en tres semanas procederemos al corte del suministro. No tengo palabras para describirlo. Con dos niños en casa, me imaginaba encendiendo velas y representando una obra teatral casera de Pocoyo en aras de ofrecer a mis hijos la cantidad diaria recomendada de su estimado Pocoyo. Resulta que mi marido había enviado un escrito informando de que solicitaba la cancelación del contrato, nuevamente. No, no ha perdido el tiempo este verano, desde luego que no. Entre novia y bajas de suministros no le debe haber quedado tiempo para tomar el sol al muy gañán.

La natación del mayor. No es que lo anterior no tenga que ver con los niños directamente, es decir, tener línea de teléfono para poder hacer una llamada en caso de necesidad y sí, estoy pensando en la anécdota del poni, pues no me parece que no afecte a sus hijos porque podría estar exponiéndolos a un riesgo. Lo de la luz ya cae por si solo, pero que no pague la natación de su hijo y que la mujerina de la natación, al parecer, se haya pasado el verano llamándole y mandándole cartas avisando del impago, no tiene nombre. Nada, la llamé, le pedí disculpas, le pagué y no me quedó más remedio que explicarle que yo soy una de esas mujeres que le ha tocado pegar con un marido que se ha ido con otra y se comporta como un descerebrado y un irresponsable, lo entendió a la primera.

Momentazo fue ese también en el que me manda un mensaje a las seis de la tarde diciendo que va a venir a las ocho de la tarde a ver a los niños y a recoger su correo. Así, tal cual, ni si te va bien, ni si a los niños les irá bien, nada. A los niños he cogido la costumbre de acostarlos precisamente a las ocho, caiga quien caiga, es la hora de dormir y aunque los primeros días el mayor se hacía el remolón, ahora ya lo hace a la primera y sin problemas. Es obvio que, por un lado, no iba a dejar caer mis logros por su capricho de ver a los niños cuando les diese la gana y eso sin tener en cuenta que no son horas para venir a visitar a tus hijos. Y luego está el hecho de que yo en mi casa no le quiero. ¿Estamos a caso en situación de hacernos visitas?. Lo que debería hacer ni lo menciono porque lo ve un ciego pero es obvio que un idiota obnubilado con su nueva novia, no.

Y por último, momentazo aquél en el que en un momento de bullicio en el tranvía y después de subirme a un vagón lleno de punkis cantando y gritando cerveza en mano, se me escabulle el mayor y pierdo contacto visual. Después de cinco angustiosos segundo gritando su nombre y apartando gente con el pequeño en el carrito, intentando hacer callar a la marabunta sin resultado alguno, saco a la madre leona que llevo dentro, lanzo un rujido que se calla hasta el conductor. "Ejem, pueden por favor decirme si ven a un niño pequeño. Gracias" y apareció mi ricitos de oro de entre los punkis asombrados de ver a una señorita con semejante vozarrón. Tardaron tres segundos en volverse a poner a cantar pero ver sus miradas de asombro e incredulidad fueron un subidón de adrenalina.

Y con el subidón de adrenalina doy por concluidos los momentazos de la semana :)

sábado, 31 de agosto de 2013

Nos volvemos a Alemania

Después de algunos meses en España debíamos volver a Alemania, sí, digo debíamos porque el padre me daba de plazo hasta el 31 de agosto para traer a sus hijos de vuelta. Tan absurdo como innecesario, pero bueno, eso mismo pienso yo ahora de él, que es absurdo e innecesario.

Mi hijo mayor que llevaba ya unos días con la mira puesta en su viaje en avión, era incapaz de dormirse la noche antes de la emoción. Sí, muy dulce pero cuando tienes que levantarte de madrugada para ir a coger un avión y enfrentarte sola a situaciones complicadas, se te ponen los pelos de punta cuando pasan las horas y no estás durmiendo.

