miércoles, 31 de julio de 2013

No puedo evitarlo

No puedo evitar sentir frustración cuando veo en qué ha quedado mi sueño de envejecer junto a mi príncipe azul, ése con el que proyecté mis sueños y con el que aún me quedaban tantos por llevar a cabo.

No puedo evitar sentir que he hecho algo mal cuando veo tantas y tantas familias felices que están juntas e insisto, felices.

No puedo evitar sentirme mal cuando mis hijos, haciendo uso de su derecho a ser niños, hacen gamberradas y yo les grito o les digo tonterías.

No puedo evitar llorar cuando buscando por algún cajón de la casa me topo con una de esas felicitaciones navideñas tan bonitas que veníamos haciendo cada año en los que salíamos los cuatro sonrientes y felices, porque lo éramos. 

No puedo evitar venirme abajo cuando me tiemblan las piernas pensando en la que me espera al volver a casa.

Y no puedo evitar sentirme impotente cuando veo dudas razonables de no ser capaz de sacar a mis hijos adelante yo sola.

No puedo evitarlo... 

lunes, 29 de julio de 2013

Aniversario de boda

Hoy hubiera sido nuestro séptimo aniversario de boda y sabes qué, lo que más triste me pone es haber fracasado en mi intento de crear una familia feliz

Supongo que tengo mucho que agradecerte pero todavía no soy capaz de encontrar el equilibrio que me lleve a ese punto. Sin embargo si que me veo con fuerzas de decirte gracias por nuestros dos hijos y aunque podrás dejarme sin un chavo, podrás quitarme el coche, podrás quitarme en algunos momentos hasta las ganas de vivir pero nuestros hijos son mi mayor tesoro y eso nunca me lo podrás quitar. Ellos son los que me dan fuerzas todos los días para superar todo este despropósito o también llamado, separación.

Me has dado años maravillosos, me sentía feliz, FELIZ, eras mi príncipe azul y me tratabas como una princesa. Superabas mis expectativas llevando a cabo todos mis sueños, es por eso y por muchas otras cosas, que ahora con todo esto que he vivido me siento engañada, he sentido que estos diez años no han merecido la pena para acabar así, odiándonos y despreciándonos, dañándonos el uno al otro. Me entristece mucho. 

Pero como digo últimamente a quien me pregunta, la persona que conocí, con el que me casé y decidí tener hijos, esa persona, murió y en su lugar se ha instalado un idiota del que me desharé tarde o temprano.

Feliz aniversario...

sábado, 27 de julio de 2013

A perro flaco todo son pulgas

A pesar de ser consciente que mi penosa vida social se va a ver aún más perjudicada debo reconocerlo, tenemos piojos. Si, es un hecho.

El mayor llevaba todo el día de ayer rascándose la cabeza y algo me olía mal, y por si mi estado de ansiedad y estrés no estuviese ya suficientemente perjudicado, hoy me ha empezado a picar a mí.

Hemos ido a la farmacia y por el módico precio de 36,94€ hemos salido de allí con lociones anti piojos, champús anti piojos y "liendrera", un cepillito con púas de acero muy juntas que sirve para extraer los cuerpos de los parásitos una vez idiotizados por el champú y la loción. Idiota he acabado yo intentando quitarle los piojos al mayor y hacer todo lo que hago normalmente. 

Por un momento pensé que arderíamos como en Troya. La cena en el fuego, el pequeño en la bañera, el mayor en la fase dos del despiojamiento con la loción puesta y yo cepillito en mano quitándole todos los parásitos. Mientras a mi parecía que me iban a comer del picor que tenía, pero todo a su debido tiempo, me decía a mí misma: Primero baña a los niños, champú, loción, purga con el cepillito, los sientas a cenar y mientras ven Bob Esponja y comen patatas, tú te duchas y te despiojas. 

Tengo que dejar de idear planes perfectos

Se me han quemado las patatas, al pequeño el champú antiparasitario le ha entrado en los ojos y se ha puesto a los gritos mientras el mayor aprovechaba el despiste para largarse. En un momento he puesto orden, he aclarado al pequeño, pañal y lo he inmovilizado en su silla de la mesa, he localizado al mayor y lo he paralizado frente a Bob Esponja mientras acababa de quitarle los piojos, liendres y todo lo que no fuera pelo de esa cabecita. Mientras se acaban de hacer la segunda tanda de patatas, las he sacado, chorro de tomate frito al canto -para garantizar el éxito de la operación- y me he largado a la ducha. En cinco minutos estaba limpita y despiojada, lista para servir el yogur a mis exigentes comensales.