El viaje, como le comentaba a un amigo que me preguntó, todo lo emocionante que se puede esperar cuando viajas sola con un bebé y un niño pequeño, o como me suelen decir en el mostrador de facturación, ¿Viaja usted con un Child y un Infant, correcto?. A lo que respondo, viajo con dos terremotos pero sí, llamémosles formalmente Child e Infant.

Sobrepeso

Esta palabra no suele significar nada bueno y si ya lleva una mal su propio sobrepeso imagínate cuando la que te lo dice es la DIOSA que está detrás del mostrador de facturación con cara de "oh, oh, alguien tiene un problema". El sobrepeso tampoco era para tanto pero reubiqué los tres kilos que sobraban y los coloqué en la maletita que mantenía oculta detrás del mostrador para que no me sentenciara a muerte al ver todo con lo que pretendíamos subir al avión, equipaje de mano JE JE JE. Todo finalizaba con relativo éxito, cuando de repente la moza de facturación le pregunta a mi hijo si esa maleta que está llena de pegatinas de Bob Esponja (no preguntéis) es suya, a lo que él responde, NO, la mía es ESTA y saca a la luz la maletita de equipaje de mano.

En ese momento casi prefería volver a casa y esperar a que la Polizei viniera, me pusiera los grilletes y me llevaran ante el juez por no haber sido capaz de llevar a los niños a Alemania en la fecha acordada. Teniendo en cuenta lo anterior, esperaba que tuviese piedad, ¿quién no teme al personal de facturación?. Estoy segura que el juez hubiera empatizado conmigo nada más decírselo mientras me hubiera explicado algunas de sus experiencias... Seguro.

Control de seguridad

Control de seguridad o cómo ponerte patas arriba todos los trastos que llevas a cuestas para luego tener que volverlos a organizar de nuevo. Eso si no te toca desvestirte, quitarte los zapatos y correr detrás del niño sin zapatos o cosas por el estilo. Fue todo bien, excepto por los cinco kilos de piedrecitas de playa (ejem) que hemos ido recolectando de todas las playas a las que hemos ido y que decidí poner en el equipaje de mano para no tener problemas en el mostrador de facturación con el sobrepeso (ingenua). Bueno, se apiadaron de mí al verme sola y cargada como una mula con maletas, niño en brazos y niño como loco corriendo. Por favor, no olvidéis que si cogéis un par de piedrecitas no pasa nada, pero si llevas cinco kilos de piedrecitas, no se lo toman a bien, no, definitivamente no.

Embarque

Es este momento en el que rezo todo lo que sé, pido a Dios que por favor no me toque algún alemán falto de humor por los alrededores de mis asientos y que la señora o señor que esté sentado delante de mi hijo mayor, se apiade de mi alma. Pues será que no soy creyente y Dios me castiga por molestarle sólo cuando me interesa, que me tocó un alemán corpulento con cara de pocos amigos delante del asiento del mayor, unos pasajeros faltos de sueño a mi alrededor que querían aprovechar el vuelo para dormir  pero un mozo de buen ver a mi lado y bueno, aunque sólo fuera por girar la mirada y llevarme una alegría, ya hubiera merecido la pena. Es igual porque el encanto y mi autoestima se fueron al garete cuando mi hijo pequeño, que viajaba sentado en mis piernas, se me meó encima y el muchacho aceptó la oferta de la amable azafata para que le ubicase en un lugar más tranquilo. Todo el viaje con el pantalón como si la que se hubiese meado hubiera sido yo aunque mi hijo sequito, que llevo muda de cambio. Tres mudas de hecho, la pena es no haber puesto una para mí (verdammt!).

La llegada fue buena, pude transportar todo el equipaje hasta la zona de espera y allí me recogió una amiga que nos llevó a casa. Una vez allí, empecé a deshacer equipaje mientras los niños se reencontraban con sus juguetes después de unos meses.

En el capítulo de hoy hemos aprendido que con el sobrepeso no se juega, que las piedras, en el mar, que es su sitio y que si tu hijo está dejando el pañal "ni te cases NI TE EMBARQUES", o lleva una muda de cambio, si es que tienes narices a sumarla a todos los trastos que llevas. 



martes, 20 de agosto de 2013

Día 7

Hoy es el cumpleaños del mayor y aunque le pedí en su momento al padre que quería celebrar su fiesta por la tarde, también estaba dispuesta a compartir este día tan bonito para nuestras vidas y que se los llevase por la mañana. Sorprendentemente me dijo que no, que lo celebraría llevándoselo todo el día al día siguiente.

Hemos pasado un día como los anteriores a la llegada del padre. Lo especial del día ha sido prepararle su desayuno preferido, darle un par de modestos regalitos que le había preparado, ir a ver a la abuela al trabajo para que le diese el dinero para ir a comprar un reloj. Cosa que ha tratado todo él mismo con la dependienta, en el único momento que he intervenido es cuando mi hijo elegía un reloj rosa y la dependienta le decía que esos eran de niña. Le he dicho a la dependienta que deje que sea él el que elija libremente y con la maravilla de vivir sin prejuicios, qué color le gusta más. Hemos visitado a los tíos y hemos dado un entretenido paseo por el pueblo. Después hemos vuelto a casa, mi hijo iba pletórico y aunque en algunos momentos la emoción le hacía cometer excesos que yo debía ir haciéndole saber, todo ha transcurrido con normalidad. Hemos preparado una bonita fiesta en la que he contado con la compañía de buenos amigos que me han ayudado mucho y también con amiguitos del cole a los que seguro echará de menos a nuestra vuelta a Alemania. 

Hemos disfrutado todos mucho de todos. Estoy contenta de haber podido conseguir ofrecerle una fiesta a su altura y que nada de todo lo que estamos viviendo ahora, haya podido enturbiar nuestro día. 

¡Felicidades mi vida!

domingo, 4 de agosto de 2013

"Es sólo una amiga"

Voy a intentar remontarme a los orígenes de lo que desembocó en mi separación para poder explicar uno de los motivos de toda esta historia.


En junio de 2012 y después de una dura e interminable mudanza a una casa que por fin nos llenaba, -en la que tendríamos espacio para todo y para todos, que cumplía nuestras expectativas y más concretamente, las mías-, mi marido se iba por una actividad organizada por la empresa con otros compañeros. Lo había hecho dos años antes y no había habido ningún problema. Cómo él se iba y para no quedarme sola en casa con los niños, decidí irme a España a que nos diera un poco la brisa marina y volver todos recuperados a nuestra rutina después de esos días de relajación.

Al volver me encontré una realidad algo amarga, me encontré con su indiferencia y su falta de atención. Antes disfrutaba de volver pronto a casa y disfrutar su tiempo con nosotros y ahora tenía otras cosas en la cabeza, como ir a tomar cervezas con sus amigos, o la fiesta de verano de la empresa en la que se presentó a las 6am sin ni si quiera avisarlo, ya me pondré un día con más detalle. La cuestión es que se distanció y para llamar su atención, yo le presionaba y le decía cosas cómo que debía centrarse y entender que estábamos hasta arriba con dos niños tan pequeños y que dentro de unos años ya habría tiempo de fiestas y salir hasta las tantas, que ahora la situación nos exigía todos los sentidos.

La presión lejos de surtir algún efecto le alejaba cada vez más de mí y le llevaba a la necesidad de irse por ahí a desestresarse, como decía él. 

La cuestión es que un día mientras cocinaba y hablaba con él, me giré y me di cuenta de que estaba con su móvil, sin prestarme ninguna atención y además sonriendo. Le pregunté con quién hablaba y me dijo el nombre de un chico. Yo no le presté mayor atención y seguí hablando pero en un momento que me acerqué a la nevera vi su móvil y vi la foto de una mujer con la que estaba hablando por Whatsapp. Se lo dije y me dijo que no me lo había dicho para que no me enfadara. ¡Vil excusa! 