En la fase del yogur he pasado a hacer todas esas tareas que poco a poco mis padres me han ido encargando. Darle de comer a los perros, los pequeños y los grandes, las gallinas, poner lavadoras, encender el alumbrado cuando oscurece y finalmente limpiar la cocina. Cuando acabo -niños a la cama- suele pasarme como cuando llama su padre, una pesadilla, pero me los camelo con un cuento, leche, musiquita y en una media hora (a veces más) están durmiendo. 

Y una vez que he acabado tengo la sensación de que me ha caído un rayo encima y sólo alcanzo a buscar lugar donde dejarme caer y ya.

viernes, 26 de julio de 2013

Pesadilla en Skype Street

Llevo ya casi dos meses en España y mis hijos hablan prácticamente a diario con su padre, lo cual para mí supone un suplicio, no por el hecho en si, si no por todo lo que trae consigo.

Al principio, cuando llegamos a España, el mayor le preguntaba cuando venía y cuando lo iban a ver y el padre que parece ser, tenía pensado venir en junio, les decía que en un par de semanas se verían. Pasaron las semanas y el padre finalmente no vino y eso resultó ser una decepción para el mayor. Normal. 

Después de lo sucedido y supongo que también debido a la falta de roce, a los niños ya nos les apetece hablar con su padre. El mayor directamente se niega, hay días en los que lo expresa más claramente que otros pero básicamente no quiere hablar con él. El pequeño que vivió enamorado de su padre desde que nació y para el que fue un shock no verlo con la frecuencia que le gustaría en todo este proceso de separación, ha decidido recientemente apuntarse a la moda de su hermano y negarse a hablar con él. Tiene a penas veintiún meses pero si algo he aprendido yo con todo esto es que los niños perciben mucho, muuuuucho más de lo que nos pensamos. Por contra también aceptan muchos de los cambios que una separación supone con mayor naturalidad de la que nos esperamos los adultos.

Suelen hablar por Skype ya que las llamadas a mi móvil alemán fuera del territorio alemán me cuestan un ojo de la cara aunque al principio lo asumía como parte de la situación entendiendo que ya que esas llamadas redundan en beneficio del padre, éste se haría cargo de esas facturas. Qué ingenua. A principios de julio me llegó un mensaje que decía que me cortaban la línea móvil por impago y tuve que hacerle ver al lince del padre que o pagaba la factura o lamentablemente no sería posible continuar con el contacto telefónico con sus hijos. Qué bochornoso tener que recurrir a este tipo de ultimátums porque parece que su sentido común no llega a tanto.

Aunque pagó la factura decidí no hipotecarme el futuro a la espera de que él se hiciera cargo o no de las facturas de móvil. Ni hablar. Le dije que hablaríamos por Skype siempre y cuando yo tuviera cobertura wifi en mi teléfono o si no en el ordenador en casa de mis padres. Así lo hemos venido haciendo este último mes.

Cada vez que recibo un mensaje en el que me pregunta si puede hablar con los niños se me cae el alma a los pies porque sé que me toca media hora desesperante. Es una pesadilla.

Consecución de los hechos de forma resumida:

1.- Llega mensaje del padre.
2.- Niños, papá va a llamar. 
3.- El mayor grita que no y el pequeño se escabulle.
4.- Ignoro sus reacciones porque es algo por lo que hay que pasar, queramos o no -hijos, asumámoslo-. Pongo en marcha el programa y espero la llamada. Mientras, los voy animando a que se acerquen a decirle algo a su padre.
5.- Mi hijo mayor me explica que quiere jugar, que se lo está pasando muy bien y que NO QUIERE hablar con su padre.
6.- Su padre llama, descuelgo, nos vemos las caras (qué suplicio), no nos decimos nada y llamo a los niños, les urjo a que vengan que papá les espera. 
7.- Mi hijo mayor ignora mis llamadas y el pequeño ya está a punto de atravesar la frontera con una identidad falsa.
8.- Yo me pregunto por qué tengo que asumir ese rol cuando yo soy la primera que entiendo porqué los niños no quieren hablar con su padre aunque siguiendo las recomendaciones de mi abogado y pisoteando mis principios y mi autoestima continúo, ya con un tono más serio pidiéndoles a los niños que se acerquen al ordenador.
9.- Llamo a la interpol y consigo dar con el pequeño, le pongo los grilletes y lo poso delante del ordenador, su padre le dice cuatro tonterías, él parece que reacciona a alguna y después de como mucho unos minutos se ha largado y me vuelvo a quedar sola con el padre. ¡Yupi!
10.- Le digo al mayor que si no quiere hablar con papá que no pasa nada pero que al menos venga a decirle hola, le explique que está jugando y que después podrá seguir con lo que está haciendo. Después de repetirlo varias veces lo hace pero se niega a hablar en alemán con su padre y hace tonterías que me ponen nerviosa.
11.- El mayor continúa con su teatrillo, ese que si pudiésemos traducir en nuestro idioma de adultos diría algo así como "papá no me gusta nada de todo esto, no quiero hablar contigo porque has hecho cosas que aunque no consigo entender muy bien, no me gustan y además gritas y hablas mal a mi mamá cuando te enfadas y que sepas que cuando me despierto por las noches quien está a mi lado es mi mamá y cuando mi hermano me engancha del pelo es mi mamá quien corre a rescatarme y cada vez que me caigo es mi mamá quien viene corriendo y me canta "sana, sana". Papá, es que hace tanto tiempo que no acumulo un recuerdo agradable contigo que no me apetece decirte nada como si nada de lo anterior fuese importante"
12.- Decido que ya basta y vuelvo a intentar acercar los niños al ordenador para que se despidan y podamos acabar con toda esta pantomima, volvamos al punto número 7. 
13.-Finalmente se despiden y colgamos.

Así todos los días. Días mejores y días peores pero básicamente nos pasamos media hora de esta guisa. Insisto, ¡qué pesadilla!



miércoles, 24 de julio de 2013

Aventura con mis Kinder

Tengo dos hijos, uno de casi cuatro años y otro de casi dos. Cuando empezó toda esta pesadilla que está resultando ser mi separación el pequeño a penas tenía 8 meses y vivía día y noche enganchado a mi teta y el mayor pues iba a cumplir tres años en breve.

Ahora mismo las cosas son mucho más fáciles con los niños que entonces, el pequeño camina, juega con el mayor y pese a lo sucedido, algo ha mejorado en todo este tiempo.

La aventura de ayer fue una de esas que piensas, alguien merece escucharla y aunque para conocer de toda historia imprescindible con los pequeños de la casa ya tenemos a la estupenda Fátima Casaseca y su blog de Una mamá en Alemania o a la maravillosa Eva Quevedo con su también Blog de Madre, voy a intentar explicar lo que me pasó sin aspiración alguna a llegar a la Champions League en la que se mueven estas supermamás :)

Habíamos pasado la tarde en la playa en buena compañía y sin mayor novedad pero a la hora de volvernos es cuando se me complicó todo. ¡Vamos niños, nos vamos a casa! y el mayor ya empezó que no y que ¿por queeeeeeeeé? Después de dieciocho explicaciones diferentes, prometerle ir a visitar a la abuela, helados, arroz con tomate y qué sé yo cuantas cosas más, consigo sacarlos del agua pero no sin antes rebozarse como pequeñas croquetas por la arena. Bueno, da igual pienso, al llegar a casa, directos a la bañera, a cenar y a dormir.

8pm Llegamos a casa y como aparco en un cercado que pertenece a mis padres le digo al mayor que esperen un momento en el coche que bajo los trastos a casa y voy llenando la bañera y que en un minutín vuelvo. Llego a la ducha, pongo a llenar la bañera pero me digo a mí misma, me pego una ducha rapidísima que estoy llena de arena y total son unos segundos de nada. Lo hago todo y cuando salgo, ¿qué me encuentro? ¡¡¡DOS CROQUETAS DE ARENA DORMIDAS EN EL COCHE!!! ¡¡AAAAAAAAAHHHHH!!