Este argumento, el de que no me lo decía para que no me enfadara lo ha utilizado hasta la saciedad y no entiendo como se puede ser tan idiota como para no pararse a pensar, -vamos a ver, si lo que estoy haciendo molesta a la persona que tengo a mi lado ¿no será porque tal vez está mal?-. Como mínimo cuestionarse a uno mismo ante esta situación recurrente. La cuestión es que efectivamente este mismo hecho se repitió muy a menudo. A través de esta chica que lo publicaba todo en facebook pude ir viendo todo lo que mi príncipe azul iba haciendo a escondidas. Nada realmente relevante pero lo molesto es que lo hiciese a mis espaldas.

La cuestión es que cuando se lo dije su respuesta fue negarlo y su amiga me bloqueó en Facebook para que no pudiese seguir viendo lo que hacían. Cuando le comenté este otro hecho a mi marido su respuesta fue que como cuando veía esas cosas me enfadaba pues se les había ocurrido que no lo viese. En serio, lo más insultante son las formas al margen de los hechos. ¡Qué pueril!

Poco a poco la cosa fue siendo más descarada y una amiga se los encontró en alguna ocasión. La cosa era obvia pero siempre que le pedía sinceridad para acabar con esta historia y no hacernos más daño la respuesta siempre era la misma "es sólo una amiga".

A esa amiga se la trajo también a nuestro apartamento a España cuando la separación ya era un hecho con el agravante de que dejaron la casa llena de pelos y suciedad y después, mi madre, que prepara la casa para el alquiler vacacional, tuvo que limpiarla por lo que doble humillación, por un lado que venga a mi casa sin mi permiso con su amiga y por otro lado que sea mi madre la que tenga que limpiar la suciedad que ellos dos han dejado. 

Es el día de hoy en que sigue hablando de ella como una amiga aunque en ocasiones haya dormido en su casa y vayan a todas partes juntos o al menos esa fue mi percepción mientras me interesó saber qué hacían. 

Otras ideas brillantes de mi marido han desembocado en problemas realmente graves como llevársela a las visitas con los niños y que mi hijo mayor empiece a tener alteraciones en su comportamiento como para que en la guardería me transmitiesen su preocupación. Esto si que me causó impacto, pero en otro momento y con calma rindo cuentas de ello, que la historia aún no ha terminado.

A veces me he preguntado como una persona que ya se ha separado y que tiene un hijo no encuentra ciertos límites cuando se trata de abordar a una familia. Yo a ella no la acuso de nada, es mi marido y al margen de ella, mi marido es el que me debía explicaciones y sobre todo respeto.

Respeto, respeto, respeto...


miércoles, 31 de julio de 2013

No puedo evitarlo

No puedo evitar sentir frustración cuando veo en qué ha quedado mi sueño de envejecer junto a mi príncipe azul, ése con el que proyecté mis sueños y con el que aún me quedaban tantos por llevar a cabo.

No puedo evitar sentir que he hecho algo mal cuando veo tantas y tantas familias felices que están juntas e insisto, felices.

No puedo evitar sentirme mal cuando mis hijos, haciendo uso de su derecho a ser niños, hacen gamberradas y yo les grito o les digo tonterías.

No puedo evitar llorar cuando buscando por algún cajón de la casa me topo con una de esas felicitaciones navideñas tan bonitas que veníamos haciendo cada año en los que salíamos los cuatro sonrientes y felices, porque lo éramos. 

No puedo evitar venirme abajo cuando me tiemblan las piernas pensando en la que me espera al volver a casa.

Y no puedo evitar sentirme impotente cuando veo dudas razonables de no ser capaz de sacar a mis hijos adelante yo sola.

No puedo evitarlo... 

viernes, 12 de julio de 2013

Historia de un idiota (otro)

Hace un par de meses estaba yo saltando de felicidad porque había conseguido meterme en mis vaqueros pre-embarazos y sentía que me iba a comer el mundo cuando de repente...