Ideo un plan que consiste en prepararlo todo para el trasbordo. Tengo que cerrar cortinas opacas, dejar camas listas, preparar la leche y chupete para el pequeño. Debo dejarlo todo a punto ya que al mayor puedo mirar de quitarle la arena con una toalla sin alterar su plácido sueño pero al pequeño no me queda otra que meterme en la ducha con él con la esperanza de que después de la ducha tibia, una cama cómoda y fresquita y un bibi de leche, se quede frito. Empezaré primero por el pequeño que va a ser más complicado y luego bajaré al mayor que le cuesta coger el sueño pero cuando lo coge no lo suelta, lo meto en la cama y todos durmiendo ¡Un plan perfecto!

Empiezo la operación según lo previsto, voy a por el pequeño aunque antes de haberlo cogido ya había dejado la ducha previamente encendida con agua tibia y me había desvestido yo para meterme con él también. Nos metemos en la ducha e intento quitarle toda la arena, no es fácil, el sudor ha ayudado a su fijación MIST! Sigo frotando pero se pone a llorar VERDAMMT! Aborto ducha, paro, lo seco e inyecto chupete nuevamente. Se tranquiliza pero está despierto. Voy al cuarto, lo acuesto, me mira con cara de ¿estás de broma mamá?. Sigo con mi plan, le doy la leche y lo dejo ahí tranquilamente tomando la leche en la cuna. Muchas veces, si está cansado se toma la leche, le pongo el chupete en el momento oportuno y ¡ZAS! se duerme. No iba a ser el caso pero no me iba a rendir.

Lo dejo y mientras voy al coche le quito la arena al mayor y cuando vuelvo el pequeño se estaba acabando el biberón pero me miraba con cara de "después de esa ducha traicionera se va a dormir tu tía". -Esto pinta mal, mec...!- Acaba, le pongo el chupete y pensé esperar un poco a que se relajase y se durmiese y así no alterarlo y precipitar el fracaso del gran plan trayendo al mayor. Esperé diez minutos paseando por el jardín, comprobando que los grifos del jardín estuviesen cerrados, había uno abierto que había encharcado una proporción considerable de jardín pero da igual, -concentración querida-, con un poco de suerte se duermen hoy los dos pronto y podrás cenar sin que se te atragante la comida o poder ir al baño sin que te sigan como si te fueses a la guerra o, atención, tumbarte en el sofá con el portátil a escribir tonterías en el blog o mirar, SÓLO MIRAR, zapatos y trapitos en internet. Pensar esto me daba fuerzas para ejecutar el plan.

Al cabo de 20 minutos de haberlo dejado y de haber revisado todo el jardín, asomo el hocico y como si me estuviese esperando me volvió a mirar con cara de pocos amigos. ¡¡¡¡¡Noooooooooo, ¿¿¿¿por quéééééé???!!!!! Da igual, pienso, está tranquilo y si está noqueado en la cuna, ya me basta. 

Cojo al mayor lo llevo a la cama y lo dejo, protesta un poco, le doy agua, bebe y mientras lo hago noto en mi nuca la mirada penetrante del pequeño. La ignoro y cuando acaba el mayor lo tapo y salgo del cuarto. Salgo por la puerta errónea que da a la cochera y mientras intento dar la vuelta para acceder a la puerta principal recuerdo que la barrerita que hay que atravesar hasta llegar a la puerta principal hace un escándalo al abrirse y otro escándalo al cerrarse y da la casualidad que la dichosa barrerita pega debajo de la ventana del pequeño príncipe de la casa. NO-PUEDE-SER. ¿Solución? Saltar la verja. Estoy medio desnuda, sudando gracias a los 30ºC que hace todavía, pringada de toda la arena que le quité al pequeño pero salto la verja y cuando por fin estoy dentro, salgo a la terraza y me siento. Noto que me tiemblan las piernas pero da igual, me relajo mientras me fumo un piti imaginario y cierro los ojos.

Son las 9:20pm y después de casi hora y media de "plan perfecto" estoy catatónica. Ahora voy a ver si reúno fuerzas para hacer una de esas cosas que soñé hacer cuando se durmiesen...