Tocan el timbre, era el transportista que había venido los tres últimos días a traer paquetes, principalmente para vecinos que no se encontraban en ese momento. Me parecía mono y poseída por esa sensación de comerme el mundo le dije que me iba a tener que compensar por estar haciendo parte de su trabajo, me dijo que qué quería a cambio y le dije que yo qué sabía, que al menos se le podía ocurrir a él, o algo por el estilo. Me dijo que le diese mi número de teléfono y pensaría algo. Así lo hice. 

Empezamos a hablar por WhatsApp y la cosa no empezó mal pero fue decayendo por momentos. Me dijo que a ver si quedábamos, hasta aquí bien y le dije que fuésemos a cenar algún día o a tomar algo y me pregunta si busco una relación seria, ¡Yo qué sé! le digo. ¿Es normal que después de pocas frases después de haber conocido a alguien, cuando ni si quiera sabes si vas a pasar a algo más que a tomar un café, te pregunten esto? Me responde que él sólo quiere sexo ¡Toma del frasco, carrasco! Pues es que el tema era obvio, pero el haberme pasado diez años fuera del mercado trae consigo la falta de práctica.

En fin, le digo que muy bien que yo no estaba buscando hombre casadero precisamente pero que si eso iba a pasar o no, ni lo sabía ni me lo quería plantear ahora mismo y que antes de pensar en nada más, si quería, nos tomábamos algo o no, y lo dejábamos estar porque no estábamos en la misma línea de acción.

Me dice que no, que no y que hablamos y lo que sea, que se siente muy atraído por mí y que quiere conocerme y que luego ya veremos y si no, amigos, me dice el muy sin vergüenza! ;)

La cuestión es que vuelve a la historia de que bueno que él quiere sexo y empieza a preguntar impertinencias y cosas íntimas. Pese a las ganas de relacionarme con alguien y tomarme una copa y reírme, llego a la conclusión de que no va a ser con éste y con buenas palabras le digo que Ciao bello!

Me dice que le disculpe y que le dé una oportunidad, a mí esto ya no me sonaba muy bien pero lo dicho, tenía ganas de no ser sólo madre a jornada completa, quería salir y tontear un poco con alguien. Le digo que venga, que vale, que quedemos pero que tenga claras mis aspiraciones y que paso de nada más que no sea charlar y pasar un buen rato. Esto no se debe tener que decir y si lo tienes que decir es porque es un idiota y no hay que prestarle más atención, pero de eso soy consciente ahora.

Quedamos y como era de esperar, lo único que le interesaba era tener sexo  y además, así en plan vamos ya a la cama. Yo alucino y pienso, más claro no le puedo haber hablado, qué coj... le pasa a este tío que no lo entiende. Y sin dejar que pase nada de nada, le digo que adiós y que ya hablaremos. 

Al rato me escribe y me dice que qué pasa ahora y le respondo NADA y le explico un poco el tema pero da igual porque no lo ha entendido y hace poco, estando ya en España, me escribió para decirme si cuando volviese íbamos a tener sexo (es que parece una broma) y le dije claramente que la regla de oro de la casa era no irse a la cama con idiotas. Tengo la sospecha, por sus mensajes posteriores, que a día de hoy sigue sin entenderlo pero una vez explicado el tema y bloqueado en Whatsapp, doy el tema por zanjado. 

Después de esta experiencia he sacado algo positivo y es que me he dado cuenta de que con el idiota de mi marido ya tengo suficiente y que por mínima que sea la posibilidad de que el tipo que tenga delante sea otro idiota, no merece la pena ni molestarse. Bastantes hombres habrá que aunque también acaben comportándose como unos idiotas, al menos al principio te seduzcan y merezca la pena que inviertas algo de tiempo y si no, me voy a tomar la copa sola, me voy al cine sola o me paseo sola, que mejor que yo, no me entiende nadie.

miércoles, 10 de julio de 2013

La vida vuelve a empezar

Cuando una ya creía que tenía su vida encaminada, cuando ya crees que tu futuro está más o menos escrito: has encontrado a tu príncipe azul, te has casado, estás creando tu familia, cuando has hablado  millones de veces del futuro próximo, del lejano, de envejecer juntos... Y lo que es peor, te lo has creído como una ingenua, comenzar de cero se vuelve más complicado.


Por lo pronto, cuando empieza a haber problemas y no entiendes que está pasando, sales a defenderte como puedes y a intentar hacer reaccionar a tu pareja con todas las armas que tienes a tu alcance. El problema en mi caso fue que mi príncipe azul ya había tomado una decisión. Entiendo que vivió en silencio, reprimido, la fase de duda y cuando tomó una decisión es cuando yo empecé a percibirlo y a intentar poner soluciones pero aunque yo no lo sabía, ya era tarde.



Cuando ves que nada de lo que puedas hacer va a surtir el efecto deseado, empiezas a aceptar que tu cuento de príncipes y princesas ya se ha terminado, que pasas al mercado de segunda mano y esto para mí fue especialmente duro. Vengo de una familia desestructurada que con los años ha tomado cierta estabilidad pero siempre pensé que costase lo que me costase yo elegiría al bueno, a uno que me respetase, me quisiese, que fuese un compañero, un apoyo y que sería la persona con la que construir mi proyecto definitivo. Pensar en ser una madre separada me aterraba, lo pensé fugazmente, no es que reflexionase mucho sobre ello pero cada vez que alguien me decía que se había separado se me ponía el vello de punta. Imagínate cuando te toca a ti.



Superas esta fase de soy un desecho social, porque entiendes la vida como fases lineales que se suceden las unas a las otras entrelazándose, y decides que pese a todo, que pese a ser una mujer separada eres una mujer y ya es hora de recuperarse a una misma. Empiezas la fase de recuperación, de intentar recuperar ese físico de antaño y a recuperar todas esas cosas que un día tuviste y fuiste apartando con el paso del tiempo. Esta fase te proporciona una falsa euforia, crees que ya está que tu camino hacia la recuperación ha llegado en tanto ya te estás centrando en ti pero luego empiezas a darte cuenta que este camino que estás siguiendo es como una montaña rusa.



Cuando te estás empezando a recuperar a ti misma y abres los ojos al exterior, te das cuenta de que hay un mar de posibilidades. Conocer gente, conocer a otras personas y de repente, se apodera de ti esa necesidad de estar con otros hombres. A mi me sucedió de una forma curiosa, me venía esa idea de tontear con otros hombres de una manera recurrente pero yo me pasé dos semanas sin prestarle atención y reprimiendo ese pensamiento. Después de unas semanas lo hablé con varias amigas, temía sus reacciones, tal vez temía que me juzgaran, que pensaran ¿Qué clase de persona que se acaba de separar involuntariamente está pensando tan precipitadamente en otros hombres?. Al contrario de todo esto y pese a la sorpresa, mis amigas me animaron a vivir, a entender mis necesidades en ese momento y bueno, a ser prudente también con todo este maremágnum de sensaciones.



Reconozco que me sentí liberada.



No pasaron muchos días hasta que conocí a un idiota que me devolvió a la senda. No pasó absolutamente nada relevante pero ya os contaré, yo me he reído mucho con esta historia.



Vuelta a la senda empiezas a pensar que el mundo está lleno de personas, de todo tipo, y piensas ¿Si he estado diez años casada con un idiota y no me he dado cuenta, cuántos idiotas más podré encontrarme?. Forma parte del proceso. Llegada a esta conclusión y superada esta primera fase de euforia creo que ahora me siento más tranquila, instalando mis prioridades de nuevo, queriéndome a mi y a mis hijos por encima de todo, disfrutando de todo lo bueno que me ha dado la vida, que es mucho y muy bonito y relegando a la nada esas cosas feas que aunque también forman parte de la vida, cuesta aceptar.



Y en este momento es cuando mi percepción lineal se va a la porra y después de todo lo vivido, sientes que la vida vuelve a empezar.